La única mujer de la Brigada contra Incendios Forestales afirma que no le teme a nada

María Cristina Favero cuenta cómo canalizó la vocación de ayudar a los demás. Un sueño desde niña.

13 Dic 2017

Tiene las manos grandes, las muestra y dice que no se pinta las uñas, que ella no es delicada y que ya tiene callos de tanto usar la pala apagafuegos, el rastrillo y la motosierra. “Son grandes también para ayudar”, es la explicación que encontró. Y quizás es la más acertada, porque María Cristina Favero cuenta que desde pequeña hizo lo imposible para buscar soluciones a los problemas de los demás. Hoy es la única mujer brigadista de la provincia y sus días los pasa en la Brigada de Incendios Forestales, que depende de Defensa Civil provincial. Es un trabajo encarado usualmente por hombres, pero ella está ahí, confesando que no le teme a nada y que ama lo que hace. Se le caen unas lágrimas: “es que soy llorona nomás”.

- ¿Qué te dio este trabajo, como mujer?

- Descubrí algo que no sabía que tenía adentro. Me probé que soy fuerte, que tengo coraje y valentía. Pero lo encaro con mucho cuidado.

Detrás de un enorme portón, que tiene una redecilla plástica y un candado que de inmediato abre María Cristina, se encuentra la base de la Brigada, ubicada en el Predio Ferial, detrás de la ex terminal de ómnibus. El enorme galpón se ilumina: la luz de la mañana entra por unas ventanitas que están bien arriba de las paredes descascaradas. Hay varias estanterías con cascos amarillos, matafuegos, mangueras y lockers con uniformes, entre otras máquinas y herramientas que después la brigadista explicará -con mímica de por medio- para qué sirven. Hay una mesa con sillas, rodeada por fardos de agua mineral y colchones apilados y envueltos en plástico.

“Estas botellas de agua son las que llevamos a los incendios, para estar siempre hidratados. Son donaciones. También hay colchones que llevamos cuando tenemos que pasar la noche trabajando. Descansamos por turnos”, explica María Cristina, que llegó a trabajar allí luego de haber pasado por diferentes áreas gubernamentales relacionadas con la acción social. Primero en Tafí Viejo, donde nació hace 55 años, se las rebuscaba para pedirles a los empresarios que conocía de chica elementos para construir rampas para discapacitados (junto con una amiga construyó las primeras de esa ciudad). Después, cuando se quedó huérfana de padres, se mudó a San Miguel de Tucumán y sostiene que trabajó como voluntaria asistiendo a los chicos de la calle.

En 2007 presentó su currículum en Defensa Civil, durante unas graves inundaciones. “Quería colaborar. Dejé la carpeta, me senté al frente de Casa de Gobierno para esperar si me aceptaban. Estuve tres o cuatro horas. Me llamaron y mi primera tarea fue representar a Defensa Civil en Canal 10 recibiendo las donaciones”, recuerda.

Desde la primera llamada

Muchos años de voluntaria y fueron llegando las capacitaciones de todo tipo, hasta que le ofrecieron integrar la brigada que se creó formalmente hace dos años.

La época de incendios ya terminó; es hasta agosto aproximadamente y suceden -en su mayoría- a causa de la quema de caña. El equipo que comanda Francisco Alanis (jefe de operaciones de Defensa Civil) también interviene en eventos de grandes magnitudes, jornadas deportivas de riesgo y hasta en inundaciones. Las denuncias sobre algún incendio llegan por el número de emergencias 103. Luego se avisa por radio a las diferentes áreas que pueden intervenir, como bomberos de los lugares afectados y a la Brigada. “Acá tengo cinco compañeros (Jesús, Fernando, Emiliano, Gabriel y Luciano) que me cuidan y yo los cuido, pero somos siete con Cristo que nos acompaña”, confiesa María Cristina.

- Entonces, sos religiosa...

- Sí, cada vez que salimos lo invito. Le digo, ¿vamos Jesús? Subí.

- ¿Le tenés miedo a algo?

- No, a nada. En mi trabajo se ve de todo. Cuando se quema el cañaveral salen miles de ratitas de todas partes. Caminamos a oscuras, pisamos víboras y hasta de un manotazo les saco los alacranes de las espaldas a mis compañeros.

- ¿Cómo se encara el fuego?

