24 Abril 2004 Seguir en 
"Yo sabía que el arma que tenía guardada mi papá era vieja e inútil. Pero la saqué porque pensé que los más grandes, si la veían, iban a dejar de pegarme, y que así no se iban a meter más conmigo". Ese es, palabras más, palabras menos, el testimonio de un niño de 12 años cuya identidad se reserva, que fue aprehendido por personal de la patrulla urbana el jueves a la tarde. El chico se encontraba en una plazoleta del centro de la ciudad, muy cerca de su escuela, en compañía de un joven de 19 años, y llevaba un arma rota que no tenía proyectiles.
El niño declaró que había llevado el arma para amedrentar a alumnos más grandes que él, quienes lo habían golpeado en el baño de la escuela el martes. Por la golpiza del martes, al chico tuvieron que llevarlo a un sanatorio céntrico, donde le hicieron dos puntos en el labio superior.
El jueves el jovencito quedó detenido en la seccional primera (lo ubicaron en el Casino de Oficiales, para no mezclarlo con los adultos), y la intervención del defensor del pueblo, Luis Acosta, evitó que terminara alojado en el Hogar Belgrano.
Desesperados, los padres recurrieron a la Defensoría del Pueblo cuando los compañeros les dijeron que se lo había llevado la Policía.
Una asesora de esa Defensoría, que intervino en el caso, contó a LA GACETA que el chico estaba muy asustado. "Dijo que le habían pegado, que sabía que la pistola no servía. Que lo único que quería era que no le volvieran a pegar", relató la mujer.
El caso por portación ilegal de armas quedó radicado en el juzgado de Menores, a cargo de Agustín Aráoz, aunque el menor no es imputable, dada su edad. En el juzgado se determinó que el niño, que fue puesto a disposición de la Dirección de Familia y Minoridad, vuelva provisoriamente con sus padres, con el compromiso familiar de que cumplirán con todas las convocatorias y actividades de seguimiento del chico de que disponga la Justicia.
Aumentó la violencia
Hasta ayer, el tema no había ingresado al gabinete Psicopedagógico de la Provincia, cuyas integrantes reconocen que la violencia -en sus matices más diversos- ha aumentado en las escuelas. En un informe publicado anteayer por LA GACETA se consignó que, el año pasado, 186 alumnos del turno tarde de establecimientos de la capital provincial, fueron motivo de consulta en el Gabinete Psicopedagógico por problemas de conducta en el ámbito escolar.
En 2002, las consultas habían sido 169. Si bien no hay estadísticas de toda la provincia, las maestras de diferentes escuelas están preocupadas por el aumento de la agresividad en los chicos. Muchos de los casos no se denuncian, porque las autoridades prefieren resolverlos dentro del ámbito escolar. Sin embargo, cuando hay un caso comprobado, o una sospecha fundada, existe la obligación de denunciar el hecho.
No se informó a autoridades educativas
El caso del niño de 12 años que fue detenido en la calle el jueves mientras llevaba un arma tiene su origen dentro de la escuela a la que asistía. El chico recibió una golpiza en un baño del establecimiento, por la cual tuvo que ser atendido en un sanatorio, donde recibió dos puntos en la cara.La novedad no había llegado hasta ayer a oídos de las autoridades de Educación. La psicóloga Griselda Vallejo, jefa del Gabinete Psicopedagógico de la Provincia, se refirió a los hechos. "Por un lado, este último hecho (la portación de armas) ocurrió fuera de la escuela. En cuanto a la agresión interna al niño, el martes, es probable que lo esté manejando la propia escuela. El Gabinete interviene en la medida en que la escuela lo consulta", dijo la profesional a LA GACETA.
Según establece la Ley 6.518, los educadores y trabajadores de la salud están obligados a denunciar los casos de abuso, ya sea que estén comprobados o que haya una sospecha fundada. "Cualquier caso de violencia, sea física, emocional, sexual, familiar, de maestro a alumno o entre los propios chicos debe ser denunciado", indicó Lucrecia Mendizábal, del Servicio Social Educativo. "Lo que pasa es que muchas veces se trata de no ?judicializar? los casos, y de resolverlos dentro del ámbito escolar", agregó. En tanto, la directora de la escuela -un establecimiento público céntrico- dijo a LA GACETA que no hablará sobre el tema.
La autoridad máxima de la EGB 3, Elsa Roggero, señaló que la directora de la escuela informó del hecho a la supervisora de la zona, la cual a su vez dio intervención a una trabajadora social. Esta última se entrevistó con el chico golpeado y con el agresor. "Hubo una charla con los alumnos de 9º año (al que asiste el adolescente que golpeó al niño) y se les advirtió a los alumnos que puede haber sanciones si estos casos se repiten", dijo Roggero.
