TUCUMÁN EN 1913. Un tranvía recorre la calle Laprida. La provincia crecía vertiginosamente volviéndose atractiva para los delincuentes aun a distancia.
06 Agosto 2016 Seguir en 

En momentos en que nuestro diario cumplía su primer aniversario y las noticias poblaban sus, aún, pocas pero intensas páginas una noticia policial llama la atención. Bajo el título “Un hermoso negocio” se presenta un intento de llevar a cabo un cuento del tío de nivel internacional pero que apuntaba hacia Tucumán. La cosa fue así, según la crónica del 7 de agosto de 1913: Nada hay nuevo bajo el sol; sin embargo, el ingenio humano tiene recursos de inventiva que hacen a veces dudar de si la filosofía que encierra la aludida frase está sólidamente cimentada para continuar: A la vista tenemos un documento que publicamos en el que un famosos cuentero del tío desde las playas del viejo mundo tira el anzuelo para encontrar aquí, en las regiones del nuevo, algún pez inocente que muerda el cebo puesto diestramente.
La noticia hacía referencia a una bien redactada carta, fechada en Barcelona, en la que solicita su bolsillo y buenos sentimientos para sacar una especie de premio gordo a costa de un pequeño gasto y de una regular despreocupación de conciencia. La misiva iba dirigida al “distinguido Carlos Rougés” pero de igual tenor recibieron la comunicación otras reconocidas figuras del Tucumán de entonces. Al parecer esto generó curiosidad y LA GACETA se hizo eco publicando la historia en donde la estafa pretendía extender sus mentiras desde más de 15.000 kilómetros de distancia. La crónica indicaba que esquelas como esta se vieron varias y de distinto tenor pero la novedad del cuento no consiste precisamente en ello, sino en dos recortes de diarios en los que se alude al robo efectuado y el tesoro escondido, citando precisamente el nombre del firmante de la epístola. El tipo de los recortes parece corresponder al popular Correo de Cataluña.
La misiva no tiene desperdicio por su elaboración y cuidado para atraer a su posible víctima. Está fechada poco más de un mes antes desde la “Prisión Celular” de Madrid. Conocedor de su honorabilidad por circunstancias que no hacen al caso ahora, me permito proponer un asunto de la mayor importancia. No le extrañe mi laconismo, pues hasta saber si acepta debo obrar con cautela”, como se dice el pescador lanza el anzuelo para ver si el interesado pica. A renglón seguido continúa: “los recortes de periódicos adjuntos dirán a Ud. bastante, y yo le amplío que fue en esa república donde dejé los 273.000 dólares que ahora, para lograr mi libertad, necesito recuperar... Ahora se hace visible la carnada en todo su esplendor para lanzar el pedido delictivo escudado en una situación difícil y compleja. La historia toma ribetes de folletín de aquellos años y continúa: deseo que una hija mía vaya a ese país con plano y cinta para presenciar el extraer de la tierra la cajita de hierro que contiene la suma pero sería un disparate el confiar a una señorita de 20 años, ni a nadie del sexo débil, el trabajo material preciso para la extracción. Por eso y por necesitar ayuda para el traslado de mi hija y su sirvienta a esa república, veo necesario que nos auxilie en todo señor de recta conciencia… En recompensa le ofrezco, a más de mi eterna gratitud, la cuarta parte del contenido de la cajita. Si los cálculos no están mal nuestro querido comprovinciano se quedaría con más de 68.000 dólares, un suculento botín, pero tenía que hacer un pequeño gasto para obtenerlo. Cual mensaje escrito por un espía que cuida la información que posee la carta continuaba: Ud. puede elegir entre venir a Europa para llevar a mi querida hija y sirvienta, pagando los viajes, o remesarme, cuando yo se lo indique, lo necesario para que ellas se los costeen en clase decorosa. En este último caso, tendría que esperarlas a su arribo a ese país y consideraba que la respuesta debe ser perentoria espero la contestación por cable (telegrama). Y pasa a explicar que en caso de querer viajar, el cablegrama debería decir “Trinidad-San Pablo, 53 Bis, Segundo-Barcelona-“Benigno”-Carlos” pero en caso de querer enviar el dinero para el viaje el telegrama cambiaría el “Benigno” por “Benignidad” y todo el resto igual. Ya estaba presentada toda la estafa y el firmante un tal R Zabala manifiesta que: una vez enviado el mensaje, esperará sin impaciencias y guardado gran secreto del asunto, nueva carta mía con más datos e instrucciones.
Nada se supo si hubo algún interesado en el negocio que nuestro cronista ofreció de la siguiente manera el señor Carlos Rougés parece ser que no está dispuesto a ganarse la cantidad galantemente ofrecida. Por tanto, si alguna persona honorable quiere lograr el premio puede dirigirse al personaje firmante, cuyas señas están bastante precisas.
Como vemos vivos hubo, hay y habrá en todas las épocas. Quizás cambien los métodos antes se hacía por correo, se hicieron por mail, personalmente y hasta por teléfono.
