Las políticas brasileñas luchan contra el machismo

Hay quienes sostienen que Dilma cayó por una cuestión de género, pero más allá del debate lo real es que los hombres tienen todo el control

DESTITUIDA. Dilma se quejó porque no la trataron igual que a los hombres. REUTERS DESTITUIDA. Dilma se quejó porque no la trataron igual que a los hombres. REUTERS
LA  GACETA
Por LA GACETA 10 Septiembre 2016

Simon Romero y Anna Jean Kaiser - The New York Times

En un acalorado pasaje del juicio de destitución de Dilma Rousseff, un senador que impulsaba su salida decidió que algunas de sus colegas en la Cámara necesitaban una reprimenda. “Cálmense, niñas”, les dijo el senador Cassio Cunha Lima, parte de una dinastía política del noroeste de Brasil, a Vanessa Grazziotin y Gleisi Hoffmann, ambas partidarias de la ex mandataria. El comentario generó agudas réplicas.

“Los hombres creen que son los dueños de este espacio, como si nosotras estuviéramos aquí casualmente”, disparó Grazziotin, de 55 años, prominente senadora de izquierda por el estado de Amazonas.

Para senadoras como Grazziotin, este episodio reflejó el envalentonamiento de voces conservadoras después de la destitución de Rousseff. Ella argumentó que había sido objeto de ataques misóginos por parte de sus oponentes. Políticas a lo largo de Brasil están debatiendo qué implica la caída de Dilma en un escenario dominado por los hombres.

Poco de democrático

Pese a los progresos logrados durante los mandatos de Lula y de Dilma, Brasil califica notablemente abajo en la representación femenina en política. De los 513 integrantes de la Cámara de Diputados sólo 51 son mujeres. Esto pone a Brasil en el puesto 155 del mundo en el porcentaje de mujeres parlamentarias, detrás de países como Arabia Saudita y Turkmenistán.

La administración de Michel Temer, el sucesor de Rousseff, está haciendo poco por apaciguar los temores de que las mujeres serán marginadas. Al asumir el cargo hace más de tres meses, Temer nombró a un gabinete enteramente masculino, en un país de 206 millones de habitantes cuyo 52% está conformado por mujeres.

Describiendo un idilio suburbano al estilo de los años 50, en que un presidente entrecano es recibido por su esposa -un ama de casa mucho más joven- la portada este mes de la revista Piauí capturó el cambio cultural hacia la derecha. Temer tiene 75 años y su esposa, Marcela, ex concursante de certámenes de belleza, tiene 33.

Malos ejemplos

A lo largo de los procedimientos de destitución, aliadas de Dilma en el Congreso argumentaron que los congresistas se dirigían a las mujeres como meros accesorios. Peor es lo que está pasando en el universo político de cara a futuras elecciones.

Por ejemplo, el conservador Jaufran Siqueira, oriundo de la ciudad nororiental de Natal, publicó en Facebook un mensaje al electorado. “Esto es lo que les pasará a las feministas cuando yo sea elegido”, proclamó Siqueira, al lado de una fotografía que mostraba una casa envuelta en llamas.

“No puede negar que me opongo al movimiento feminista -dijo Siqueira, un corredor de bienes raíces que capturó la atención nacional con su campaña-. Sin embargo, es absurdo alegar que les prenderé fuego a las mujeres”. Apuntó que la foto había sido meramente una broma.

En alerta

Marina Silva, la ex empleada doméstica que fue una de las principales rivales de Dilma en las pasadas elecciones, no cree que ella haya sido destituida por cuestiones de género. No obstantes, reconoce que el machismo y el chauvinismo crecen, y no sólo en Brasil.

“Los conservadores ganaron protagonismo en el ámbito global; tan sólo vean a Donald Trump en Estados Unidos”, sostuvo Marina. Cuando le preguntaron a Trump si había conocido a Rousseff respondió: “no. ¿Quién es él?”

“Esto no significa que las mujeres no tendrán un papel crucial en la política brasileña después de la destitución de Dilma -subrayó Marina-. Por supuesto que lo tendremos. Conseguimos demasiado impulso como para detenernos”.

A medida que la campaña se intensifica para las elecciones municipales, otros líderes en diferentes puntos del espectro ideológico de Brasil se hicieron eco de estas opiniones.

“No veo que este momento vaya en contra de las aspiraciones políticas de las brasileñas”, indicó Teresa Surita, partidaria de la expulsión de Dilma. Ella se está postulando por la reelección como alcaldesa de Boa Vista, ciudad en la región del Amazonas.

Surita tiene 60 años y afrontó cargos de corrupción. Integra el Partido Brasileño del Movimiento Democrático (PBMD), la fuerza centrista de Temer. Confesó que para alcanzar sus objetivos necesita mantener buenos vínculos con el Gobierno federal.

Lo que viene

Si bien las mujeres ocupan sólo una décima parte de los escaños en la Cámara Baja del Congreso, el panorama cambia si se analizan los escenarios regionales. Por ejemplo, en 51 ciudades solamente hay mujeres postulándose para la intendencia, mientras que las mujeres representan casi 33% de los candidatos a conquistar bancas en los concejos deliberantes.

Las mujeres también están ganando posiciones de prominencia en el Poder Judicial. Carmen Lucia Antunes Rocha, de 62 años, es partidaria de proporcionar más derechos a los gays y de quitar restricciones sl aborto. Es firme candidata a obtener la presidencia de la Corte Suprema de Brasil.

La voz de la calle

De cualquier forma, son fuertes los argumentos que indican que la salida de Dilma reveló lo peor del funcionamientos de la política de Brasil, dominada por varones. A medida que grandes protestas estallan en contra de la administración de Temer, particularmente en las calles de San Pablo, la ciudad más grande del país, miles de mujeres están expresando su oposición al nuevo Gobierno.

“Temer echó a Dilma porque a un hombre no le gusta responderle a una mujer, y como presidenta, ella era la que les decía qué hacer”, sentenció Rayra Lima de Araujo, una estudiante del secundario que asistió a las protestas en contra del Gobierno con su madre, la enfermera Maria da Cruz Lima, hoy desempleada.

Al subir al estrado para declarar durante el juicio, Rousseff destacó que sus colegas varones no tienen que luchar con ataques similares a su persona. “Siempre me han descrito como una mujer que carga con fuerza entre hombres delicados -sostuvo-. Nunca vi que se haya acusado a un hombre de cargar duro, y sabemos que lo hacen”.

¿Una pantalla?

Pero incluso el Partido de los Trabajadores de Dilma está luchando con un debate interno alrededor del sexismo, conforme intenta reinventarse. Dirigentes del partido fueron objeto de intenso escrutinio este año luego de que grabaciones secretas revelaron una diversidad de chacoteo explícitamente sexista, incluyendo algunos chistes vulgares del propio Lula sobre importantes correligionarias.

Miriam Leitao, historiadora económica y una de las columnistas más influyentes de Brasil, apuntó que el Partido de los Trabajadores está usando el debate sobre las mujeres en política para intentar desacreditar el proceso de destitución. “Dilma no cayó porque es mujer -escribió Leitao en su columna del diario O Globo-. Ella produjo un repunte de la inflación, una recesión de importancia histórica, y por eso perdió su puesto”.

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