Orientar la atención

20 Ago 2017
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LOS DESCUBRIMIENTOS. “Aprender es también aprender a orientar la atención”, sostiene Stanislas Dehane.

Por Máximo Hernán Mena - Para LA GACETA - Tucumán

“¿Y si un día nos despertáramos, todos nosotros, y descubriéramos que somos absolutamente incapaces de leer?”. Esta pregunta clave se hace Charles Kinbote, el protagonista de Pálido fuego, de Vladimir Nabokov. Lo que reafirma esta frase es lo mágico y sorprendente del hecho de que un lector, ahora, pueda entender estas palabras escritas mucho tiempo antes.

Leer no es sólo una actividad, algo que hacemos. También es un vínculo que trazamos con el mundo, una forma de “escuchar con los ojos a los muertos”, como decía Quevedo. Un modo de afirmar que los libros o los textos son cuerpos polifacéticos que nos devuelven un pálido reflejo o contraste de aquello que llevamos con nosotros. ¿Cómo hacer que los niños y jóvenes lean, o lean más? Seguramente ellos leen, y leen mucho, pero tal vez ahora más en una pantalla que en el papel. Quizás lo que haga una diferencia es leer mejor, comprender aquello que se lee, hacerlo propio. En este punto, en el libro Aprender a leer se postulan una serie de hipótesis de trabajo desde la neurociencia que no pueden ser concebidas como prescripciones. Una de ellas es el “Principio de aprendizaje activo que asocia la lectura y la escritura”. Es fundamental vincular estas dos facetas de un mismo proceso porque los sujetos toman un “rol activo y creativo”; lograr que puedan leer, pero también contar historias, sus historias, y hacerlo a través de la escritura o con la voz en alto. Esto se entrelaza con el “Principio de compromiso activo, de atención y de disfrute”. Porque para Stanislas Dehaene “aprender es también aprender a orientar la atención”, y estremecerse con algún descubrimiento. Leer, como quería Nabokov, no con el corazón ni con el cerebro, sino con la “espina dorsal”. Enseñar a leer, aprender a leer un desafío arduo, cotidiano, que no se termina, y para el cual no existen fórmulas ni soluciones. Pero es el legado de una herramienta que nos permite pensar, imaginar, conversar, y mirarnos a los ojos, como ahora.

© LA GACETA

Máximo Hernán Mena - Licenciado en Letras.

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