Estados Unidos sostiene la presión sobre Maduro

Pence hace promesas a exiliados en Miami

25 Ago 2017
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APOYO. “No permitiremos que Venezuela se desmorone”, dijo Pence. reuters

WASHINGTON, Estados Unidos.- Estados Unidos está considerando sanciones adicionales contra el gobierno de Venezuela, incluida una prohibición a operar con la deuda del país.

El Wall Street Journal reportó inicialmente la posibilidad de que Estados Unidos prohíba la operación de algunos bonos venezolanos.

Otra de las opciones que baraja la Casa Blanca es la imposición de un embargo petrolero o algún otro tipo de medida relacionada con el crudo, la principal fuente de ingresos del país latinoamericano.

El diario estadounidense sostuvo que una opción sería prohibir la negociación de nueva de Venezuela o sus entidades estatales, con una exención para la deuda emitida bajo la autoridad de la Asamblea Nacional. Recientemente, la Asamblea Nacional Constituyente, dominada por los aliados del presidente Nicolás Maduro, asumió las competencias del Parlamento.

El gobierno de Donald Trump ha impuesto sanciones a Maduro y funcionarios de alto rango de su administración como castigo porque Estados Unidos considera que han contribuido con el menoscabo de la democracia en el país miembro de la OPEP.

El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, dijo el miércoles en Miami, ante los exiliados venezolanos, que su gobierno está listo para hacer más.

“Estén seguros de que bajo el liderazgo del presidente Donald Trump, Estados Unidos seguirá ejerciendo todo su poder económico y diplomático hasta que se restaure la democracia en Venezuela”, sostuvo Pence, instando a América Latina a hacer más por presionar al gobierno de Maduro.

“Estados Unidos ya ha aplicado tres rondas de sanciones contra Maduro y su círculo cercano, y vendrán más”, agregó.

Pence se reunió en Florida con representantes de la diáspora venezolana, a los que prometió que su gobierno mantendrá la presión sobre Maduro hasta que regrese a Venezuela la democracia.

“Estaremos con ustedes hasta que la democracia sea restablecida”, manifestó Pence en un discurso que pronunció en la iglesia católica de Nuestra Señora de Guadalupe en Doral, una localidad del condado de Miami en la que viven numerosos venezolanos.

Lo acompañaron el gobernador de Florida, el republicano Rick Scott, el senador Marco Rubio y el congresista Mario Díaz-Balart, estos últimos de origen cubano. Rubio se ha convertido en uno de los asesores más próximos a Trump en el tema de Venezuela.

Según los datos del censo de 2015, unos 273.000 venezolanos vivían ese año en Estados Unidos, con una tercera parte de ellos concentrados en Florida. La cifra ahora se estima mucho mayor por la llegada de más venezolanos en el último año. (DPA)

PUNTO DE VISTA

Amenazas que no ayudan

Deborah Itriago - Investigadora en políticas públicas

La oposición en Venezuela está dando una pelea impresionante, tratando de usar opciones democráticas contra lo que es -en los hechos- una dictadura que no ha respetado lo que hemos dicho los venezolanos, formal o informalmente a través de la elección de la Asamblea Nacional, el referéndum del 16 de julio o en la calle.

Se podría pensar que la oposición no está a la altura del desafío para dar batalla contra el gobierno de Nicolás Maduro, pero esa es la manera de pelear contra un gobierno que ha pasado por encima el deseo de los ciudadanos: con instrumentos democráticos. Lo contrario, por paradójico que parezca, sería situarnos al mismo nivel de nuestros opresores. En ese contexto, las amenazas de (el presidente de Estados Unidos, Donald) Trump, de intervenir militarmente en Venezuela nos hacen un flaco favor a los venezolanos.

El discurso intervencionista le da un respiro a un mensaje caduco, que aún promueven núcleos duros del chavismo. El argumento populista, que promueve que hay que hacer lo que sea, incluso violentar derechos fundamentales en contra del ¨capitalismo salvaje¨, se caía por su propio peso, y ahora se reanuda, promovido por un gobierno que se sabe perdido.

La relación de Estados Unidos con los países de América Latina no ha sido inocente. Como latinoamericanos, lo sabemos y podemos apoyar discursos que apuntan a evitar una intervención externa, por principio y porque su rol en nuestra región ha sido cuestionable en ciertos períodos históricos.

Sin embargo, Estados Unidos y Venezuela mantienen una relación comercial muy significativa para ambos. Según un informe reciente, Venezuela es el tercer proveedor de crudo de Estados Unidos. Es una contradicción esgrimir un discurso anti imperialista extremo y mantener a Estados Unidos entre los principales destinos de nuestro principal producto de exportación.

Los que ejercen el gobierno saben que, cuando sean removidos, les estarán esperando denuncias de organismos internacionales por violaciones a derechos humanos y el rechazo de millones de venezolanos por mucho tiempo. No van a volver a tener el acceso irrestricto a la alcancía, frente a la mirada indiferente de quienes deben velar por el bienestar de todos. No, no van a dejar el poder fácilmente.

El mensaje debería ser que hay que tener cautela con políticos que violentan instituciones y procesos democráticos con el argumento de que lo hacen en beneficio de todos los ciudadanos. Las instituciones pueden y deben robustecerse para lograr objetivos sociales y económicos consistentes con un desarrollo inclusivo de bases sólidas en un marco de derechos. No todos los cambios, por más idílicos que parezcan, son consistentes con ese ideal. Venezuela es la mejor prueba de ello.

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