El Estado es hoy el adversario del magnate Slim - LA GACETA Tucumán

El Estado es hoy el adversario del magnate Slim

Las empresas del millonario mexicano pierden rentabilidad, porque el Gobierno azteca les impuso duras regulaciones.

14 Ago 2016
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CUESTIONADO. Los usuarios de telefonía móvil en México acusan a Carlos Slim de sostener un monopolio en el negocio de las telecomunicaciones. foto de Enrique Castro-Mendivil / Reuters

Elisabeth Malkin / The New York Times

CIUDAD DE MÉXICO, México.- Durante más de 25 años, el millonario azteca, Carlos Slim, ha dictado las condiciones de la industria de las telecomunicaciones en su país y ha erigido un imperio que le permitió convertirse en uno de los hombres más ricos del mundo. El magnate ha estado, en más de una oportunidad, en la cima de la lista de multimillonarios que elabora, cada año, la revista norteamericana “Forbes”, especializada en el mundo de los negocios y de las empresas. Las épocas de abundancia en México le permitieron a Slim abarcar el continente americano con empresas que rozan cada faceta de la vida moderna: telecomunicaciones, bancos, construcción, ventas minoristas y medios de comunicación, entre otros rubros empresariales.

Pero el juego comenzó a cambiar en los últimos años para Slim, y no hay mucho que el empresario pueda hacer para revertir este nuevo escenario. Decididos a ponerle fin a su predominio, dirigentes de los tres mayores partidos políticos de México planificaron estrategias para debilitarlo, según revelaron analistas mexicanos.

El plan que concibieron para incrementar la competencia en la industria de las telecomunicaciones, mediante una ley que rige hace dos años, está empezando a calar en los negocios de Slim. Las utilidades para su empresa insignia, América Móvil, están en una fuerte caída. En 2015, descendió el 25% y casi el 44% en el primer semestre de este año, comparado con períodos anteriores. La rentabilidad en la Bolsa de Wall Street también ha caído, y las acciones de la empresa han retrocedido el 39% en el último año.

En su informe trimestral del mes pasado, la firma América Móvil reconoció que el aumento de la competencia redujo las ganancias en México. “Lo que más ha cambiado es la actitud de las autoridades para con el imperio de Slim”, argumentó Ernesto Piedras, director general de la Unidad de Inteligencia Competitiva, empresa consultora y de investigación. “Esta es la primera vez que Slim no tiene una copia de todas las llaves”, ironizó.

Los reguladores en México, a veces en contra de los deseos de su gobierno, habían intentado durante décadas controlar el predominio de Slim, terminando frustrados a cada giro. Su monopolio era tan dominante que le costó a los mexicanos U$S 13.000 millones adicionales al año, entre 2005 y 2009. De cualquier forma, su riqueza, sus ejércitos de abogados y sus conexiones con funcionarios del gubernamentales lo mantuvieron un paso adelante.

La reorganización de las telecomunicaciones fue una parte crucial del impulso del presidente azteca, Enrique Peña Nieto, por reestructurar la imagen de México y su partido, que había gobernado a la nación durante siete décadas antes de perder una elección por primera vez en 2000. Él prometió un nuevo Partido Revolucionario Institucional, dedicado a renovar la economía. Prometió una nueva era, declarándola “el momento de México”.

La celebración duró poco, con escándalos de corrupción y seguridad hundiendo los índices de aprobación de Peña Nieto a los más bajos de cualquier presidente en un cuarto de siglo. Sin embargo, las reformas económicas siguieron. México está invitando a empresas privadas a que inviertan en explotación de petróleo. Además, por primera vez, Slim enfrenta una dura competencia.

