Cartas de lectores

06 Sep 2017

Accidentes viales

LA GACETA en su edición del 2/9, publicó: “Se incendió un micro y murió calcinada una joven que subió en Tucumán”. Aprovecho la oportunidad para referirme a algunos peligros y riesgos que tienen las unidades que realizan este servicio y que son poco conocidos por tripulantes y pasajeros. En la mayoría de los accidentes viales, donde hay involucrado un micro de larga distancia, las consecuencias fueron víctimas fatales y heridos. Al tener el centro de gravedad elevado, ya sea por el amplio espacio asignado para guardar equipajes o por el doble piso, la posibilidad vuelco es mayor. Para contrarrestar este efecto se construyen las partes altas de las estructuras de la carrocería (el segundo piso en algunos modelos), con materiales metálicos de poco peso y sección, que no resisten los esfuerzos que se originan en una colisión frontal. Por ello esta zona es la más débil y se deforma con facilidad cuando ocurre el impacto. Las salidas, que son promocionadas como de vía escape, son las ventanillas que están herméticamente cerradas por motivos de refrigeración o calefacción. Se aconseja que por medio de un martillo el pasajero debe abrir una salida de escape, rompiendo el vidrio. Hay estudios que demuestran que esta alternativa no es la mejor, porque: 1) Esta herramienta no tiene el tamaño ni el peso adecuado para romperlo con facilidad. 2) Se pierden segundos valiosos mientras se lo busca. 3) Suponiendo que el vidrio es destruido y se logra salir por la ventanilla, aun falta saltar desde una altura superior a los dos metros, con los riegos de sufrir fracturas y heridas cortantes. También hay que decir que en caso de la presencia de focos ígneos, el fuego se propaga con facilidad y alcanza rápidamente toda la estructura del vehículo y que los gases tóxicos, producto de la combustión de plásticos, acrílicos, gomas y el gasoil, son más las letales que el propio fuego. Otras situaciones que comprometen las posibilidades de supervivencia son las salidas por las puertas de emergencias que por lo general quedan inutilizadas debido al choque y lo difícil que resulta acceder al interior de la unidad para rescatar a los que están atrapados. Por lo expuesto, esta forma de transporte, si no es operada y controlada preventivamente, puede convertirse en una trampa mortal para los usuarios y el conductor.

Juan Francisco Segura

Pasaje Baaclini 675

San Miguel de Tucumán


Alderetes

Ciudad de la imprudencia. Ciudad de la inseguridad. Ciudad impune. Ciudad triste. Nací, crecí, me eduqué y vivo hace 35 años en Alderetes. Soy fiel testigo de su involución. Soy testigo de lo que alguna vez dejó de ser. Lamento que a diario seamos noticia de hechos delictivos, de secuestros de muertes y de pobreza en valores. Llego el momento de decir ¡Basta!

María Eugenia Ortiz

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Sindrome de Asperger

Quiero recordar que en nuestro país se considera a las personas con discapacidad en la Constitución nacional en el artículo 75, donde se establece la legislación y promoción de medidas de acción positivas que garanticen la igualdad real de oportunidades y de trato. Soy tía de un niño con síndrome de Asperger, que padece en carne propia la burla, la exclusión y discriminación como las publicadas el 4/9 por todos los medios. Repugna la celebración de un conjunto de padres que, por ignorancia, intolerancia y enorme egoísmo festejaron la exclusión del grado de un niño con síndrome de Asperger, negándole inclusión, igualdad de oportunidades, afecto y solidaridad a un par, a más de transmitir el mensaje a sus hijos que la “tranquilidad” al curso se recupera con la exclusión del compañero del aula. Pero lo más grave aún, es la mezquindad, la indiferencia y la falta de compromiso y coherencia que mantienen el sistema de salud y el educativo para hacer plenamente operativas las leyes que protegen a las personas con discapacidades. Quienes acompañamos a personas discapacitadas por definición de la ley 22.431, la ley 23.661 y la ley 24.901 -en esta última se establece el sistema de prestaciones básicas en habilitación y rehabilitación integral a favor de las personas-, sabemos de peregrinar por obras sociales, escuelas, profesionales de diversas especialidades y no obtener respuestas coordinadas y concretas; mucho menos articulación del trabajo inter o multidisciplinario. Excepcionalmente, cuando se abren puertas de algunas instituciones, la admisión no implica integración, porque falta formación y capacitación de los docentes, de los profesionales de la salud, de los operadores de las obras sociales, de los planificadores del Estado, etcétera. Frente a este panorama desalentador y frustrante, nos encontramos las familias que con mucho amor y pocos recursos científicos y tecnológicos junto a un grupo reducidos de profesionales que son verdaderos luchadores, a quienes va nuestro respeto y agradecimiento, damos incansables batallas sin tiempos en procura de sembrar una cultura respetuosa del pluralismo y la diversidad, así como de alcanzar una sociedad enérgica y capaz de generar oportunidades para dignificar la vida de personas que de por sí hacen ingentes esfuerzos para integrarse a un mundo que los ignora o rechaza. A través de esta carta quiero no sólo expresar mi repudio e indignación a ese grupo de padres que produjeron a ese niño y a su familia mayor dolor que el que su tremenda ignorancia les permite imaginar, sino expresar que perdieron de conocer, aprender y compartir con un ser maravilloso, la originalidad y los extraordinarios sentimientos, habilidades y capacidades con las que cuentan las personas con Asperger. A su turno quiero exhortar a los padres, familiares y amigos de personas diferentes a exigir el pleno cumplimiento de las leyes, la Constitución nacional y los tratados internacionales que protegen a los niños y a las personas discapacitadas. Por último, impetrar a los funcionarios de los diferentes poderes del Estado a formar a sus agentes y funcionarios, ejecutar acciones concretas en cumplimiento del marco normativo vigente, proveyéndoles los recursos necesarios para su implementación, y sancionar severamente a las personas o instituciones que discriminen, máxime cuando por su función esté obligado a cumplir con la ley.

