Drag Queen: un mundo subterráneo sale a la luz

Pocos saben que Tucumán es el centro de la movida Drag Queen del país. Cada 8 de julio, desde hace 16 años, el boliche Diva! convoca a estos personajes de la noche a competir en brillos y exotismo.

14 Jul 2017

Madrugada del domingo 9 de julio. Los tucumanos que a la medianoche le habían dado la bienvenida al Día de la Independencia en la Casa Histórica ya están durmiendo. Es el turno de las criaturas de la noche. Las Drags Queens. Seres de fantasía, autoinventados, escapados de una mezcla de carnaval de Venecia y de marcha del orgullo gay. Personajes efímeros que duran lo que una fiesta y se esfuman con las primeras horas del día. Llegaron cargando su plumaje desde distintos rincones del país. Buenos Aires, San Juan, La Rioja, Mendoza, Salta, Jujuy y Catamarca. Confluyen en el evento “drag” más importante del año, en el boliche Diva! de Tucumán. Es la 16ª edición del concurso nacional. Se presentan 15 finalistas provinciales.

El salón está repleto. La mayoría son varones jóvenes, de 18 años en adelante, hasta 60 más o menos. La marea humana se desplaza en forma lenta, sin desbordes. Sobresalen, de los hombros para arriba, los gigantes. Altísimos, en sus plataformas de 30 centímetros, enfundados en trajes de fiesta, cargados de lentejuelas, con máscaras monstruosas o rostros maquillados, con largas pestañas, lentes de contacto rojos, blancos o amarillos, bocas rojas, uñas como navajas, pelucas al estilo de María Antonieta. Caminan lánguidamente. Se paran y conversan entre sí, con ademanes exagerados, femeninos. Ríen en forma estruendosa, burlesca. Se pellizcan las nalgas. Ignoran al resto de los mortales, pigmeos.

Frente a un balcón del primer piso, frente al escenario, se han ubicado las drags reinas de otros años. Conforman el jurado. Gaga Fire es la estrella. Deberá entregar su corona a la nueva soberana. Esta flaquísima catamarqueña de 24 años, se inició a los 18 en el mundo drag. De día es profesor de folclore, peluquero y maquillador profesional. Y es Marcos Emanuel Mansilla. “La gente no entiende que esto es un arte. Cree que somos prostitutas. Por suerte, lo que antes era tabú ahora está saliendo a la luz. La gente te contrata para fiestas, reuniones … aunque nunca terminás de recuperar lo que invertiste en vestuario, maquillaje y coreografías, lo disfrutamos mucho porque es lo que nos gusta hacer”, dice Gaga Fire (fuego, en inglés), vestida con un top con brillos, en celeste y blanco, como la bandera, y un casco amarillo como el sol.

Se abre el telón. La histórica drag La Bicha (el Julio Márbiz del Festival de Cosquín) en dupla con la transformista Dany Love presentan el espectáculo. El público aplaude, silba, aúlla. Dramatika Box, de Jujuy, hace su aparición vestida de diablo y subida a unos tacos de 27 centímetros. Un cortejo de diablillos rojos bailan en ronda un carnavalito norteño con ritmos electrónicos. De pronto los cuernos de Dramatika dan una vuelta en el aire. Cae en los brazos de la diablada que la pasea por el escenario, como una vedette. La bajan y ella pega un salto como si se resbalara y cae de espaldas desde esos rascacielos con una pierna doblada. Es el típico paso drag: el suicida. Ovación. Dramatika se queda con la segunda mención.


Lesexe Bellum mira con ojos tristes desde un rincón. Así es su personaje. Una princesa de largas pestañas, con peluca platinada. “Conocí a las drags en un boliche gay hace cuatro años, al principio no me gustaban”, confiesa la tucumana. Augusto Verón tiene ahora 20, tenía 16 cuando se introdujo en este mundo, tan distinto a como él se define a sí mismo: “tímido, me cuesta hablar en público y hacer nuevas amistades”. Ser drag le permitió no cambiar sino “darse vuelta” como una media. Mostrar la piel de adentro.

“Drag” proviene del vocablo inglés ‘arrastrar’, que hace referencia a los largos vestidos usados por varones que se visten de mujer. “Queen” es reina. Pero ocurre que también las mujeres adhieren a este movimiento. Se las llama Drag King, y es la versión masculina. Pero al menos en Tucumán, ellas no se visten de varón, como ocurre en otros lugares, sino que compiten exagerando los rasgos femeninos como los demás. En el certamen se presenta solo una, riojana, anunciada por micrófono, como rareza, “ heterosexual y madre de dos hijos”. Entre el público hay otras drags, la tucumana Gloria Oh y la salteña Luly Monf que no actuaron, y entre el jurado, Yanurix, de La Rioja, vestida como una guerrera de comic.

