Internos del Obarrio vivieron una experiencia inédita: fueron puesteros en una feria

Como parte de su terapia de rehabilitación, algunos pacientes hacen artesanías y comidas. Ayer las vendieron en una feria de Yerba Buena

04 Sep 2017
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EMPANADILLAS Y FLORES. Eduardo Herrera, Juan Pereyra, Carlos Brandán y Juan Arréguez, en plena venta en la feria de la plaza vieja de Yerba Buena. la gaceta / foto Analía Jaramillo

Esta vez, Carlos Brandán le puso un poco más de empeño a las empanadillas que habitualmente hace para sus compañeros internados o para vender a las visitas que llegan al Obarrio a pasar tiempo con sus familiares. Para Carlos esa es su casa, su vecindario, y dentro de lo que se puede, trata de hacer una vida normal. Parece una locura, pero él, al igual que muchos internos, no está ahí por problemas mentales, sino porque no tiene otro lugar adónde ir. Carlos puede hacer de todo: cocinarse, lavarse las sábanas, acomodar su cuarto y también amasar, solo que esta vez la prueba fue más allá, porque sus productos se vendieron en una feria.

En la plaza vieja de Yerba Buena, cada 15 días, se organiza una feria de artesanos y emprendedores locales. Es un evento modesto, de no más de 20 puestos, pero que crece cada vez más. Ahí, metidos entre los otros puesteros, estuvieron Carlos y tres de sus compañeros. Además de las empanadillas, vendieron percheros y bandejas pintadas por ellos mismos. Siempre con un distintivo: una sonrisa pintada en los objetos que venden, la misma sonrisa con la que pasaron una tarde diferente, integrados con su entorno.

“De las 55 camas para pacientes crónicos (con enfermedades a largo plazo), un 60% permanece internado por problemas socio familiares. En resumen, han sido abandonados por sus familias, entonces no tienen donde ir”, explica Guadalupe Tirador, psicóloga del Obarrio, coordinadora de la Unidad de Externación de ese hospital. Ella es la encargada de que los internos transiten un camino que, en el mejor de los casos, terminará cuando dejen la internación porque ya no será necesaria. Mientras tanto, ensayan la vida de una persona que debe solventar sus necesidades, desde cocinarse hasta bañarse o buscar un medio de vida. Y la elaboración de artesanías forman parte de la terapia para recuperar esas habilidades.

El equipo de externación trabaja, por un lado, para que los internos comiencen a recuperar sus actividades de la vida diaria (AVD, como se las conoce en la jerga). Por otro lado, alientan a los pacientes a que aprendan algún oficio que les podría servir para reinsertarse en la actividad económica.

Vender es una excusa

El puesto del Obarrio era el que abría la feria de la plaza vieja, organizada por la Municipalidad de Yerba Buena y por el programa Promover Igualdad, del Ministerio de Trabajo de la Nación. Los vecinos de la zona y sus compañeros puesteros los recibieron como a todos los colegas. Esa fue la parte que más motivó a Carlos y a sus compañeros del hospital, Juan Arréguez, Juan Pereyra y Eduardo Herrera. Los tres últimos se encargaron de hacer y vender los productos pintados a mano, mientras que Carlos hizo las empanadillas, que es lo que más se vendió.

“Lo de vender o no no es lo que más nos interesa. Es una excusa. Lo que queremos es que salgan, que se animen a salir y a tratar de hacer cosas por sí mismos, porque hay personas que están internadas desde hace 15 o 20 años y se han olvidado de hacer todo, porque en el hospital tienen quién les cocine, les lave, etcétera. Son personas que pueden estar curadas de sus patologías, pero aún así no están preparadas para salir al mundo con sus propios medios”, explica la psicóloga. La experiencia para ellos fue motivante y solo esperan una cosa: volver a las ferias.

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