El silencio de los culpables

09 Ago 2017

El viernes fue movido para algunos empleados del Instituto de la Vivienda. Eugenio Gómez Santillán, a cargo del sumario administrativo contra el coordinador de Programas Federales del IPV, Lucas Barrionuevo, citó y tomó declaración a los trabajadores de esa área. Puro humo, dijeron quienes conocen de cerca lo que sucede puertas adentro del cuestionado organismo. También recordaron la afichada en contra del sumariante hace un par de años, cuando lo acusaron de tener dos casas en un barrio del propio Instituto. Añadieron que la indagatoria fue una puesta en escena, con preguntas tales como: “¿conocen a los hermanos Nieva? ¿Marán fue favorecida por Barrionuevo?”. La investigación interna no sirvió de mucho.

Tampoco habría sido esclarecedora la intervención de la Secretaría de Vivienda de la Nación. La entidad nacional a cargo del Domingo Amaya encargó una auditoría que habría posado su mirada sobre varias obras, pero ninguna de las sospechadas. Habría otra en marcha, según las noticias que vuelan desde Buenos Aires hasta estos pagos.

Lo que más llama la atención es la falta de interés en la carta de lectores que remitió a LA GACETA el constructor Javier Zerda. En ella, el empresario denunció que Barrionuevo le exigió coimas para que una obra se ponga en marcha. A nadie le pareció extraño la confesión de ese ilícito: la fiscala a cargo de la “causa IPV” ni lo citó ni actuó de oficio; el interventor de la entidad, Gustavo Durán, no incluyó en su pesquisa interna esa denuncia; el gobernador, Juan Manzur, miró para otro lado, como si fuera normal o no le pareciera grave que se hable de sobornos.

El silencio se impuso como ese grito ratificador que representa el no decir nada. Nadie lo negó ni lo afirmó, por ende, todos reconocieron que algo de ello sucede cuando se encaran obras públicas. ¿Será que está naturalizado como parte del sistema? La cronología del “caso Viviendas” mostró todo lo malo que puede hacerse desde el Estado: nombrar en puestos clave a familiares y amigos; entregar obras a familiares y amigos; denuncias de corrupción y de exigencia de coimas.

Los involucrados y los perjudicados comienzan a decirle basta a esta red de beneficios para pocos en perjuicio de muchos. Llueven las denuncias sobre irregularidades, desde particulares que cuentan cómo y quiénes les vendieron por “izquierda” sus casas del IPV hasta empleados y funcionarios arrepentidos que desean sacarse la mochila de la culpa de haber sido parte de un sistema corrompido. Mientras tanto, en la Casa de Gobierno les formulan promesas a la familia de la Vivienda: después de octubre sacamos la roña, les avisaron. Ellos esperan que no sea otra promesa de campaña. Por lo pronto ya suenan algunos nombres de reemplazantes para Durán. Hablan de un actual funcionario urbanizador y de un ex defensor de los ciudadanos. ¿Y si estallan nuevos escándalos? Podrían voltear la estrategia del Poder Ejecutivo de no entregar la cabeza de un hombre suyo al enemigo. ¿Y si hay más funcionarios del IPV con familiares dueños de empresas constructoras? ¿Y si se comprueba que hay un modus operandi de “invitaciones” para que entre un puñado de empresas se repartan las obras por contratación directa? ¿Y si los que guardan silencio se cansan y comienzan a hablar? Silencio hospital. El Instituto está en terapia.

Que pasen las PASO

La construcción también falló en la campaña electoral, pero no de casas, sino de discursos. Las principales fuerzas que pugnarán por los votos en las primarias del domingo elevaron las banderas de la violencia verbal y los golpes bajos. Faltaron una vez más las propuestas, las ideas y los debates serios. Amenaza también con ausentarse la ciudadanía, que muestra hartazgo y enojo con unos y otros. El oficialismo, con Osvaldo Jaldo a la cabeza, confía en que mantendrá o ampliará la ventaja electoral de hace dos años. Serían más de 100.000 votos por encima de su principal contrincante, José Cano. En Cambiemos creen que achicarán esa brecha y que la diferencia será aún menor en las generales de octubre. Ambos contendientes se juegan el futuro. Los dos, o ninguno, aparecerán en las boletas de 2019, según cómo les vaya ahora.

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