Tanto Vallejo como Mendizábal indicaron que el hecho de que convivan en el mismo espacio físico chicos de EGB3 con otros que son menores puede ser una fuente de conflictos.
El niño declaró que había llevado el arma para amedrentar a alumnos más grandes que él, quienes lo habían golpeado en el baño de la escuela el martes. Por la golpiza del martes, al chico tuvieron que llevarlo a un sanatorio céntrico, donde le hicieron dos puntos en el labio superior.
El jueves el jovencito quedó detenido en la seccional primera (lo ubicaron en el Casino de Oficiales, para no mezclarlo con los adultos), y la intervención del defensor del pueblo, Luis Acosta, evitó que terminara alojado en el Hogar Belgrano.
Desesperados, los padres recurrieron a la Defensoría del Pueblo cuando los compañeros les dijeron que se lo había llevado la Policía.
Una asesora de esa Defensoría, que intervino en el caso, contó a LA GACETA que el chico estaba muy asustado. "Dijo que le habían pegado, que sabía que la pistola no servía. Que lo único que quería era que no le volvieran a pegar", relató la mujer.
El caso por portación ilegal de armas quedó radicado en el juzgado de Menores, a cargo de Agustín Aráoz, aunque el menor no es imputable, dada su edad. En el juzgado se determinó que el niño, que fue puesto a disposición de la Dirección de Familia y Minoridad, vuelva provisoriamente con sus padres, con el compromiso familiar de que cumplirán con todas las convocatorias y actividades de seguimiento del chico de que disponga la Justicia.
Aumentó la violencia
Hasta ayer, el tema no había ingresado al gabinete Psicopedagógico de la Provincia, cuyas integrantes reconocen que la violencia -en sus matices más diversos- ha aumentado en las escuelas. En un informe publicado anteayer por LA GACETA se consignó que, el año pasado, 186 alumnos del turno tarde de establecimientos de la capital provincial, fueron motivo de consulta en el Gabinete Psicopedagógico por problemas de conducta en el ámbito escolar.
En 2002, las consultas habían sido 169. Si bien no hay estadísticas de toda la provincia, las maestras de diferentes escuelas están preocupadas por el aumento de la agresividad en los chicos. Muchos de los casos no se denuncian, porque las autoridades prefieren resolverlos dentro del ámbito escolar. Sin embargo, cuando hay un caso comprobado, o una sospecha fundada, existe la obligación de denunciar el hecho.
El caso del niño de 12 años que fue detenido en la calle el jueves mientras llevaba un arma tiene su origen dentro de la escuela a la que asistía. El chico recibió una golpiza en un baño del establecimiento, por la cual tuvo que ser atendido en un sanatorio, donde recibió dos puntos en la cara.La novedad no había llegado hasta ayer a oídos de las autoridades de Educación. La psicóloga Griselda Vallejo, jefa del Gabinete Psicopedagógico de la Provincia, se refirió a los hechos. "Por un lado, este último hecho (la portación de armas) ocurrió fuera de la escuela. En cuanto a la agresión interna al niño, el martes, es probable que lo esté manejando la propia escuela. El Gabinete interviene en la medida en que la escuela lo consulta", dijo la profesional a LA GACETA.
Según establece la Ley 6.518, los educadores y trabajadores de la salud están obligados a denunciar los casos de abuso, ya sea que estén comprobados o que haya una sospecha fundada. "Cualquier caso de violencia, sea física, emocional, sexual, familiar, de maestro a alumno o entre los propios chicos debe ser denunciado", indicó Lucrecia Mendizábal, del Servicio Social Educativo. "Lo que pasa es que muchas veces se trata de no ?judicializar? los casos, y de resolverlos dentro del ámbito escolar", agregó. En tanto, la directora de la escuela -un establecimiento público céntrico- dijo a LA GACETA que no hablará sobre el tema.
La autoridad máxima de la EGB 3, Elsa Roggero, señaló que la directora de la escuela informó del hecho a la supervisora de la zona, la cual a su vez dio intervención a una trabajadora social. Esta última se entrevistó con el chico golpeado y con el agresor. "Hubo una charla con los alumnos de 9º año (al que asiste el adolescente que golpeó al niño) y se les advirtió a los alumnos que puede haber sanciones si estos casos se repiten", dijo Roggero.
Tanto Vallejo como Mendizábal indicaron que el hecho de que convivan en el mismo espacio físico chicos de EGB3 con otros que son menores puede ser una fuente de conflictos.







