Video: los puesteros defienden su labor ante la falta de oportunidades

Las ferias se nutren de la mercadería que llega desde otros países.

22 Jun 2017

Florencia Rodríguez atendió cada consulta de los visitantes de la feria por los precios de oferta. Respondía en medio de montañas de ropa usada que yacían en grandes mesones de madera ubicados uno a lado del otro. Era sábado al mediodía y el principal día de ventas en el mercado más popular de Banda del Río Salí, al este del Gran San Miguel de Tucumán.

“Vivimos de esto”

La mujer, de 23 años, cuidó cada movimiento que había en su puesto de una de las cuadras más antiguas de la feria. Lo hacía junto a su esposo Luis Medrano, de 27 años. “Empecé detrás de mi marido. Nos juntamos, tuvimos un bebé y empezamos con la feria de ropa americana”, contó Rodríguez.

“No traemos droga, no traemos nada (ilegal). Vivimos de esto”, enfatizó la joven, para evitar malentendidos.

Rodríguez y su marido sobrellevaron los controles de las fuerzas de seguridad que se concretaron hasta hace unos 10 días. Ellos traen los productos desde Jujuy.

Enrique Medina, de 57 años, ha participado en las ferias hace casi tres décadas. “Compramos (en la frontera) lo que podemos vender aquí (por el monto). Una camionada, como hacen otros, no podemos traer”, enfatizó.

“Con lo que vendés acá, tenés que mantener tu casa, tu hijo, la escuela, y encima la luz, el gas (por los aumentos de las tarifas de los servicios)”, explicó el hombre, con un dejo de angustia.

En Tucumán, las ferias conocidas y más concurridas funcionan, además de Banda del Río Salí, en Alderetes, Ranchillos, El Manantial, El Colmenar y Yerba Buena.

Los feriantes consiguen en las zonas de frontera (Salta o Jujuy) bolsones de 120 remeras o más de 90 camperas, entre otros tamaños, con precios que van desde los $ 5.000 hasta los $ 10.000.

Más puestos informales

Días atrás, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa dio a conocer su informe sobre la venta ilegal en el país. En ese trabajo reflejó que en San Miguel de Tucumán hubo un aumento de la cantidad de puestos informales. Desde agosto se incrementó el número de 1.620 a 1.947 puesteros. Esa variación ha significado el ascenso del décimo al octavo lugar entre las ciudades argentinas con mayor cantidad de “saladitas”, de acuerdo con el relevamiento.

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