Ruidos de motores

El turno de Tucumán llena de expectativa. Un ruido de motor. Una avioneta aterriza en el escenario. Al fondo, sobre la pared se proyectan imágenes de un planeta y de pronto una explosión. La nave se parte al medio. Kalamity hace su aparición vestido de Principito subido a enormes plataformas. Baila y canta (en playback) junto al zorro, la flor, el rey y a otros personajes del cuento. Parece un teatro infantil. Cierra con la frase “Lo esencial es invisible a los ojos”. El jurado aplaude de pie. Una vieja drag vestida toda de blanco saca un pañuelo y se enjuga una lágrima. Primera mención.


Miss Queen Bitch también está emocionada. “Lo nuestro es un arte, una pasión. Las drags somos personas muy sensibles. Nos gusta transmitir sentimientos, como el Principito ¿viste?. Hoy mi mensaje es el amor”. Eleva sus ojos blancos y señala el extraño sombrero que completa su atuendo celeste y blanco. Es un hipocampo cargado de piedras y plumas. “El diseño es mío, yo bordé cada piedra de mi vestido; me llevó tres meses”, sonríe con orgullo. En cuanto al hipocampo “es un ser tan sensible que cuando muere su pareja se muere él también”, endulza la mirada y baja sus negras pestañas.

El telón está en el suelo y por debajo se cuelan tentáculos marrones de goma espuma. No, no son tentáculos… son raíces de un árbol enorme que desborda el escenario. La sanjuanina Drago Mendez es un árbol inmenso que representa la Pachamama, por el corazón del tronco asoma su rostro drag. A su alrededor las hojas verdes y amarillas bailan. Hay un mensaje de sufrimiento en esa naturaleza que no se entiende muy bien, pero el despliegue deslumbra. Cada show dura cuatro minutos. Y este se extiende un poco más. En el segundo cuadro Drago Mendez se convierte en pavo real. Da vueltas por el aire y cae con las piernas abiertas en tijera. La corona 2017 es suya.

Después de las cuatro de la mañana, ya nadie se aguanta el calor. Las drags se sientan de a dos, de a tres. Abandonan los tacos a un costado. También, las pelucas y los sombreros. Ahora son divas calvas o hirsutas. El show sigue con historias: el Cirque du Soleil, Los Minions, los aztecas… Aunque la coreografía sea mala y los bailarines también, se respetan códigos. No hay abucheos ni silbatinas.

Facundo Ríos está allí, vestido con ropa de cuero, con pupilent amarillos que le combinan con la remera, una cresta plateada y pestañas tan largas que le sobresalen de la cara. Tiene 19 años. Abandonó la secundaria. “Problemas en la casa”, se alza de hombros. Aunque vive con su familia se autosustenta con lo que gana en un boliche los fines de semana. Su personaje es Lady Alutrix, que significa “guerrera”. “Me bautizó mi primo, Lesexe Bellum. Soy fanático de Lady Gaga y con Augusto, mi primo, solíamos jugar frente al espejo, cuando teníamos seis o siete años, nos hacíamos vestidos con los manteles y las sábanas y nos subíamos a los tacos cuando nadie nos veía. Mantuvimos el secreto durante muchos años. En mi caso, hasta hoy, porque mi papá no sabe que me dedico a esto”, sonríe con sus dientes blanquísimos que le resaltan con el rouge. Cuenta que a los 16 años descubrió el mundo drag. “No tenía la ayuda de nadie, me las ingenié solo mirando youtube. Jamás pensé que me podía dividir en dos partes, vivir como chico y transformarme en otra persona, volverme cualquier cosa que yo quisiera. Esto es lo que me gusta de este arte”.

Miss Queen Bitch (“bitch, de perra,” aclara) también se inició joven, a los 19 años. No en Tucumán, sino en Bahía Blanca. Ahora tiene 51 años y se define como “una artista ícono, de larga trayectoria”. “Hace 17 años trabajé en el boliche Queen Club de Buenos Aires. La vida entonces era muy difícil para las drags. No como ahora que podés gozar de todos tus derechos con libertad. En aquel tiempo éramos mal mirados. Hoy esta generación puede disfrutar gracias a nuestra lucha de muchos años”, dice modulando cada palabra como maestra de escuela. Queen Bitch no se presenta al certamen. Admite que está un poquito excedida de peso. Deja escapar un largo suspiro cuando recuerda su vida. Tenía una peluquería, pero se vio obligada a dejarla para cuidar a sus padres, hasta el final; ahora solo tiene clientas particulares. “Mi madre era muy católica. Mi padre, recto, era el amor de mi vida”. Dice que le legaron muchas enseñanzas: “la ética y las buenas costumbres hacen a la persona; la alegría y la felicidad hacen a la vida”, vuelve la voz de maestra.

Es tarde. O mejor dicho, ya es de mañana. Por suerte Guillermo Friedlander no tendrá que ir a la escuela primaria donde enseña Ciencias Naturales y Matemática. Está de vacaciones. Dejará su sombrero de hipocampo en una silla y se dormirá en paz, como si acabara de volver de misa.

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