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Internos del penal de Villa Urquiza participan de un programa que apunta a lograr la transformación de sus vidas a través del deporte de la ovalada

21 Oct 2017

“El deporte tiene el poder de transformar el mundo. Tiene el poder de inspirar, de unir a la gente como pocas otras cosas” (Nelson Mandela).

Mauro entendió que caer empastillado a los entrenamientos era darle demasiada ventaja a los que estaban lúcidos, así que él también optó por dejar de consumir. Y en lugar de perder el tiempo tirado sin hacer nada o siendo un esclavo más de la violenta subcultura carcelaria, decidió salir a trotar. A preparar su cuerpo para la batalla de los lunes y los jueves, cuando el penal de Villa Urquiza deja de ser para él y para muchos otros un lugar de confinamiento y se transforma en un espacio de autosuperación. Desde las 8 de la mañana, un grupo de aproximadamente 45 internos deja de lado las diferencias, que a veces los llevan a combatir hasta la muerte, y como hermanos se entregan a la pasión de un juego, hasta hace poco tiempo, totalmente ajeno para la mayoría: el rugby. De eso, y de mucho más, se trata “Pase a la libertad”.

Manos a la obra

La idea nació a partir de la visita al penal por parte de los chicos de “Pase a la gloria”, otra iniciativa que se apoya en el rugby como método de inclusión y transmisión de valores a menores que se encuentran en situación de vulnerabilidad. “Nos encontramos con gente muy afectada por la droga y la violencia”, revela Patricio Perondi, coordinador general y miembro del staff de entrenadores, en el que también están René Sueldo y Hugo Gaudioso. A ellos se suma Mariano del Corro como preparador físico.

Ya desde ese primer contacto, quienes llevan adelante el programa tomaron dimensión de cuán inflamable era el material humano sobre el que habrían de trabajar: condenados por homicidio, robo a mano armada, secuestro y demás delitos graves. “Me preguntaba cómo íbamos a hacer para mantener controlado a semejante grupo. Y para eso era fundamental convencer primero a los más picantes”, comenta Sueldo, de Lawn Tennis. “Creo que lo logramos un día de invierno en que caímos a las ocho de la mañana. Llovía y hacía un frío de terror, pero entrenamos igual. Ahí se dieron cuenta de que veníamos en serio”, recuerda.

El programa no tardó en surtir efecto. “A través del rugby logramos unir a internos de diferentes unidades. Es increíble cómo mejoraron las cosas en poco tiempo, sobre todo en lo que hace al respeto y al orden”, asegura Perondi. Actualmente, participan del programa convictos de los pabellones 1 y 2, y desde este año se sumaron algunos de la unidad 9 de máxima seguridad.

“El rugby los motiva, se esfuerzan por aprender. Por eso creo que no alcanza con enseñarles algo meramente recreativo, sino que sea intenso. Si queremos que estos tipos cambien, debemos darles algo que los motive muy fuertemente. Y cuando lo sabés jugar, el rugby es más divertido todavía”, completa Sueldo.

El año pasado, los internos recibieron la visita de los “Naranjas” y se dieron el gusto de igualar 3-3 en tries con la preintermedia de Lawn Tennis en un amistoso.

Libertad

“Cada vez que nos juntamos a entrenarnos y a jugar, yo me olvido de que estoy en una cárcel”, asegura Walter Acevedo, ex líder de la barrabrava de Atlético y uno de los pocos que ya había jugado alguna vez al rugby. “Gracias a lo que nos enseñan, hoy veo las cosas de otra manera. Y el día en que salga, quiero ayudar a otros, como nos están ayudando a nosotros”, agrega “Chichilo”.

“Estamos muy agradecidos con los entrenadores y con la gente que viene a colaborar, porque hay que estar un poco loco para venirse hasta la cárcel a hacer algo por unos cachivaches como nosotros. Antes no respetábamos nada ni a nadie, y hoy es diferente. Y por eso, cuando salga de aquí, quiero venir a dar una mano y a contarle a los chicos que estén que yo también fui parte de esto y que sí se puede”, promete Lucas González.

