Una desilusión y una oportunidad lo llevaron con su música a Brasil

La distancia siempre aporta una mirada diferente del lugar propio, un cambio de perspectiva que empuja a pensar qué tenemos para enseñarle al mundo y, sobre todo, qué tenemos que aprender. Estos son algunos tucumanos que edificaron su vida fuera del país.

06 Ago 2017
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GRAN SONRISA. Hacer música, para “Ferni”, siempre fue alegría. Foto gentileza Carlos Danna.-

TUCUMANOS POR EL MUNDO

FERNANDO BRU / RÍO DE JANEIRO

A Fernando Bru, como a sus siete hermanos, la música le corre por las venas. Siguiendo el camino abierto por su papá, el maestro Alfredo Bru, los ocho aprendieron desde muy chiquitos la destreza del manejo del arco, la delicadeza firme de tensar las cuerdas y así, con ambas manos, lograr que el universo se llene de música (De hecho, pueden armar, cuando se encuentran, un octeto de cuerdas: hay violinistas, violistas, violonchelistas y un contrabajista).

“Ferni” fue uno de los que eligió el violoncelo, aunque además, por las dudas, estudió Ciencias Económicas (¿”de qué voy a vivir si les pasa algo a mis manos”, decía, hiperresponsable como siempre, cuando no había llegado a los 20 todavía).

Sus manos no lo defraudaron; es más: su música se lo llevó a Brasil. Tanto se lo llevó que hoy, a los 57 años, cuando escribe (para responder esta entrevista, por ejemplo), el portugués se le cuela a cada rato.

- ¿Hace cuánto te fuiste? ¿Qué te llevó a partir?

- Me fui en 1986. El principal motivo para irme de Tucumán fue una gran desilusión en un concurso que al que me presenté en la Orquesta Sinfónica de la UNT para solista. Y se combinó con la gran oportunidad: una invitación para crecer y progresar en mi profesión de músico en Río de Janeiro. En el ámbito musical las cosas en Tucumán estaban estancadas y había pocas perspectivas de que mejorara.

- ¿Por qué te instalaste en ese lugar? ¿A qué te dedicás?

- Terminé instalándome en Río, contratado por la Orquesta Sinfónica Brasileira como violoncelista. Además, doy clases, toco en conjuntos de cámara, en grupos de música popular brasileña, hago grabaciones... También trabajo en proyectos sociales de música en comunidades carentes (favelas).

-¿Fue duro adaptarse a las diferencias culturales? ¿Qué aprendiste de ellas?

- No fue dura la adaptación cultural, pero sí la familiar. Aprendí muchas cosas: la riqueza de los valores de amistad y la gran sensibilidad de los hermanos brasileños.

- ¿Qué aportó Tucumán a tu formación profesional y como persona?

- Agradezco toda mi base de formación profesional a Tucumán y debo mucho de eso a mi profesor de violoncelo en el conservatorio de la Provincia, Enrique Grazioli. También fue importante la vida en una ciudad pequeña y grande a la vez, donde pude aprovechar mi familia. Esta me permitió tener una formación sólida y segura para enfrentar la vida.

- ¿Qué extrañás de Tucumán? ¿Y qué no extrañás en absoluto?

- Extraño el cerro San Javier y la familia; los amigos, los asados... No me hacen falta en absoluto el calor ni la humedad.

- ¿Qué tenemos que incorporar en la provincia o aprender de otros para crecer y mejorar?     

- Tenemos que fortalecer la cultura y la educación con mayor apoyo de las entidades privadas; hacer los transportes más eficientes y populares, y estimular con fuerza el cuidado y la preservación del medio ambiente.

-¿Volverías a Tucumán? ¿Algunas condiciones locales tendrían que cambiar para que regresaras? ¿Cuáles?

-Hoy no pienso en volver a Tucumán para vivir definitivamente, pero sí como paseo y visita. De todas formas, todo es posible y siempre estaré dispuesto a cambios.

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