Carta de lectores

01 Oct 2017
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ESCUELA MUNICIPAL DE OFICIOS

Sería importante -para la economía y el desarrollo social de Yerba Buena- que la mano de obra que absorben los diferentes rubros de la actividad comercial local, como también de los propios vecinos, sea originaria de nuestra comunidad. Sostengo esta inquietud en el hecho de que podemos observar en Yerba Buena la constante movilidad de trabajadores foráneos, cuando el sentido común nos dice que esas actividades podrían ser cubiertas por nuestros jóvenes vecinos que deambulan por las calles de nuestra ciudad en busca de changas. Por otro lado, quienes conocemos la realidad social de Yerba Buena, sabemos de la existencia de problemas en nuestra comunidad por la oculta deserción escolar, desocupación, falta de formación laboral, escasa mano de obra calificada, y la necesidad de una Bolsa de Trabajo local. A tal fin propongo -a las autoridades municipales de Yerba Buena- la creación de una Escuela Municipal de Oficios, además del acompañamiento de una Bolsa de Trabajo que sirva para insertar a nuestros vecinos en el circuito local de servicios en diferentes rubros que nuestra comunidad requiere. No hay dudas de que la inserción laboral con mano de obra calificada dignifica e integra a quienes hoy conviven entre nosotros sin trabajo estable. Es que hoy los mismos vecinos podemos ser parte de esta propuesta solidaria de inserción laboral e integración social. Sólo falta la decisión política para poner en marcha esta iniciativa que beneficiaría a todos los vecinos, incluyendo al Estado.

Marcelo Funes El Salvador 1.987 Yerba Buena

Aumentos en servicios

Causa perplejidad e indignación observar todos los meses aumentos sistemáticos de las facturas por servicios. Esto, desde luego, no se condice con las intenciones que manifiestan los gobernantes. La mayoría de las empresas de servicios empezaron por ahorrarse el envío de las facturas impresas, incluidos los bancos. Hoy en particular, me refiero al incremento de las facturas de telefonía fija y celular que todos los meses aumentan. Incluyo en este comentario los intentos de incrementar tarifas de los servicios que prestan otras empresas. En el caso de EDET, debemos recordar que ya supo implementar meses atrás, un abusivo e inexplicable incremento cuando dijo que la empresa cambiaba de concesionario. Todas estas maniobras hacen pensar que las multinacionales tienen carta blanca para hacer lo que se le dé la gana sin control alguno por parte del gobierno, cuyos responsables deberían defender los intereses del pueblo. Todos los días vemos que referentes del gobierno nacional hablan de lograr una inflación anual de un solo dígito. Sin embargo esto no se condice con las insaciables ansias de rentabilidad de las empresas multinacionales, incluidos bancos y financieras, las cuales, a juzgar por la abundante publicidad con la cual ofrecen préstamos de dinero, permiten suponer que hay una enorme masa de capital improductivo acumulado, que sólo está destinado a préstamos usurarios. Quisiera que algunos de los tantos politólogos y aquellos que se dicen especialistas en Economía, cuya presencia inunda los programas radiales y televisivos, tratasen de explicar el porqué de estas distorsiones, cuyos efectos repercuten siempre entre los que menos posibilidades tienen de defenderse de la inflación. Por lo visto, creo que se seguirá cumpliendo la famosa frase de Atahualpa Yupanqui, “las penas son de nosotros, y las vaquitas son ajenas.”

Humberto Hugo D’Andrea [email protected]

