EN LA RURAL. Presentación del libro. LA GACETA / INÉS QUINTEROS ORIO.
27 Noviembre 2016 Seguir en 

El campo tucumano aporta, mediante las operaciones de comercio exterior, el 80% de las divisas que recibe la economía local. Además, genera cientos de miles de puestos de empleo en el territorio provincial. No obstante, pese a su potencialidad, el campo -y el Gobierno local- enfrentan el desafío de resolver problemas exógenos, que no puede manejar, para optimizar el desempeño y la productividad. Las mejoras en infraestructura de transporte y de energía, y la presión tributaria son los principales obstáculos que aparecen en el horizonte más cercano del sector, y que están al alcance de los actores locales.
Sobre estos conceptos se apoya el libro “El aporte del campo y de la agroindustria a la economía de Tucumán”, que presentaron esta semana, en la Sociedad Rural de Tucumán (SRT), los economistas Osvaldo Meloni y Ana María Cerro, docentes de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNT (FACE). El libro fue requerido por la SRT, que aportó datos e informes sectoriales, mientras que el desarrollo de la investigación y de las mediciones estuvieron a cargo de Meloni y de Cerro, quienes conformaron un equipo de trabajo con Maximiliano San Millán, egresado de la FACE, y con Isolina Zerda, alumna de la carrera de Economía de la UNT.
El objetivo del trabajo de investigación, que se prolongó de marzo a septiembre de este año, fue medir la contribución de la agroindustria al Producto Bruto Geográfico (PBG) de Tucumán. Para organizar la investigación, los autores relevaron datos de 2015. “En general, cuando se analiza la participación del agro en el PBG se dejan de lado los eslabonamientos hacia atrás y hacia adelante de la cadena productiva”, observó Meloni. Entonces, según explicó el especialista, para incluir estas variables, y para cuantificar el impacto del agro en la economía, se utilizó la matriz insumo-producto, un modelo de cálculo que permite la medición del impacto y la interrelación de cada una de las actividades económicas que intervienen en la cadena de producción. “Esta matriz computa el impacto de los eslabones que aportan al campo y que permiten su desarrollo en la economía”, sostuvo Meloni.
El impacto directo de las agroindustrias en el PBG de la provincia es del 19%, según detallaron los autores durante la presentación del libro, aunque recalcaron que se agrega un 6% adicional que generan aquellas actividades económicas que conforman los eslabones de la cadena de valor.
Otro de los factores que aborda la investigación fue el empleo que aporta el campo. Según detallaron los autores, las agroindustrias generaron, en 2015, 104.000 puestos trabajo equivalentes en Tucumán, más otros 27.000 puestos de empleo fuera de la provincia. Según explicó Meloni, los puestos de empleo equivalentes reflejan la cantidad de trabajos continuos y anuales en el agro, y no incluyen a aquellos temporarios. “Por lo tanto, son muchos más de 104.000”, subrayó el economista.
Qué puede hacer Tucumán
En el desempeño del campo intervienen factores exógenos que los productores, los industriales del sector y el propio Gobierno local no pueden controlar. Uno de ellos es el clima, determinante para los rendimientos de los suelos y de los cultivos. Otro es el tipo de cambio real, que administra el Gobierno nacional, y que depende de las políticas monetarias que defina el Banco Central. Y también se agregan los precios internacionales de los productos de exportación.
Sobre este aspecto, Cerro indicó que, en 2015, los precios internos y externos, tanto del azúcar como del limón, no resultaron tan favorables como en 2016. “(El año pasado) hubo un fuerte atraso cambiario, similar al que tenía la economía argentina antes de la devaluación (del peso) en 2002. Además, el precio del azúcar estuvo muy bajo, pese a la elevada inflación”, señaló la economista, durante una charla con DINERO.
Por otro lado, Cerro también analizó la situación del citrus, que en 2014 registró una fuerte caída como consecuencia de problemas climáticos, y que en 2015, cuando los autores desarrollaron la investigación para el libro, comenzó a recuperarse. “Son factores exógenos que Tucumán no puede controlar. Por esto, el desafío es pensar cuáles son los elementos que sí se pueden manejar para mejorar la productividad y la rentabilidad del campo, teniendo en cuenta que aporta el 80% de las divisas para la economía local”, insistió la docente.