Andrea Guraiib

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Santiago Maldonado I

No es que el debate político entre menores deba estar prohibido, pero lo cierto es que ni siquiera se puede hablar de debate entre menores cuando hay un adulto dirigiéndolos: la asimetría entre un adulto y un niño en cuanto a información y poder de convicción es evidente; por lo tanto, llamar a eso debate es cínico: habría que llamarlo adoctrinamiento. Pero además no es tarea del docente organizar debates políticos: así como a una maestra no se le paga para hablar de telenovelas ni de modas ni de fútbol, tampoco se le paga para emitir juicios o hacer suposiciones sobre el tema de Santiago Maldonado, sino para ajustarse en lo posible a un programa ya aprobado. Si no es ese su propósito original, está traicionando la confianza que los padres de sus alumnos depositaron en ella, máxime cuando el adoctrinamiento que perpetra supone inyectar un odio peligroso. Adoctrinar puede llegar a ser lo diametralmente opuesto a enseñar a pensar liberándose de prejuicios. La ciencia nos invita a cuestionar nuestras convicciones cada vez que la experiencia las refuta, nos invita a intentar ser más objetivos, más honestos. La ideología, en cambio, exige, como la religión, compromiso con el relato, más allá de las evidencias, y fidelidad absoluta. Hace poco se cumplió el 30 aniversario de la muerte de Fredy Rojas. Se me ocurre pensar que fue un muchacho parecido a Santiago Maldonado. Idealista e impulsivo, durante un acto del bussismo se posicionó en primera fila para repudiar la candidatura del general Bussi. Alguien de gatillo fácil le disparó en la cabeza. Quienes previamente lo adoctrinaron y lo incitaron a correr ese innecesario riesgo, consiguieron lo que, probablemente sin buscar conscientemente, deseaban: crear la imagen de un mártir para enarbolar en su causa. No le preguntaron a su madre si estaba de acuerdo en sacrificar la vida de su hijo para ese cometido. Señores padres: no permitan que sus hijos sean utilizados por irresponsables que consideran que el fin justifica los medios.

Ricardo Roberto Manai

Belgrano 63 Tafí Viejo


Santiago Maldonado II

Leí la carta “Santiago Maldonado V”, del señor Javier Guardia Bosñak (4/9), y concuerdo con él que la escuela debe ser siempre la búsqueda de la verdad y también lo que dice respecto a la solidaridad y a la sensibilidad humana; en lo que no estoy de acuerdo es en la ingenuidad de creer que al hablar de la desaparición del joven Maldonado los maestros busquen enseñar los conceptos antes vertidos, porque lamentablemente las mentes torcidas de los advenedizos están haciendo circular distintas clases de versiones que a lo mejor nada tienen que ver con la realidad, porque nadie a ciencia cierta sabe lo que realmente ocurrió. Quiera Dios que este muchacho aparezca con vida porque nada justifica una muerte y menos aún de un joven del que mucho y bueno se puede esperar y que se sepa la verdad, sea cual fuere, y afecte a quien tenga que afectar. Nada es más ruin que aceptar la concientización de niños y adolescentes con mentiras urdidas con el fin de crear adeptos a ideales propios perjudicando el buen nombre y honor de los demás. En la Alemania nazi los maestros de las escuelas fanatizaron a los que luego fueron los padres del horroroso exterminio que aun hoy nos avergüenza; no caigamos en la trampa de los inescrupulosos.

Carlos Héctor Álvarez

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Anses

No necesité de un nieto, nieta, amiga, una peluquera o cualquier otra persona para efectuar los trámites con los que supuestamente estaría, a estas alturas del año y de mi vida, cobrando la tan mentada “Reparación Histórica”. Yo, como el lector Roberto Nicolás Córdoba (5/9) llené los trámites de mi pensión a fines de noviembre/16. Creo que gracias a mis quejas por intermedio de LA GACETA mi trámite fue a la Justicia Federal para su homologación, trámite este concluido en junio/17. Hasta la fecha ni asomo de cobrar mi pensión actualizada y menos aún el retroactivo. Otra historia es la de mi jubilación, la cual fue por mí aceptada (de acuerdo a lo ofrecido por Anses) en marzo/17, pero le fue imposible hasta la fecha obtener turno a mi abogado. ¿Por qué? No saben dar respuesta ni Anses Tucumán ni Anses Buenos Aires. Entonces ¿qué queda por hacer? ¿Tal vez una intervención en la Justicia? Realmente no sé qué creer de esta tan mentada Reparación Histórica.

Juana María Farías

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