Analizan liberar el estacionamiento en doble fila frente a los colegios

Siguen faltando controles frente a los colegios en varias calles del centro. Esto habilita un “todo vale” a la hora de estacionar. La consecuencia: recrudecen los embotellamientos. El municipio analiza liberar las cuadras frente a ciertos establecimientos educativos.

15 Ago 2017

“¿Cuál es la solución? Si no nos dejan estacionar en doble fila, creo que sería descentralizar la ciudad: sacar las reparticiones públicas del microcentro, sacar los colegios, por ejemplo, que es algo imposible. No se me ocurre otra”. El que piensa cómo erradicar la doble fila frente a los colegios es un papá, Gustavo Ricciuti, que habla con LA GACETA minutos antes de retirar a su hijo de un establecimiento ubicado en Balcarce al 600. Ayer tuvo suerte y encontró dónde dejar el auto como se debe. Aunque asegura que no siempre es así y que actualmente no tiene cerca playas de estacionamiento. Entonces -resalta- no le queda otra que poner su auto al lado de otro, aunque sabe que eso les molesta a otros que “miran de afuera”. Cerca suyo no hay inspectores de la Dirección de Tránsito. El cuello de botella aprieta más que nunca a las 12.30 del lunes.

En España y Virgen de La Merced sucede lo mismo: doble fila, autos estacionados en las esquinas sin dejar lugar a los peatones que deben cruzar. A esto se le suman transportes escolares en doble fila que no permiten el paso a los ómnibus: la calle España es muy angosta en ese sector.

“Esto es de todos los días. No hay control municipal. Además acá hay mucho movimiento porque también vienen del Tribunal. Hasta he visto que estacionan en contramano”, comenta Celso Fernández, que tiene un almacén frente a un colegio privado.

Virgen de La Merced al 200 y primera cuadra, Balcarce desde avenida Sarmiento hasta San Martín, Marcos Paz primera cuadra, 25 de Mayo al 400, Monteagudo al 300, Santiago y Virgen de La Merced son algunas de las cuadras más problemáticas: allí la doble y la triple fila generan trabas y demoras en horas pico (12.30 o 18.30), que terminan en bocinazos y hasta en insultos.

El taxista Miguel Ángel Penseroli no sólo le echa la culpa al municipio por la falta de control, sino también a los papás. “Una mujer me contó que su marido le prohibió usar el auto para llevar a su hijo a la escuela, porque se peleó con un inspector de Tránsito cuando ella estaba en doble fila. Además, sacaba el vehículo sólo por tres o cuatro cuadras. Para eso que lo lleve caminando. Es algo muy común”, detalló.

En marzo de 2016, antes de las actividades por el Bicentenario y el Congreso Eucarístico, las autoridades municipales habían puesto “manos a la obra” para erradicar esta problemática, que resulta ser la segunda infracción en el ranking de multas de tránsito (se labran 20.000 por mes; la primera es estacionar en lugares prohibidos). Desde entonces habían incrementado los controles y -por lo tanto- también las sanciones.

Pero la doble fila sigue en pie de guerra contra el tránsito fluido, menos en contados lugares, como por ejemplo en San Martín al 500, donde ya es menos frecuente ver la doble fila de autos.

De nuevo LA GACETA pregunta cuál es la solución para erradicar la problemática y esta vez contesta Enrique Romero, subsecretario de Tránsito y Transporte del municipio capitalino. “El intendente, Germán Alfaro, está analizando mi propuesta, que es la de liberar unas 22 o 24 cuadras frente a ciertos establecimientos educativos para que estacionen en doble fila, sólo para el descenso y ascenso de los alumnos. La idea es que salga por decreto. Todavía esperamos la respuesta. Sin embargo, sí habrá control para que los papás o las mamás no se queden charlando y estén unos 20 minutos en doble fila”, detalló el funcionario.

Por otra parte, Romero resaltó la necesidad de que Educación Vial sea una materia anual, para que desde muy chicos aprendan qué está bien y qué está mal en cuanto al tránsito. “Sin educación es difícil solucionarlo”, agregó.

En cuanto al escaso control de agentes de Tránsito, dijo que sí se está llevando a cabo: “ a veces hay controles permanentes, y a veces no. La ciudad tiene unas 4.100 cuadras. Los tucumanos son transgresores, entonces ¿cómo hago para poner un varita en cada una de esas 4.100 cuadras?”.

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