Sostuvo que, para optimizar la competitividad de las agroindustrias urgen las inversiones en infraestructura, sobre todo relacionada al transporte para llevar la producción hacia los centros de distribución y hacia los puertos. “En 2015, el flete tuvo una incidencia del 40% en el costo de producción del maíz, y del 20% en la soja. Sin dudas, son componentes fundamentales en los costos y, por lo tanto, en la rentabilidad del sector. A esto suma el estado de los caminos rurales. Son puntos en los aún resta mucho por hacer”, recalcó Cerro.
El otro aspecto en el cual Tucumán puede mejorar es en la presión impositiva que recae sobre el campo. La economista destacó los avances que hubo con la quita de las retenciones a las exportaciones de granos, aunque advirtió que fue una decisión adoptada por el Gobierno nacional. “En Tucumán hay alícuota cero para muchos cultivos, pero se renueva cada año. Si bien no tiene una incidencia directa en el año, al no estar legislado genera una incertidumbre respecto de la rentabilidad futura del sector”, advirtió.
Además, en relación al esquema tributario local, que se aplica sobre los agronegocios, Cerro subrayó el efecto distorsivo que tiene el impuesto sobre los Ingresos Brutos. “Es uno de los más nocivos para las actividades económicas. Tiene un efecto en cascada, que se aplica en toda la cadena de producción. Es decir que se tributa sobre el tributo. Aunque todas las provincias cobran Ingresos Brutos, Tucumán debería focalizarse en cómo cambiar la dirección hacia otros tributos menos nocivos desde el punto de vista de la eficiencia económica”, observó la docente.
Finalmente, los autores de la investigación coincidieron en que las agroindustrias, con el apoyo de las autoridades provinciales, deben diseñar estrategias conjuntas para aprovechar las ventajas exógenas que favorecen el desempeño del sector, como la recuperación actual que registran los precios internacionales de los principales productos de exportación.

Sobre estos conceptos se apoya el libro “El aporte del campo y de la agroindustria a la economía de Tucumán”, que presentaron esta semana, en la Sociedad Rural de Tucumán (SRT), los economistas Osvaldo Meloni y Ana María Cerro, docentes de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNT (FACE). El libro fue requerido por la SRT, que aportó datos e informes sectoriales, mientras que el desarrollo de la investigación y de las mediciones estuvieron a cargo de Meloni y de Cerro, quienes conformaron un equipo de trabajo con Maximiliano San Millán, egresado de la FACE, y con Isolina Zerda, alumna de la carrera de Economía de la UNT.
El objetivo del trabajo de investigación, que se prolongó de marzo a septiembre de este año, fue medir la contribución de la agroindustria al Producto Bruto Geográfico (PBG) de Tucumán. Para organizar la investigación, los autores relevaron datos de 2015. “En general, cuando se analiza la participación del agro en el PBG se dejan de lado los eslabonamientos hacia atrás y hacia adelante de la cadena productiva”, observó Meloni. Entonces, según explicó el especialista, para incluir estas variables, y para cuantificar el impacto del agro en la economía, se utilizó la matriz insumo-producto, un modelo de cálculo que permite la medición del impacto y la interrelación de cada una de las actividades económicas que intervienen en la cadena de producción. “Esta matriz computa el impacto de los eslabones que aportan al campo y que permiten su desarrollo en la economía”, sostuvo Meloni.
El impacto directo de las agroindustrias en el PBG de la provincia es del 19%, según detallaron los autores durante la presentación del libro, aunque recalcaron que se agrega un 6% adicional que generan aquellas actividades económicas que conforman los eslabones de la cadena de valor.
Otro de los factores que aborda la investigación fue el empleo que aporta el campo. Según detallaron los autores, las agroindustrias generaron, en 2015, 104.000 puestos trabajo equivalentes en Tucumán, más otros 27.000 puestos de empleo fuera de la provincia. Según explicó Meloni, los puestos de empleo equivalentes reflejan la cantidad de trabajos continuos y anuales en el agro, y no incluyen a aquellos temporarios. “Por lo tanto, son muchos más de 104.000”, subrayó el economista.