La transformación educativa

Desde hace 50 años las modificaciones que experimentó el sistema educativo han sido diversas: cambios en los períodos de calificación -bimestrales, trimestrales, cuatrimestrales-; también en las escalas respectivas -cardinal de 0 a 10, ordinal Bueno, Muy Bueno- y modificaciones no autorizadas pero harto aplicadas a esta última y luego las equivalencias entre estas, según quienes las usaban: bueno +, bueno -... etcétera. La recordada eximición con 7 puntos y solamente “una sola materia previa”. Más tarde, la extensión hasta “dos materias previas” y le siguió la “eximición con 6 puntos”. Promediando los 60 se importó el “examen trimestral”; cada trimestre se sorteaban tres materias para cada curso y al finalizar el trimestre “se tomaban exámenes escritos”. También en aquellos años fueron suprimidas las prestigiosas Escuelas Normales Nacionales de Maestros y proliferaron las escuelas terciarias. Con la vuelta de la democracia se intentó una modificación por áreas integradas con “asignaturas, no materias” afines. Se suprimieron “materias antiguas”. Paralelamente, desaparecieron los ciclos básicos. Pero la modificación quedó trunca al cambiar el gobierno. Nunca se modificó, consecuentemente, el ciclo superior. Esto es, desde 4º año de las ex escuelas medias continuaban las “materias antiguas”, con el evidente quiebre de la continuidad de contenidos con correlatividad lógica. Desparecieron las históricas “modalidades”, como la comercial, aunque conservaron su denominación “antigua”. Siguió el eterno “Proyecto 13”, de profesores designados por cargos, la transferencia de las escuelas secundarias y terciarias a las provincias en un verdadero proceso de descentralización del sistema educativo “basada en el auténtico federalismo”. Así , la jurisdicción nacional se quedó solamente con las universidades públicas de gestión oficial. Sin embargo, la estructura organizativa del citado Ministerio creció en forma elefantiásica con investigadores, técnicos pedagógicos y psicopedagógicos y hasta hoy desconozco el motivo... la nación ya no administraba escuelas primarias, ni secundarias ni terciarias. Finalmente, en un verdadero proceso de descentralización del sistema educativo “basado en el auténtico federalismo” se aplicó la Ley Federal de Educación, principio del fin del glorioso sistema educativo argentino, porque con dicha transferencia se cambiaron estructuras, modalidades y contenidos simultáneamente. Cada jurisdicción provincial diseñó su estatuto del docente en consonancia con dicha Ley y nunca más hubo unidad de criterios en lo esencial ni en lo material. Cada cargo docente tenía distinta remuneración, tantas como jurisdicciones habían recibido el sistema transferido. La oposición de las comunidades educativas fue tenaz luego de profundos debates, pero la Nación impuso su nueva política educativa. El tiempo dio la razón a quienes se opusieron. La aplicación de la norma fue un rotundo fracaso en todo el país. La Nación proyectó y aprobó otra ley, la actual, muy parecida a la fracasada Ley Federal de Educación. Estas líneas no pretenden abarcar todas las modificaciones que se hicieron históricamente a la gloriosa Ley Nº 1.420 de 1884, hasta desbaratarla completamente. Simplemente, que todos los responsables de restaurar el prestigio que le era internacionalmente reconocido a nuestro sistema educativo, vuelvan a los principios, estudien muy bien las históricas estrategias, las rediseñen de acuerdo a la época que nos toca vivir y a la que les tocará a nuestros nietos.

José René Iovane [email protected]

La comida desperdiciada

Tirar comida en buen estado es desperdiciar una gran cantidad de energía y de recursos naturales necesarios para producirla, congelarla, almacenarla y transportarla a los lugares de comercialización y consumo. Además, gestionar estos residuos de comida requiere más energía y más recursos. Mientras tanta gente pasa hambre o está mal nutrida, arrojar la comida es también moralmente reprochable y una pérdida de medios valiosos y escasos (agua, suelo y combustible) necesarios para producirla. Es hora de tomar conciencia entre la ciudadanía para reducir al máximo el despilfarro de alimentos. También de instar a las autoridades a que busquen soluciones que contemplen este problema que tanto daño genera en nuestro entorno ambiental, y que es fuente potencial de enfermedades entre las personas más pobres y vulnerables de nuestra sociedad..

Patricio Oschlies [email protected]

El imperio romano, los británicos y las Islas Malvinas

En el año 37 Roma contaba con colonias en África. En el año 43, en Europa, Roma invadió las islas que hoy, se conocen como el Reino Unido, y Roma sumó así otra colonia al imperio. Esta colonia romana fue la provincia a la que Roma llamó Britannia. Los “británicos”, luego de soportar una ocupación de 367 años, como una provincia romana, tuvieron la fortuna de que el emperador Constantino decidiera en el año 410 retirarse de su provincia. Hecho fortuito que favoreció a los “británicos”, que tropezaron así con su independencia, por la necesidad que Constantino tenía de fortalecer la frontera del imperio romano sobre el Rhin, ante la presión ejercida por las tribus germánicas. La ocupación de nuestras Malvinas acumula ya 179 años, y el usurpador pretende justificar su “soberanía”, en el hecho de garantizar la “autodeterminación”, para un reducido grupo de súbditos de su majestad, cuyos ancestros fueron transportados desde la metrópoli a las Malvinas en 1833, desplazando previamente a los ciudadanos argentinos que ahí vivían. Los mismos súbditos hoy aclaran que ellos quieren permanecer en su estado de súbditos, pero en Malvinas. Lo cual sería muy fácil de lograr, sólo si ellos, simplemente regresaran al Reino Unido, de donde son originarios. Hoy habría sido grotesco que algunos romanos en Britannia hubieran decidido que querían seguir siendo súbditos de Roma, pero en Britannia, y Roma garantizase dicha “autodeterminación”, como ahora lo intenta el Reino Unido en Malvinas. Y para ello, previamente, desplazaran a todos los nativos (otra sería la historia). Los romanos, en similar situación, no hablaron de autodeterminación; simplemente se fueron después de 367 años. Hablar de autodeterminación para los usurpadores es tragicómico, pues son súbditos que para su “autodeterminación” deberían librarse del viejo sistema, como lo hicieron las 13 colonias en Norteamérica en 1776. No puede haber autodeterminación en un territorio usurpado. No en el siglo XXI. Tienen el ejemplo de los romanos… simplemente se fueron. “Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia.” Mahatma Gandhi (1869-1948). Político y pensador indio, que mucho sabía de colonialismo.

Roberto Walter Sehringer [email protected]

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