La guerra de Malvinas significó el renacimiento de la música nacional

17 Oct 2017
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SHOW HISTÓRICO. León Gieco y Mercedes Sosa, en el teatro Ópera en 1982.

MEDIO SIGLO DE UNA PASIÓN ARGENTINA  | HISTORIAS DEL ROCK

GUSTAVO JATIB

ESPECIAL PARA LA GACETA

El año 1982 marcó una bisagra en la historia del rock argentino, como ya contáramos anteriormente en esta sección. A partir de la prohibición que impuso el régimen militar de reproducir música en inglés en las radios por el conflicto bélico de las Islas Malvinas, los programadores debieron recurrir a la música nacional como “salvadora” de la veda, y esto permitió que cientos de artistas tuvieran su espacio. Por supuesto, no impactó sólo en ese momento, sino que tuvo efecto expansivo a toda la década.

Uno de los ochentosos por excelencia es Miguel Mateos con su banda Zas. Ya venía asomando con “Va por vos”, y en 1983 empieza a sonar fuerte gracias a su segundo disco -“Huevos”-, con hits como “Un poco de satisfacción”, “Extra, extra” y “Un gato en la ciudad”. Tiene una gran actuación en el festival de La Falda de ese año, empieza a recorrer el circuito de pubs de Buenos Aires, y en 1984 explota gracias al súper éxito “Tirá para arriba”, incluido en su tercer álbum, “Tengo que parar”.

Así llena cinco veces el Teatro Coliseo en abril del 85, funciones en las que graba “Rockas vivas”, que alcanza las 500.000 copias y es el tercer disco más vendido en su género. Continúa con paso arrollador y en agosto convoca 60.000 personas durante cuatro conciertos en el Luna Park, lo que lo consolida como el artista del momento, no sólo en Argentina sino en toda Latinoamérica.

Del exilio al éxito

Identificado como cantor de protesta en los 70, y exiliado en España durante la dictadura luego de que intentaran secuestrarlo, en 1982 hace su reaparición Piero con disco nuevo junto a su banda Prema, shows en Obras, en el teatro Ópera y en el festival B.A.Rock. Para sorpresa de muchos, vuelve con un mensaje de paz y amor, representado por el hit “Manso y tranquilo”, incluido en su disco “Color humano”, junto a hermosas canciones como “Fábulas de mar”, “Miedo niño”, “Y mi gente, ¿dónde va?” y “Soy pan, soy paz, soy más”, luego inmortalizada por Mercedes Sosa. Su gran socio fue el poeta José Tcherkaski, autor de la mayoría de las letras, entre ellas la del himno “Mi viejo”, editada en 1969.

Liderados por el carismático Pipo Cipolatti, creador de la banda junto a Daniel Melingo, Los Twist aparecen como una invitación al baile y la fiesta, ya desde el título de su primer trabajo -“La dicha en movimiento”-, producido nada menos que por Charly García, quien los encerró literalmente durante tres días en los estudios Panda para la grabación.

Canciones como “Cleopatra”, “Salsa” y “25 estrellas de oro”, interpretadas por Fabiana Cantilo y el propio Pipo, se convirtieron en éxitos de inmediato, pero el gran hit fue “Pensé que se trataba de cieguitos”, una sátira sobre el secuestro de personas durante los años oscuros del proceso. A partir del 83 giraron por todo el país y compartieron escenarios con Soda Stéreo, Virus y Sumo, las bandas del momento.

Si bien su canción “Sólo le pido a Dios” fue grabada en 1978, e incluida en el “IV LP”, Léon Gieco obtuvo un éxito arrollador a partir de los míticos conciertos de la Negra Sosa en el Teatro Ópera, en febrero de 1982, al regreso de su exilio. Allí fue invitado a cantarlo con ella, y a los dos meses se convirtió en el himno de la guerra iniciada el 2 de abril, lo que significó el despegue definitivo en la carrera de Gieco. Acababa de editar “Pensar en nada”, su quinto disco, y la canción homónima, producida por Gustavo Santaolalla en una de sus primeras incursiones en ese rol, también fue un hit que impulsó el buen momento de León. Luego llegaría una larga gira por todo el país, en la que grabó su disco triple “De Ushuaia a La Quiaca”, un trabajo memorable que rescata las raíces de la música argentina, editado a partir de 1985.

Alejandro Lerner fue otro gran animador de estos años. Luego de participar como tecladista en las bandas de Raúl Porchetto, Gieco y Santaolalla, en 1981 rechaza la invitación de Miguel Abuelo a integrar Los Abuelos de la Nada, para empezar su carrera solista. Graba su primer disco en 1982, participa del tercer B.A.Rock, y en el 83 se consagra con “Todo a pulmón”, título también del segundo álbum. En 1984 edita “Lerner tres” que alcanza las 300.000 copias, convirtiéndose en el más exitoso de su carrera.

Oriundos de Mendoza, Los Enanitos Verdes fueron revelación del festival de La Falda en 1984 gracias a buenas canciones como “Aún sigo cantando” y a temas pegadizos como “La nena de diecisiete”. Su consagración sin embargo, llegaría de la mano del segundo disco -“Contrarreloj”, 1986-, con “La muralla verde” como bandera, y sus lentos como “Cada vez que digo adiós”, “Tus viejas cartas” y “Sólo dame otra oportunidad”, compuestos por su bajista y cantante, Marciano Cantero.

Y además pasaba todo esto: Charly comenzó su carrera solista con el excelente “Yendo de la cama al living”; Luis Alberto Spinetta creó Jade y editó el inolvidable “Bajo Belgrano”; explotó Juan Carlos Baglietto con la trova rosarina; Pappo formó Riff levantando bien alta la bandera del metal; Litto Nebbia compuso “Sólo se trata de vivir”, una joya de la música nacional; Porchetto pedía “Che pibe, vení votá”, como un símbolo del regreso a la democracia; y Miguel Cantilo describía a los jóvenes del año 2000 en “La gente del futuro”.

Para muchos, los años 80 representan la mejor etapa del rock argentino. Sólo en 1982 se editaron 50 discos, cifra que marcó un récord, y surgieron bandas y artistas que forman parte de nuestra historia grande.

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