La seguridad ciudadana en las Fiestas de fin de año

La seguridad ciudadana en las Fiestas de fin de año

Es tal vez el mes más esperado. Genera una sensación particular porque concluye un ciclo. Para unos es sinónimo de alegría y para otros, no tanto. Aquellos, a los no les salieron las cosas como hubiesen querido, sentirán ansiedad por despedir rápidamente estos 365 días con la esperanza de que la buena suerte los favorecerá en el nuevo período que se inicia el 1° de enero. Los que, por el contrario, lograron lo que se propusieron o fueron agasajados por la buena fortuna, seguramente estarán deseosos de festejar.

Pero en ambos casos, diciembre es sinónimo de alegría por la presencia de las Fiestas, que implican encuentros familiares, religiosidad, regalos, brindis con amigos y compañeros de trabajo. El cobro del sueldo y del medio aguinaldo despierta sonrisas en los corazones, aunque siempre se corre el peligro de quedarse sin resto para afrontar el largo enero, si no se sosiega el espíritu consumidor. Pero también es un mes que pone en acción el ingenio y las habilidades de los amigos de lo ajeno, que aprovechan la masiva concurrencia en el centro, para robar.

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Cuando las peatonales y las galerías están colmadas, los delitos suelen duplicarse en relación con otros momentos del año. El Gobierno debería haber puesto ya en marcha un operativo para prevenir robos y combatir a mecheras y punguistas. En las proximidades de las festividades, los delitos suelen incrementarse en relación con otros momentos del año, razón por la cual la Policía tiene un rol fundamental en la protección de los ciudadanos y de los comerciantes, que también deberán estar atentos a la acción de los delincuentes.

Siempre es conveniente recordar que los pungas no ejercen violencia cuando roban; generalmente, trabajan en los colectivos durante los horarios pico y en el microcentro, hurtan billeteras o con notable habilidad introducen las manos en carteras o en bolsos y se llevan su botín. Sus colegas, las mecheras, se mueven en grupos para despistar, suelen abrir las carteras de las mujeres y timar prendas u objetos de los negocios. Mientras una de ellas distrae a la vendedora, sus cómplices guardan la ropa en los bolsos que llevan.

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A este binomio se agregan los arrebatadores que nunca actúan solos: arrancan relojes, teléfonos móviles y carteras en las aglomeraciones; algunos se mueven en motocicleta y suelen ser peligrosos porque van armados y/o drogados. En esta categorización, es oportuno también considerar a los descuidistas que se mezclan con las personas y aguarda la distracción de algún individuo para sustraerle sus objetos personales.

Los operativos de seguridad no sólo deberían realizarse en la zona del microcentro, sino también en otras zonas de la ciudad. Otro tanto debería hacerse en Yerba Buena, donde hay varios centros comerciales que convocan diariamente a una gran cantidad de gente. Debería pensarse en extender la prevención durante las madrugadas del 25 y del 1° de enero, momentos en que los cacos aprovechan la ausencia de muchas familias para trabajar con tranquilidad. Consejos saludables sobre cómo cuidar el hogar a quienes pasarán las celebraciones en otros lugares serán bienvenidos.

Uno de los grandes déficits de nuestras fuerzas de seguridad suele ser la falta de prevención. Generalmente, se actúa luego que se ha producido el hecho delictivo, en lugar de anticiparse y evitar que este se concrete. Sería positivo que se levantara el aplazo para que el año nuevo llegue a los hogares tucumanos sin demasiados episodios desagradables.

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