Visita de una italiana que habla con las almas

Mañana se realizará una jornada de espiritualidad en San Ramón Nonato.

28 Abril 2017
Mirella Pizzioli es una señora italiana, casada con Bruno Migani, y vive en el bonito pueblo de Santarcángelo di Romagna, 100 kilómetros hacia el este de la ciudad de Bolonia. Hasta allí nada llama la atención de esta mujer, de no ser porque tiene un don especial: puede comunicarse con las almas. Gracias a esta característica extraordinaria de su personalidad, recorre el mundo dando mensajes a quienes lo solicitan, especialmente a los que están angustiados y requieren una palabra de aliento, afirma María Sáez, la tucumana que la traerá a Tucumán este fin de semana.

Pizzioli estará mañana en la parroquia de San Ramón Nonato, en el marco de una jornada de espiritualidad que comenzará a las 16 en el templo de Buenos Aires al 3.100. Dictará una conferencia a las 18 sobre “Bautismo de amor y reparación espiritual por los niños no nacidos”.

Por otra parte, el sábado 6, en el Hotel del Jardin dictará otra conferencia sobre “La vida después de la vida”. “En esta charla Mirella nos hablará sobre las personas que habíamos amado y que ya se fueron pero que no están muertas, sino que viven, y sus espíritus nos protegen”, explicó. Esa actividad se realizará a las 15.30, ocasión en la que hablará también sobre “El amor de Dios”, y luego realizará una sanación interior.

Pizzioli se presenta como una misionera que hace más de 40 años tiene el don maravilloso de conectarse con las almas del mundo celestial. Afirma que puede tomar contacto con la Virgen, con los ángeles y con Jesús.

Sus experiencias están plasmadas en el libro “Jesús Luz del mundo”. Desde hace más de 20 años ha elegido recorrer el mundo para dar su testimonio de la realidad de la vida eterna. “Mirella ve y escucha a las santas almas del cielo y del santo purgatorio, a los ángeles, a la Virgen Santísima y a Jesús; y nos transmite sus mensajes llenos de paz y consuelo para fortificarnos en la fe, alentar nuestra esperanza, y encender la caridad”, señaló María Sáez.

“Siempre pido que no me llamen vidente o carismática, porque yo sólo veo lo que Dios quiere y todo sucede con naturalidad para mí. Por lo tanto ver no es ninguna tarea. Prefiero que me refieran como un instrumento de oración”, explica la misionera.

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