El patriarcado no se consolida, sino que está en decadencia

“Ya no hay hombres”, dice un psicoanalista.

30 Jun 2017
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LUCIANO LUTEREAU. El psicoanalista y doctor en Filosofía dictará hoy y mañana un curso sobre lo que enseñan las neurosis de lo femenino. Los Andes.-

En los últimos años la cuestión de la feminidad ha cobrado un interés renovado en la teoría psicoanalítica. Sin embargo, también podría destacarse un extravío habitual del que muchas publicaciones acusan recibo: la suposición de que habría una especie de concepción psicoanalítica acerca de lo que es ser una mujer. Es en este contexto que este fin de semana se dictará el curso “Género y sexuación: ¿qué nos enseñan las neurosis de lo femenino?”. En su transcurso se explorará lo que se podría llamar “clínica de las posiciones femeninas”.

Se trata de un curso de extensión que comenzará hoy a las 16 (hasta las 20) y continuará mañana de 9 a 15 en la Facultad de Psicología de la UNT, y cuya responsable académica es la profesora Fabiana Lávaque.

El curso será dictado por Luciano Lutereau, psicoanalista, doctor en Filosofía y en Psicología de la Universidad de Buenos Aires, donde trabaja como docente e investigador. Además, coordina la Licenciatura en Filosofía de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES). Escribió varios libros, entre ellos: “Ya no hay hombres. Ensayos sobre la destitución masculina” (Galerna, 2016) y, más recientemente, “Edipo y violencia. Por qué los hombres odian a las mujeres”, publicado por la editorial Letras del Sur. A continuación, sus conceptos principales:

- ¿Qué tiene para decir el psicoanálisis sobre el género?   

- La cuestión de la diferencia sexuada está en el corazón del psicoanálisis. De qué modo lo masculino y lo femenino pueden pensarse de una forma no binaria es uno de los descubrimientos fundamentales de Sigmund Freud. Lo mismo podría decirse de la heterosexualidad y la homosexualidad, que en la perspectiva freudiana no son opuestos, sino que se requieren y fundamentan recíprocamente. El psicoanálisis cuestiona todos los binarismos estereotipados y la heteronormatividad, pero no renuncia a la diferencia sexuada, es decir, a lo sexual como aquello que instituye una diferencia, que no puede ser subsumido bajo una identidad.

- ¿Por qué el psicoanálisis se interesa en lo femenino?

- Porque lo femenino pone en cuestión la lógica fálica, el deseo apropiante del macho y la violencia constitutiva de la masculinidad. El psicoanálisis es una condición para una posición feminista reflexiva, que no recaiga en un esencialismo romántico de la feminidad ni en una victimización de las mujeres.

- ¿Está de acuerdo con la perspectiva de género respecto del papel del patriarcado en la actualidad?

- Sin duda vivimos en una sociedad machista, pero la hipótesis del patriarcado es mucho más compleja, y tiene matices. En más de un sentido, la violencia actual se debe a la decadencia del orden patriarcal antes que a su consolidación. El patriarcado es un sistema de organización que excluye a las mujeres de la violencia. Eso implica una desigualdad, porque si la violencia es propiedad de los hombres (lo cual justifica que tradicionalmente hayan sido quienes, por ejemplo, fueron a la guerra), son ellos también los que quedan a cargo de los espacios públicos. Dicho de otro modo, el patriarcado no sería la versión imaginaria que propone una dominación unilateral de las mujeres (esclavos) por los hombres (amos), sino que tendría una complejidad mayor: si el espacio público es masculino, no sólo los hombres deben morir en caso de una guerra, sino que las mujeres quedan excluidas del goce. De este modo, otra institución patriarcal es el batirse a duelo: ante la sospecha de infidelidad, un hombre supone la existencia de otro hombre con el cual debe pelear. No es esta la coordenada que encontramos en muchos de los casos de violencia de género de nuestra época. Muchos de los femicidios actuales se explican más por una suposición de goce a la mujer, que es insoportable para el hombre, que por su exclusión.

- ¿Considera que hay una feminización del mundo contemporáneo?

- En absoluto. Creo más bien que hay una destitución de la masculinidad en el mundo contemporáneo, pero eso no es una feminización. Desde hace algunos años se habla, en el contexto del psicoanálisis, de cierta “feminización del mundo”. La expresión es curiosa: retoma, por un lado, la llamada “estetización de la vida cotidiana”, de la que algunos filósofos han hablado desde los 80 hasta nuestros días; pero también, por otro, agrega un matiz suplementario, referido a una cuestión de las posiciones sexuadas. En sentido amplio, la concepción vulgar entiende esta expresión en función de una mayor disposición de las mujeres para acceder a lugares anteriormente ocupados por varones. No obstante, no podría afirmarse con certeza que esto sea algo universal, como tampoco que este acceso sea un índice de feminidad. En varios casos no demuestra más que la aptitud masculina de algunas mujeres, su competencia para la destreza fálica. Antes que un ascenso de lo femenino a la esfera pública, determinados fenómenos sociales contemporáneos demuestran que los hombres (varones y mujeres) ya no tienen interés en continuar asociados a la demostración de potencia. Como dice una canción de Babásonicos: “No esperes nada de mí”, o bien la publicidad de esa marca de chicles en la que un muchacho seduce a una mujer con una mentira que luego confiesa, y eso no le produce vergüenza, al contrario, ¡a ella le parece encantador!

- ¿Qué enseña el psicoanálisis sobre la relación entre hombres y mujeres hoy en día?

- En cierta ocasión, un paciente anunciaba su separación en los siguientes términos: “soltero de nuevo”. La pregunta con que lo interpelé fue inequívoca: “¿soltero o en adopción?”. En el mundo de la destitución masculina “ya no hay hombres”, como suelen quejarse muchas mujeres, sino que “somos todos niños”: vivimos en un mundo de vínculos infantilizados, en el que en las relaciones entre hombres y mujeres se reeditan frustraciones y berrinches maternizados. En un mundo que sólo ofrece la posibilidad de consumir a falta de tener experiencia, el malestar entre hombres y mujeres supera el malentendido estructural de la comedia entre los sexos, y se vuelve la parodia de los niños que juegan a estar de novios. Se está con el otro, pero cada uno en la suya.

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