Relanzamiento

“Un pase a la libertad” funcionó como prueba piloto el año pasado durante seis meses, pero por diversas cuestiones no se pudo continuar. Sin embargo, sus resultados palpables dejaron abierta la posibilidad de reactivarlo en algún momento, lo que sucedió hace algunas semanas. El relanzamiento oficial tuvo lugar el miércoles en la cancha de la Unidad 5, la de jóvenes adultos, donde se entrenan los internos. Luego de una práctica dirigida por los ex Pumas Julio Farías y José María Núñez Piossek, se llevó a cabo un acto del que participaron autoridades de la provincia, para terminar con un mini partido entre los internos, y luego el tercer tiempo. También participaron Roberto Tejerizo (jugador de los Jaguares), Nicolás Domínguez y José Chavanne, entrenadores de los “Naranjas”.

El programa cuenta con el aval del ministro de Gobierno, Seguridad y Justicia, Regino Amado; el director de Institutos Penales de Tucumán, Guillermo Snaider; y el interventor del Departamento de Producción Institutos Penales, Carlos Arnaut.

“Para que pueda reinsertarse en la sociedad, es determinante que el interno tenga actividades. Que trabaje en alguno de los tantos talleres que hemos ido reflotando, y que eso se complemente con actividades recreativas, como el rugby o las clases de música. Por eso nos parece importante lo que se está haciendo con este programa. De hecho, en el penal de Concepción también se implementará un programa similar de rugby, que estará a cargo de gente de Huirapuca”, comentó Arnaut.

Cuatro pilares

Explica Sueldo que “Un pase a la libertad” debe apoyarse sobre cuatro pilares. “El primero es la persona. Hay que lograr una transformación del individuo. Que aprenda a respetar a los demás, que se higienice y que deje de consumir drogas. Si no se soluciona eso, no hay forma”. El segundo es la familia. “Para sacar a un chico de la droga y evitar la recaída, es muy importante el apoyo de la familia”. El tercero es el entorno. “Si el que sale en libertad vuelve a vivir en una zona conflictiva, es muy probable que se vea contagiado por ese ambiente y vuelva a caer en el delito. La idea es que viva en otro lugar”. Y por último, está el empleo. “El preso que sale y no logra encontrar un trabajo, no recupera la dignidad ni puede reinsertarse en la sociedad, por lo que seguramente volverá a delinquir”.

Aunque los cambios ya son palpables, el verdadero éxito de “Pase a la libertad” recién podrá medirse cuando algunos de sus participantes comiencen a recobrar su libertad. Así lo sostiene Sueldo: “si en dos años recuperamos a tres o a cuatro como mínimo, y con recuperar me refiero a sacarlos de su entorno e insertarlos en un trabajo digno, creo que podremos darnos por satisfechos”.

En los establecimientos penitenciarios es muy común la violencia entre los internos, debido a que cumplen condenas por diferentes causas. Sin embargo, en el poco tiempo efectivo que lleva este programa, ha bajado mucho el nivel de conflicto entre los que participan, porque se trabaja mucho sobre el espíritu de las personas. Ha mejorado mucho su comportamiento, se los nota mucho más predispuestos, más respetuosos y más motivados. Gracias a esto, ahora tienen una motivación fuerte para levantarse todos los días. Es una actividad distinta que prendió muy bien en un sector de la población del penal y esperamos que con el tiempo se pueda transmitir al resto. Es una muestra más de que el rugby ya no es un deporte reservado a la elite.

El equipo de los internos de Villa Urquiza ya tiene su escudo y su nombre, conformado por las siglas del programa (UPAL). En cuanto a los colores, desean que su camiseta sea naranja, como la del seleccionado tucumano, ya que en el futuro desean representar a la provincia en amistosos contra otros equipos carcelarios.

Sin embargo, el máximo anhelo es medirse algún día contra los Espartanos, el equipo de la Unidad 48 de San Martín, en Buenos Aires. Desde 2009, funciona allí un programa de rugby carcelario iniciado por Eduardo Oderigo, abogado penalista y ex medio scrum del SIC, que logró reducir drásticamente los índices de violencia y de reincidencia a través de la enseñanza de los valores del rugby.

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