Qué puede hacer Tucumán
En el desempeño del campo intervienen factores exógenos que los productores, los industriales del sector y el propio Gobierno local no pueden controlar. Uno de ellos es el clima, determinante para los rendimientos de los suelos y de los cultivos. Otro es el tipo de cambio real, que administra el Gobierno nacional, y que depende de las políticas monetarias que defina el Banco Central. Y también se agregan los precios internacionales de los productos de exportación.
Sobre este aspecto, Cerro indicó que, en 2015, los precios internos y externos, tanto del azúcar como del limón, no resultaron tan favorables como en 2016. “(El año pasado) hubo un fuerte atraso cambiario, similar al que tenía la economía argentina antes de la devaluación (del peso) en 2002. Además, el precio del azúcar estuvo muy bajo, pese a la elevada inflación”, señaló la economista, durante una charla con DINERO.
Por otro lado, Cerro también analizó la situación del citrus, que en 2014 registró una fuerte caída como consecuencia de problemas climáticos, y que en 2015, cuando los autores desarrollaron la investigación para el libro, comenzó a recuperarse. “Son factores exógenos que Tucumán no puede controlar. Por esto, el desafío es pensar cuáles son los elementos que sí se pueden manejar para mejorar la productividad y la rentabilidad del campo, teniendo en cuenta que aporta el 80% de las divisas para la economía local”, insistió la docente.
Sostuvo que, para optimizar la competitividad de las agroindustrias urgen las inversiones en infraestructura, sobre todo relacionada al transporte para llevar la producción hacia los centros de distribución y hacia los puertos. “En 2015, el flete tuvo una incidencia del 40% en el costo de producción del maíz, y del 20% en la soja. Sin dudas, son componentes fundamentales en los costos y, por lo tanto, en la rentabilidad del sector. A esto suma el estado de los caminos rurales. Son puntos en los aún resta mucho por hacer”, recalcó Cerro.
El otro aspecto en el cual Tucumán puede mejorar es en la presión impositiva que recae sobre el campo. La economista destacó los avances que hubo con la quita de las retenciones a las exportaciones de granos, aunque advirtió que fue una decisión adoptada por el Gobierno nacional. “En Tucumán hay alícuota cero para muchos cultivos, pero se renueva cada año. Si bien no tiene una incidencia directa en el año, al no estar legislado genera una incertidumbre respecto de la rentabilidad futura del sector”, advirtió.
Además, en relación al esquema tributario local, que se aplica sobre los agronegocios, Cerro subrayó el efecto distorsivo que tiene el impuesto sobre los Ingresos Brutos. “Es uno de los más nocivos para las actividades económicas. Tiene un efecto en cascada, que se aplica en toda la cadena de producción. Es decir que se tributa sobre el tributo. Aunque todas las provincias cobran Ingresos Brutos, Tucumán debería focalizarse en cómo cambiar la dirección hacia otros tributos menos nocivos desde el punto de vista de la eficiencia económica”, observó la docente.
Finalmente, los autores de la investigación coincidieron en que las agroindustrias, con el apoyo de las autoridades provinciales, deben diseñar estrategias conjuntas para aprovechar las ventajas exógenas que favorecen el desempeño del sector, como la recuperación actual que registran los precios internacionales de los principales productos de exportación.
ERFIL
Osvaldo Meloni
Es docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNT, donde se graduó en 1985. Obtuvo el Master of Arts Economics de la Universidad de California, en Los Ángeles (EEUU) y un doctorado en la Universidad de San Andrés. Integra el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNT.
Ana María Cerro
Actualmente, se desempeña como docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNT, donde consiguió la licenciatura en 1983. En 2006 obtuvo el doctorado en Economía en la misma casa de altos estudios. Integra el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNT.
PERFILES
Osvaldo Meloni
Es docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNT, donde se graduó en 1985. Obtuvo el Master of Arts Economics de la Universidad de California, en Los Ángeles (EEUU) y un doctorado en la Universidad de San Andrés. Integra el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNT.

Ana María Cerro
Actualmente, se desempeña como docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNT, donde consiguió la licenciatura en 1983. En 2006 obtuvo el doctorado en Economía en la misma casa de altos estudios. Integra el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNT.







