10 Enero 2017 Seguir en 

El filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman, cuyo concepto de “modernidad líquida” ha sido clave para describir un mundo contemporáneo en el que se pierden las raíces y en el que la identidad es el consumismo, falleció en Inglaterra, a los 91 años.
Fue autor de ensayos como “Vida líquida”, “Amor líquido”, “Vidas desperdiciadas”, “Trabajo, consumismo y nuevos pobres”; “La posmodernidad y sus descontentos”; “La globalización: consecuencias humanas”; y “Modernidad y Holocausto” , “Ceguera moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida”, “Extraños llamando a la puerta” (su último título, sobre el impacto en la sociedad occidental de las oleadas migratorias). Bauman se caracterizó por su inteligencia para leer e interpetar esa “vida moderna líquida, sin vínculos permanentes” que parece refejar el espíritu de estos tiempos.
Nacido en 1925 en el seno de una familia humilde, huyó del nazismo y se trasladó a la URSS para regresar posteriormente a Polonia, donde militó en el Partido Comunista y fue profesor de filosofía y sociología en la Universidad de Varsovia.
La política antisemita del gobierno comunista después de los sucesos de marzo de 1968 lo obligó a abandonar de nuevo Polonia. Bauman logró llegar a millones de lectores en el mundo gracias al desarrollo de un lenguaje llano, ameno y despoblado de tecnicismos, y de conceptos complejos pero de sencilla asimilación, como lo fue el de “modernidad líquida”, uno de los mayores aciertos de la sociología contemporánea.
Profesor de la Universidad de Leeds (Inglaterra, donde vivió hasta su muerte), había recibido en 1992 el premio Amalfi de Sociología y Ciencias Sociales, y en 1998 el premio Theodor W. Adorno otorgado por la ciudad de Frankfurt. Además, en 2010 le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, por su estudio a fondo de la condición social del hombre posmoderno en un mundo inestable y de valores perecederos.
En la semblanza póstuma que hizo la agencia Télam, se explica el concepto con el que Bauman sin duda trascenderá. Se plantea allí que el concepto de “modernidad líquida” planteado por el sociólogo polaco en sus libros más leídos se opondría a la modernidad como la conocemos; la “modernidad sólida”, en la que las creencias políticas y religiosas y el mundo de la familia y el trabajo son centrales, frente a las actuales estructuras sociales, pasajeras y lábiles.
Con este concepto clave y el desarrollo de una obra en la que se analizan problemas urgentes de la civilización contemporánea Bauman se convirtió, desde mediados de los años 90, en una de las voces indispensables de este siglo para comprender las características y devenires del hombre actual.
En uno de sus libros más famosos, “Vida líquida”, que apareció en librerías argentinas en 2006, Bauman desgranaba una serie de impresiones sobre la existencia cotidiana en sociedades que privilegian la velocidad por sobre la duración y en la que todo tiene fecha de caducidad. Allí Bauman señalaba que las vidas de los individuos se definen por la precariedad y la incertidumbre. Teniendo en cuenta todo esto, y dada la velocidad de los cambios, la vida consistiría hoy en una serie inacabable de nuevos comienzos, pero también de finales recurrentes.
Pensador centrado en la idea de una vida ética en comunidad y en sus críticas a un mundo desigual, fue un crítico agudo del consumismo y así lo analizó en sus diferentes obras. Catalogó el “síndrome consumista” por la exaltación de “la rapidez, el exceso y el desperdicio”. “Poblar el mundo con personas que se interesen por los demás no figura en el mapa de la utopía consumista”, denunció Bauman en sus textos.
Fue autor de ensayos como “Vida líquida”, “Amor líquido”, “Vidas desperdiciadas”, “Trabajo, consumismo y nuevos pobres”; “La posmodernidad y sus descontentos”; “La globalización: consecuencias humanas”; y “Modernidad y Holocausto” , “Ceguera moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida”, “Extraños llamando a la puerta” (su último título, sobre el impacto en la sociedad occidental de las oleadas migratorias). Bauman se caracterizó por su inteligencia para leer e interpetar esa “vida moderna líquida, sin vínculos permanentes” que parece refejar el espíritu de estos tiempos.
Nacido en 1925 en el seno de una familia humilde, huyó del nazismo y se trasladó a la URSS para regresar posteriormente a Polonia, donde militó en el Partido Comunista y fue profesor de filosofía y sociología en la Universidad de Varsovia.
La política antisemita del gobierno comunista después de los sucesos de marzo de 1968 lo obligó a abandonar de nuevo Polonia. Bauman logró llegar a millones de lectores en el mundo gracias al desarrollo de un lenguaje llano, ameno y despoblado de tecnicismos, y de conceptos complejos pero de sencilla asimilación, como lo fue el de “modernidad líquida”, uno de los mayores aciertos de la sociología contemporánea.
Profesor de la Universidad de Leeds (Inglaterra, donde vivió hasta su muerte), había recibido en 1992 el premio Amalfi de Sociología y Ciencias Sociales, y en 1998 el premio Theodor W. Adorno otorgado por la ciudad de Frankfurt. Además, en 2010 le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, por su estudio a fondo de la condición social del hombre posmoderno en un mundo inestable y de valores perecederos.
En la semblanza póstuma que hizo la agencia Télam, se explica el concepto con el que Bauman sin duda trascenderá. Se plantea allí que el concepto de “modernidad líquida” planteado por el sociólogo polaco en sus libros más leídos se opondría a la modernidad como la conocemos; la “modernidad sólida”, en la que las creencias políticas y religiosas y el mundo de la familia y el trabajo son centrales, frente a las actuales estructuras sociales, pasajeras y lábiles.
Con este concepto clave y el desarrollo de una obra en la que se analizan problemas urgentes de la civilización contemporánea Bauman se convirtió, desde mediados de los años 90, en una de las voces indispensables de este siglo para comprender las características y devenires del hombre actual.
En uno de sus libros más famosos, “Vida líquida”, que apareció en librerías argentinas en 2006, Bauman desgranaba una serie de impresiones sobre la existencia cotidiana en sociedades que privilegian la velocidad por sobre la duración y en la que todo tiene fecha de caducidad. Allí Bauman señalaba que las vidas de los individuos se definen por la precariedad y la incertidumbre. Teniendo en cuenta todo esto, y dada la velocidad de los cambios, la vida consistiría hoy en una serie inacabable de nuevos comienzos, pero también de finales recurrentes.
Pensador centrado en la idea de una vida ética en comunidad y en sus críticas a un mundo desigual, fue un crítico agudo del consumismo y así lo analizó en sus diferentes obras. Catalogó el “síndrome consumista” por la exaltación de “la rapidez, el exceso y el desperdicio”. “Poblar el mundo con personas que se interesen por los demás no figura en el mapa de la utopía consumista”, denunció Bauman en sus textos.
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