- Para ingresar a un área con fuego tenés que fijarte en todo: de dónde viene el viento, como está el piso, si hay una barranca o un canal, si hay árboles, si hay troncos. Primero se estudia la zona antes de meterse. Si hay casas, hay que evacuarlas antes de que lleguen el humo o el fuego, y luego atacar la orilla de la casa; tiramos agua entre todos con las mangueras que se conectan al camión (tenemos dos con la capacidad para cargar 8.000 y 5.000 litros de agua) o a las mochilas que usamos cuando el camión no puede ingresar. En campos grandes, el avión hidrante riega el terreno, lo enfría, para que nosotros podamos trabajar mejor. Lo más grave en estos casos, además de que se quemen las casas, es que el fuego llegue a los cables de alta tensión y deje sin luz a gran parte de Tucumán.

- ¿Qué fue lo peor con lo que te enfrentaste?

- Las desgracias de las personas: que se les quemen las casas, que se les mueran incinerados los animalitos (y escuchar esos lamentos), que un niño me diga que los dibujitos se fueron y que no entiende por qué. Y es que el agua se llevó el televisor. Ver a los chicos tristes es lo que más quiebra. Ahí en el momento no; hay que ser fuerte. Después, a llorar en casa.

María Cristina tiene un hijo llamado Agustín, que está a punto de cumplir 16, y al que desde sus 10 años ha dejado solo para ir a trabajar en situaciones extremas, como las inundaciones. Ella dice que él está orgulloso de que su mamá sea brigadista, que sabe cuánto le costó llegar ahí. Al hablar con ella se nota que es enérgica, activa, alegre. Puede haber un día tranquilo, pero igual ella dice que anda de acá para allá, cebando mate a los compañeros o gestionando que empresarios amigos donen materiales para trabajar. Ahora confiesa que sueña con que ese galpón que tienen como base se transforme en un verdadero cuartel. “Lo voy a lograr”, se propone.

- Llegó la época de lluvias intensas. ¿Están preparados para salir en cualquier momento?

- Estamos preparados. Estamos al pie del cañón, con muchas ganas de salir a ayudar a la gente. En esos casos no hay horarios de trabajo, no hay enfermedades, salimos todos. Esa es la función de los brigadistas.


defensa civil
en tucumán, los brigadistas hacen de todo
La Brigada de Incendios Forestales de Tucumán se creó formalmente en 2015 y depende de Defensa Civil Provincial, que está a cargo de Fernando Torres. El funcionario explicó que la Brigada está dentro de un Plan Nacional de Manejo del Suelo, y que la provincia se adhiere a través de un convenio de colaboración. “Nos abastecen de equipos para incendios forestales y de capacitaciones. Nosotros tenemos personal para cubrir este servicio y la posibilidad de sumarnos a una convocatoria en caso de que se produzca un incendio de gran magnitud y tengamos que partir hacia otra provincia. De eso se trata el convenio”, detalló.
En Tucumán, el trabajo de la Brigada no se limita únicamente a apagar incendios. “Estuve en Bariloche en una jornada sobre incendios forestales y hablé con diferentes personas que se sorprendían al contarles que el equipo tucumano hace de todo: eventos de grandes magnitudes, recitales, inundaciones, competiciones deportivas. El trabajo nunca termina, no hay un período de descanso como lo tienen en otras provincias”, confiesa orgullosa Georgina Balborin, de Defensa Civil.
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En Tucumán, los brigadistas hacen de todo
La Brigada de Incendios Forestales de Tucumán se creó formalmente en 2015 y depende de Defensa Civil Provincial, que está a cargo de Fernando Torres. El funcionario explicó que la Brigada está dentro de un Plan Nacional de Manejo del Suelo, y que la provincia se adhiere a través de un convenio de colaboración. “Nos abastecen de equipos para incendios forestales y de capacitaciones. Nosotros tenemos personal para cubrir este servicio y la posibilidad de sumarnos a una convocatoria en caso de que se produzca un incendio de gran magnitud y tengamos que partir hacia otra provincia. De eso se trata el convenio”, detalló.
En Tucumán, el trabajo de la Brigada no se limita únicamente a apagar incendios. “Estuve en Bariloche en una jornada sobre incendios forestales y hablé con diferentes personas que se sorprendían al contarles que el equipo tucumano hace de todo: eventos de grandes magnitudes, recitales, inundaciones, competiciones deportivas. El trabajo nunca termina, no hay un período de descanso como lo tienen en otras provincias”, confiesa orgullosa Georgina Balborin, de Defensa Civil.


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