Luis Rubio: “la TV se rige por el conflicto, no por las ideas”

El humorista estrena personajes en su nuevo programa de cable, “TV or not TV”, y hace descansar un tiempo a Eber Ludueña

LAS NUEVAS CREACIONES. Luis Rubio personifica a un entrevistador que no deja hablar a Belén Francese. gentileza luis rubio LAS NUEVAS CREACIONES. Luis Rubio personifica a un entrevistador que no deja hablar a Belén Francese. gentileza luis rubio
07 Agosto 2016
Su personaje más conocido es Eber Ludueña, pero lo hará descansar. Luis Rubio le agradece todos los años de compañía que le dio, con el condimento de haberlo hecho conocido para el gran público, aunque en su nueva propuesta decide investigar otras opciones. No quedará en el olvido, para nada, sino que es simplemente un tiempo de separación.

Mañana, en la frontera con el martes, el actor cómico estrenará programa: “TV or not TV” se emitirá por la cadena de cable TBS, en la grilla de la mayoría de los servicios de televisión paga. “Es un programa de humor original, que utiliza el archivo televisivo para reciclar, intervenir y convertir a la TV actual en un collage menos nocivo y mucho, pero mucho, más divertido”, promete. Cada entrega tendrá media hora de duración y ya está filmada íntegra la primera temporada de 13 capítulos y comenzará a hacerlo próximamente con la segunda, según le adelantó en una entrevista exclusiva con LA GACETA.

- ¿Qué te llevó a diseñar “TV or not TV”?

- Siento que la televisión actual está carente de humor y agarró otro rumbo. Quiero resignificarla y construir un producto vinculado a la comicidad. Queremos que nuestro programa sea una isla en el mundo televisivo actual. Por suerte estaré en una señal muy vista y que se dedica al humor como TBS, del grupo Turner, donde no nos miran como bichos raros sino que entienden nuestro contenido porque se dedican a éso. Es un programa de sketchs, con muchos trucos y efectos.

- ¿Abordás a gente conocida?

- Interactuamos bastante con figuras conocidas de la política, a nivel nacional e internacional. Desfilan Barack Obama, Fidel Castro, Silvio Berlusconi y el papa Francisco, entre otros. La idea es intervenir videos en los que están sus apariciones y volcarles ahí el humor desde la construcción de un personaje que es un asesor de imagen, un apuntador de temas para estos dirigentes.

- ¿Es humor político?

- Lo rozamos, pero desde la línea que te conté, a partir de los videos. Hacemos un programa de humor sobre la televisión, que usa el archivo de una manera diferente a otros. Miramos y parodiamos situaciones televisivas con una técnica de collage de escenas grabadas.

- ¿Cómo definís a la televisión en este momento?

- Se rige más por el conflicto que por las ideas. No hay programas netamente de comediantes, como antes. Los hay de archivo que se satiriza y el humor recayó más en manos de los conductores de los programas, que hacen las gracias, pero perdió terreno. Los de edición buscan un resultado político.

- Tu programa es grabado y semanal. ¿A la televisión la perjudica el día a día?

- La televisión abierta no tiene muchas posibilidades de apostar a un formato, de esperarlo o de hacerlo crecer, exige resultados inmediatos. Lucha por sobrevivir y todos los días va perdiendo audiencia. Por eso me fui al cable, donde encontré una ventana como muchos otros colegas. Pero varios están fuera de todo.

- ¿Pensás en volver a lo abierto en el futuro?

- No es mi propósito inicial. Mi objetivo es comunicar una idea, que la gente se divierta y que se instale como programa. Nos desvela alcanzar el efecto humorístico, aunque la gente se ríe de cosas muy disímiles. Unos con Midachi, otros con Les Luthiers, otros con Roberto Fontanarrosa y algunos con contadores de cuentos o cuando la gente se cae en la calle. Ojalá crezca y vaya para otros lados.

- Últimamente se usó el archivo de un modo agresivo...

- Lo nuestro es naif, lúdico, con ganas de jugar con el humor blanco. Otros buscan el error o las contradicciones, o lo usan para bajar línea; nosotros estamos muy lejos de eso. Es lo que me gusta hacer porque mi tono nunca fue agresivo.

- Tu generación es la de los grandes capocómicos, como tu coterráneo Alberto Olmedo.

- Marcaron una matriz él, Tato Bores, Pepe Biondi, Alberto Dolina, Jorge Guinzburg, Adolfo Castelo, Les Luthiers, guionistas tremendos como Juan Carlos Mesa. El humor siempre me entusiasmó y cautivó. Hoy no hay ninguno y se perdió espacio. En algún momento todo era talk show y hoy son panelistas que discuten. Tienen otras urgencias y les miden el minuto a minuto. Creo que son modas y que la gente se va a cansar en algún momento. Espero que cambie un poco el espíritu que la domina hoy.

- ¿La tecnología influye?

- Ha cambiado la industria en general y la gente accede a los contenidos de otra manera. Los jóvenes ya no miran la televisión, que tiene una pauta publicitaria diluida porque la torta de avisos bajó. Todo esto va cambiando el medio, y está en proceso de adaptación ante Internet como tuvo que hacerlo la radio cuando apareció la tele. Hasta ahora no ha demostrado grandes esfuerzos por cautivar a la gente; por el contrario, hace más de lo mismo. Yo salgo de la lógica del conflicto y trato de hacer otra cosa. Me siento un privilegiado.

- Llegan nuevos personajes.

- Está Brian Coluso, que es el apuntador de famosos que interactúa con los políticos y de los actores; el abogado de la tele es un jurista muy riguroso que bocha todos los contenidos de los programas clásicos porque se golpean, hay bullyng; “Espacio disponible” es un conductor con un programa de cable que invita a gente importante y experta pero no le deja hablar porque lo único que le importa es vender su publicidad; “Siete preguntas que nunca tenés que hacer” son las cosas que no debés mencionar en una entrevista de trabajo o cuando vas a pedir un crédito; aparece mi personaje Evaristo Hurtado con un bloque deportivo y falsas entrevistas; alteramos ciertos discursos y parodiamos distintos tipos de producciones. La novedad es que no está Eber. Son situaciones cortas, que se pueden amplificar en las redes sociales y compartir en Twitter. Lo pensamos para ese rebote también.

- Te formaste con Norman Briski...

- Es un gran maestro, con él hice mi carrera de actor. Aprendí todos los recursos y tiene coherencia y compromiso. Estudiar guión humorístico es más complejo porque no hay mucho; tuve experiencias con Santiago Varela y con Rudi, pero sobre todo es la práctica lo que te lleva. Fui abrevando en distintas fuentes, pero sobre todo en el trabajo de campo y manoteando como podía. Y en teatro estoy con mi unipersonal en el teatro La Plaza, “Soliloquios”. Con eso me alcanza.

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