Se redujo la seguridad en los edificios y los robos llegan a niveles dramáticos

Nadie sabe dónde son vendidos los matafuegos que se llevan. Podría haber una organización delictiva.

03 Mayo 2004
No hay un solo edificio en Tucumán que no haya sufrido robos de matafuegos, mangueras de incendio, luces de emergencia, bombas de agua y otros elementos. Pero... ¿a dónde van a parar tantos matafuegos y mangueras robados en los cientos de edificios que se elevan en la capital?
El robo de un extinguidor es un hecho que no merece ni siquiera una denuncia. Casi nadie se toma la molestia de perder tiempo y dinero en una comisaría ante este tipo de hecho. Pero cuando el fenómeno se multiplica por cinco o por 10 al año en cada inmueble y a su vez por cientos de edificios, la cifra es escandalosa.
Hay quienes sospechan que una red delictiva podría estar detrás de este negocio. Otros sostienen que sólo se trata de descuidistas, en general adolescentes, aunque de ser así debería haber cientos de jóvenes hurtando en los edificios.
Raúl Alberto Osta, administrador de varios edificios y miembro de la Cámara de Administradores, reconoció que el tema de los robos es dramático y dijo que, por la cantidad de matafuegos que desaparecen, no cabe duda que en algún lado se reducen.
Osta opinó que los extinguidores deberían venir con alguna numeración imborrable o con el nombre del consorcio grabado. "Podés cargar a lo sumo uno o dos matafuegos, pero para robar varios, como ocurre en los edificios, necesitás como mínimo un motocarro", analizó Osta. Los cilindros de 5 kilos de carga pesan 8 kilos con el envase, y los de 10 kilos pesan 17 kilos en total.
Pero no todas las opiniones son coincidentes. "Creo que una vez que roban uno no lo hacen más, por lo que pesan y porque no tienen dónde colocarlo", afirmó Jorge Barrera, dueño de una representación oficial de matafuegos.
Barrera calculó que no es negocio robar extinguidores, ya que la ganancia para el ladrón no es superior a los $ 20 o $ 30. Indicó que ahora las nuevas puntas de las mangueras son de plástico en vez de bronce.
De este modo en Buenos Aires lograron disminuir los robos. "La clave no está en saber quién roba, sino en quién compra, en caso de que exista una banda, cosa que dudo", expresó Barrera.

Botín en oferta
En cambio, Yolanda Di Colantoni, dueña de una de venta de matafuegos, reveló que a veces en una mañana llegan a su negocio hasta tres a cuatro personas a ofrecerle extinguidores robados. "Si quienes vendemos estos productos, que somos pocos y nos conocemos todos, nos pusiéramos de acuerdo en llevar registros y números de serie, sería fácil descubrir de dónde viene cada matafuego", opinó.
También contó que todos los administradores con los que trabajan les dicen que aumentaron los robos.
Mónica Lezcano, de la Cámara de Administradores de Propiedades Horizontales y Afines de Tucumán, afirmó que el problema de la seguridad en los edificios es muy serio, mientras que en opinión de María Marta Mendilaharzu, hasta hace poco integrante de la Cámara, el robo en los edificios ya adquirió características de plaga y coincidió en que tiene que haber algún comprador para justificar tanto hurto.

Los vecinos no denuncian
El comisario Alfredo Jiménez, jefe de la Brigada de Investigaciones, dijo que es difícil que se denuncien robos de matafuegos y de mangueras de incendio. Raúl Alberto Osta, de la Cámara de Administradores de Edificios, explicó que, por la crisis, se redujo el personal (porteros y guardias) y la vigilancia se vio afectada, sobre todo a la siesta y a la noche. Osta también responsabilizó a los mismos vecinos por los robos. Dijo que ellos mismos se llevan las cosas, sobre todo luces de emergencia, y también que no ponen llave y dejan ingresar a cualquiera.

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