Para México, la nueva ley de telecomunicaciones ofrece un contraste con las muchas promesas fallidas del Estado: ponerle fin a la corrupción, promulgar el estado de derecho y zanjar la desigualdad. El hecho de que el Gobierno haya debilitado a Slim, discutiblemente el ciudadano más poderoso del país, es prueba de que donde hay voluntad política, hay una forma de hacerlo. De cualquier forma, los cambios han logrado poco para recortar el porcentaje de mercado que posee Slim. El empresario conserva casi el 70% de la telefonía celular y alrededor del 65% de las líneas fijas.

En una entrevista reciente, Slim afirmó que la nueva ley de telecomunicaciones, que impulsó el Gobierno mexicano, establecía una certidumbre que todos los empresarios valoran. Sin embargo, se enojó ante la idea de que su empresa requiriera de regulación especial, o de que hubiera estancado regulaciones en el pasado. “Mire todas las normativas que nos han impuesto ¡Mírelos! Cada vez que se quejan de algo, cabildean para imponer una regulación”, cuestionó el magnate.

En la entrevista también reconoció que las utilidades habían bajado. Pesares con las divisas en América Latina han cobrado un gran precio. Y la reciente entrada de la empresa AT&T, que ha prometido invertir miles de millones de dólares para competir con su compañía, ha contribuido a bajar considerablemente los precios de planes de telefonía celular, incluyendo la suya propia. Sin embargo, destacó Slim, sus clientes se han quedado con sus servicios.

“Ellos creyeron que vendrían y que nos derribarían sólo debido a que se llaman AT&T. Por una parte, ellos dicen ‘la mayor red en Norteamérica’ y, por la otra, dicen que porque ellos son pequeños aquí nosotros deberíamos subsidiarlos”, criticó el empresario.

Este año, los reguladores mexicanos determinarán si las nuevas medidas bastan para reducir el predominio de Slim. Los controladores del sistema de comunicaciones pueden aplicar medidas más duras si deciden que América Móvil no se abre a la competencia; mediante la imposición de grandes multas o incluso ordenando su desarticulación.

En general, Slim se mostraba optimista respecto de sus perspectivas. “Lo he dicho varias veces: las telecomunicaciones son el sistema nervioso de la nueva civilización. Es necesario tener una visión a mediano y a largo plazos. No se puede tener visión trimestralmente, analizó el millonario en la entrevista.

No se queda quieto

Hay muchas historias sobre el ascenso de Slim. Es hijo de inmigrantes libaneses que heredó un negocio de ventas minoristas y construyó un imperio, pedazo a pedazo, por el largo tramo latinoamericano del Hemisferio Occidental. Esas vastas propiedades incluyen un número considerable de acciones en el diario estadounidense “New York Times”.

Si bien el predominio de Slim, y sus utilidades, pudieran estar bajo amenaza en México, su riqueza ya no depende de eso. “Empezó a invertir en otras cosas”, reveló Juan Molinar, ex ministro de Comunicaciones, en una entrevista antes de que muriera el año pasado.

En Estados Unidos, los resultados de los negocios de Slim han sido mixtos. Una inversión en la firma CompUSA, que vende electrónica y productos de tecnología, fue un fracaso. En tanto, un préstamo saldado por U$S 250 millones al “New York Times” fue una gran inversión. Actualmente, el empresario es el mayor accionista de la empresa periodística.

Sus compañías construyen y alquilan plataformas petrolíferas frente a las costas, perforan pozos, operan presas en Panamá y construyen gasoductos en México y en Estados Unidos. El magnate, incluso, está haciendo negocios con el alumno más famoso de Halliburton, Dick Cheney, invirtiendo al lado del ex vicepresidente en WellAware, nueva empresa localizada en el estado norteamericano Texas, que se dedica a desarrollar software para servicios petroleros.

Por otro lado, Slim avanza con un proyecto aeroportuario en México, que demandará una inversión de U$S 13.000 millones. En este proyecto también participa un yerno, y otro pariente político que sirvió en el comité de diseño. Si bien el miembro del comité se recusó, los medios informativos vieron lo que ven a menudo: “el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México tendrá el sello de Carlos Slim”, tal como lo expresó el titular de un diario local.

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