“Al departamento de recursos humanos hay que transformarlo en un área de humanidades”

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RETOS. “El gran desafío para el Estado es articular con el empresariado y con la sociedad civil”, opina Cerezo. la gaceta / archivo

Daniel Cerezo cree que al empresariado le está costando asumir que un empleado no es un número, sino un protagonista.

12 Nov 2017

A la audiencia que ha llenado el auditorio de la Fundación León no parece preocuparle el calor, ese viernes en el que el protagonista es la Economía Social. Daniel Cerezo, uno de los disertantes del foro organizado por la fundación anfitriona, se gana a los presentes “de entrada”. “Tucumán es una provincia muy especial para mí. Una de las personas a las que admiro es tucumana, y música: es Gladys, “la bomba tucumana”, dirá este líder social que provoca empatía por el camino que anduvo a pesar de una infancia más que humilde; y porque les reclama tanto a la política como al mundo empresario un urgente cambio de perspectiva. “Las instituciones - le dice a LA GACETA - ven a la persona como un beneficiario; y no como un protagonista”.

- En este momento de la Argentina hay un gran protagonismo de las ONGS en la cobertura social. ¿Qué papel le toca al Estado aquí?

- No creo que el Estado se tenga que retirar, todo lo contrario. El Estado debe articular. Es más: el gran desafío del Estado es articular con los empresarios; ese es el sector con el que debe poder unir fuerzas, en el que poder confiar y delegar. Y eso le está costando; consolidar ese triángulo de oro que es el Estado, empresarios y sociedad civil. Porque de otra manera es muy difícil que un emprendedor chiquito, solo, salga adelante. Hay que lograr que el Estado pueda acompañar, pero que después ponga en juego la agenda de los empresarios; que puedan contratar a este proveedor, que puedan hacer una cadena... Es esto...

- ¿Qué es Creer Hacer?

- Es una SRL por la que damos servicios, y en la que el 80 % de lo que genera va destinado a sostener proyectos comunitarios. Acompañamos a empresas a pensar su impacto social, su área de Recursos humanos; a pensar en transformarla, más que en un área de Recursos Humanos, en un área de Humanidades. Hacemos diversos tipos de trabajos: concientizar y sensibilizar en el impacto social y en los valores que puede tener cualquier empresa. Trabajamos tanto en los barrios como en las empresas generando impacto social, sensibilizando; promovemos líderes sociales; tenemos el programa “Barrio abierto”; con oradores en los barrios, acción en formación; capacitamos líderes empresariales y sociales en este concepto de habilidades emocionales, de empatía, de cuánto crece una empresa si es comunitaria; y entre los mismos empleados, ya no se trata solo de pensar que la responsabilidad empresaria es solo para afuera, sino que hay que mirar y actuar hacia dentro. Ver cómo está la empresa con su gente, cómo está la empresa apostando a tener un impacto social. Y el tercer valor es trabajar mucho en la empresa; y cómo esta se puede transformar en un agente de cambio.

- ¿ Por qué le cuesta tanto al empresario asumir una mentalidad no tradicional en relación al otro?

- Creo que le está costando entender que hay una nueva generación. Hay empresarios que dicen : “los jóvenes no están comprometidos, antes era diferente”. Les está costando entender la evolución del ser humano. Yo no trabajo solo por dinero, yo trabajo porque le doy un sentido a mi vida. Y al empresario, en general, le está costando entender estos nuevos valores. El empresario dice: “yo ya le estoy aportando al país porque pago mis impuestos”. Pero de alguna manera todos somos responsables de la sociedad en la que vivimos; y la responsabilidad también consiste en crear conciencia de cómo el sector empresarial puede fomentar otros emprendimientos, así como entender el valor de la integración social. Me parece que antes el valor de la empresa estaba en garantizar un empleo; y hoy nadie puede garantizar un empleo: Se ha demostrado que las empresas se han dormido; y por años se han aprovechado de que el empleado solo se conforme con el sueldo. Pero ahora la gente dice: yo no soy un número, quiero que me conozcan no solo como un profesional, sino como una persona que puede participar, que puede ser creativa. Y creo que al sector empresarial le está costando asumir ese cambio.

- Vos hablás del barrio como un organismo vivo... Ponés un énfasis especial en el barrio como actor...

- Es que es así, el el barrio tiene vida propia, el tema es que tienen muy pocas oportunidades para poder desarrollarla y empoderarla. Porque las instituciones, las empresas, el Estado, las escuelas, ven solamente a un beneficiario, y no a alguien que puede tener protagonismo. Esto de que a la empresa voy a trabajar y nada más, ya no existe. Y esta evolución del ser humano, de sentirse partícipe, es lo que de alguna manera tiene que empezar a cambiar.

-En algún discurso, el Presidente Macri habla de una apuesta a “la felicidad “ como un estado social. ¿Se puede pensar en ese concepto con un 30% de pobreza?

- Hay muchos malentendidos al respecto. Para hablar de la felicidad tengo que garantizar que todos los derechos sean cumplidos ; que la canasta familiar esté cubierta. Antes que nada está la calidad de vida. Y la felicidad acompaña esa calidad de vida. Pero cuando yo planteo la felicidad en el sector empresarial es porque estoy pensando en ciertos supuestos. Lo que yo digo es que cualquier persona, en cualquier ámbito, en la escuela, en el trabajo, tiene que poder disfrutar de la vida. Y el Estado tiene que garantizar que cualquier persona pueda encontrar que las instituciones funcionen: y eso le garantiza bienestar a la gente.

- ¿ A qué atribuís que haya gente de entre los sectores más vulnerables que pueda zafar de un destino dramático y otra que no lo hace?

- El tema es cuántas oportunidades tuviste. Es una cuestión de oportunidad. Muchas fundaciones han cubierto lo que el Estado no llega a cubrir. Entonces, tendríamos que pensar qué acercarles, en deportes, en arte, en actividades sociales... poder garantizar oportunidades para que una persona pueda descubrir, donde esté, ese talento que tiene; potenciar eso que tenía oculto.

En la charla con LA GACETA, Daniel recuerda que a él, un chico humilde sanjuanino hijo de una portera cuya familia se mudó a Buenos Aires siguiendo una promesa laboral que no se cumplió, esa oportunidad le llegó a los nueve años, cuando un día cualquiera se le acercó a Liliana Alpern, profesora de música del centro cultural del barrio, y, con un cassette de la Bomba tucumana bajo el brazo, le dijo: “quiero ser músico”. Ella le redobló la apuesta, y el chiquilín que soñaba con hacer música tropical hoy seduce a sus audiencias hablando tanto de Gladys como de Piazzolla, de Beethoven o de Dvorak. La música, de todos modos, fue un puente para su objetivo mayor, el de replicar el liderazgo social, y que él encauzó con diversas acciones, entre ellas, su paso por la empresa de zapatillas “Paez”, como “gerente de cultura y felicidad”, donde estuvo hasta 2015.

En este largo transitar, Daniel ha logrado que dialoguen, que se encuentren, el referente barrial -aquel cuya universidad ha sido la calle -con el más docto de los doctores universitarios. Se le pregunta cómo se hace para lograr ese encuentro. “Es propiciar un aprendizaje; generar integración entre dos sectores. Porque se trata de ponerle palabra a la experiencia; pero si no está la vivencia, esa palabra es seca”.

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