¿Buena vida o Vida buena?

03 Sep 2017
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LA MISA DE HOY

PBRO. MARCELO BARRIONUEVO

Pedro llevó aparte a Jesús y se puso a increparlo: “¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.” Jesús se volvió y dijo a Pedro: “Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios”. Entonces dijo a sus discípulos: “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”.

El anuncio evangélico del domingo pasado comenzaba con la pregunta: “¿Quién... es el Hijo del hombre?”. El de hoy descubre su destino y el de aquellos que le siguen: el Misterio Pascual. En el Evangelio del domingo pasado, Pedro profesó la fe en Jesús, motivado por la revelación del Padre: “Tú eres el Hijo del Dios vivo”. En el de hoy, Pedro habla según los puntos de vista humanos. “Piensas como los hombres”, le reprocha Jesús. Allí, Jesús le otorgaba las mayores prerrogativas en la Iglesia. Aquí lo corrige con dureza: “Quítate de mi vista, Satanás”. Allí dominaban la fe y los dones de Dios para bien de su Iglesia. Aquí, en cambio, la “poca fe” y las reacciones humanas. Entonces hizo a los discípulos el anuncio de la ley pascual: negarse a sí mismo, cargar con la cruz, para seguir hasta la muerte a Jesús, el resucitado; perder la vida “por mí”, para encontrarla (1ª Lect.).

Seguir a Jesucristo no se reduce a escuchar una enseñanza y tratar de ajustar nuestros pasos a ella solamente. Es, recuerda el papa Juan Pablo II, “algo mucho más radical: adherirse a la persona misma de Jesús, compartir su vida y su destino” (Veritatis Splendor, 19). Y esto, como ocurre en el amor humano auténtico o con la entrega a una causa grande y noble, es inseparable del sacrificio, del olvido de uno mismo.

Dirá Juan Pablo II: ”Jesús nos pide seguirle por nuestro Via Crucis cotidiano, no negarle las conquistas, conseguidas a veces a precios de heroísmos ocultos, que Él exige a quien quiere permanecer fiel siempre y a cualquier costa. Nos pide llevar la cruz de nuestra vida cotidiana sin retroceder, agarrándonos a Él para no caer por desconfianza o cansancio; y, desde luego, sin traicionarle jamás, en la perspectiva del juicio final: “Porque el Hijo del hombre -así termina el Evangelio de hoy- vendrá con la gloria de su Padre... y entonces pagará a cada uno según su conducta” (Mt 16,27). Y como se ha dicho seremos juzgados de amor.

De aquí que el cristiano no busca la buena vida sino la Vida buena y virtuosa, aquella que sabe que amor y sacrificio van de la mano. Aquella que busca lo esencial y primordial y no el exitismo popular secundario. En ultima instancia, la vida que quiere conquistar el cielo conquistando la tierra con el servicio a los hermanos.

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