La última idea va de la mano del famoso blanqueo de capitales que lanzó el gobierno de Mauricio Macri y que los estafadores aprovechan para hacer caer a los incauto, en especial personas mayores. Se hacen pasar por personal del Banco Central y piden la numeración de los dólares no declarados. Con ese dato sabe cuánto hay en la vivienda para preparar un asalto. Según la información hasta el momento no se produjo ningún delito pero hubo denuncias ante la Justicia por el modus operandi. De tal manera que, como vemos, la mente criminal no descansa aunque pasen los años.
La noticia hacía referencia a una bien redactada carta, fechada en Barcelona, en la que solicita su bolsillo y buenos sentimientos para sacar una especie de premio gordo a costa de un pequeño gasto y de una regular despreocupación de conciencia. La misiva iba dirigida al “distinguido Carlos Rougés” pero de igual tenor recibieron la comunicación otras reconocidas figuras del Tucumán de entonces. Al parecer esto generó curiosidad y LA GACETA se hizo eco publicando la historia en donde la estafa pretendía extender sus mentiras desde más de 15.000 kilómetros de distancia. La crónica indicaba que esquelas como esta se vieron varias y de distinto tenor pero la novedad del cuento no consiste precisamente en ello, sino en dos recortes de diarios en los que se alude al robo efectuado y el tesoro escondido, citando precisamente el nombre del firmante de la epístola. El tipo de los recortes parece corresponder al popular Correo de Cataluña.
La misiva no tiene desperdicio por su elaboración y cuidado para atraer a su posible víctima. Está fechada poco más de un mes antes desde la “Prisión Celular” de Madrid. Conocedor de su honorabilidad por circunstancias que no hacen al caso ahora, me permito proponer un asunto de la mayor importancia. No le extrañe mi laconismo, pues hasta saber si acepta debo obrar con cautela”, como se dice el pescador lanza el anzuelo para ver si el interesado pica. A renglón seguido continúa: “los recortes de periódicos adjuntos dirán a Ud. bastante, y yo le amplío que fue en esa república donde dejé los 273.000 dólares que ahora, para lograr mi libertad, necesito recuperar... Ahora se hace visible la carnada en todo su esplendor para lanzar el pedido delictivo escudado en una situación difícil y compleja. La historia toma ribetes de folletín de aquellos años y continúa: deseo que una hija mía vaya a ese país con plano y cinta para presenciar el extraer de la tierra la cajita de hierro que contiene la suma pero sería un disparate el confiar a una señorita de 20 años, ni a nadie del sexo débil, el trabajo material preciso para la extracción. Por eso y por necesitar ayuda para el traslado de mi hija y su sirvienta a esa república, veo necesario que nos auxilie en todo señor de recta conciencia… En recompensa le ofrezco, a más de mi eterna gratitud, la cuarta parte del contenido de la cajita. Si los cálculos no están mal nuestro querido comprovinciano se quedaría con más de 68.000 dólares, un suculento botín, pero tenía que hacer un pequeño gasto para obtenerlo. Cual mensaje escrito por un espía que cuida la información que posee la carta continuaba: Ud. puede elegir entre venir a Europa para llevar a mi querida hija y sirvienta, pagando los viajes, o remesarme, cuando yo se lo indique, lo necesario para que ellas se los costeen en clase decorosa. En este último caso, tendría que esperarlas a su arribo a ese país y consideraba que la respuesta debe ser perentoria espero la contestación por cable (telegrama). Y pasa a explicar que en caso de querer viajar, el cablegrama debería decir “Trinidad-San Pablo, 53 Bis, Segundo-Barcelona-“Benigno”-Carlos” pero en caso de querer enviar el dinero para el viaje el telegrama cambiaría el “Benigno” por “Benignidad” y todo el resto igual. Ya estaba presentada toda la estafa y el firmante un tal R Zabala manifiesta que: una vez enviado el mensaje, esperará sin impaciencias y guardado gran secreto del asunto, nueva carta mía con más datos e instrucciones.
Nada se supo si hubo algún interesado en el negocio que nuestro cronista ofreció de la siguiente manera el señor Carlos Rougés parece ser que no está dispuesto a ganarse la cantidad galantemente ofrecida. Por tanto, si alguna persona honorable quiere lograr el premio puede dirigirse al personaje firmante, cuyas señas están bastante precisas.
Como vemos vivos hubo, hay y habrá en todas las épocas. Quizás cambien los métodos antes se hacía por correo, se hicieron por mail, personalmente y hasta por teléfono.
La última idea va de la mano del famoso blanqueo de capitales que lanzó el gobierno de Mauricio Macri y que los estafadores aprovechan para hacer caer a los incauto, en especial personas mayores. Se hacen pasar por personal del Banco Central y piden la numeración de los dólares no declarados. Con ese dato sabe cuánto hay en la vivienda para preparar un asalto. Según la información hasta el momento no se produjo ningún delito pero hubo denuncias ante la Justicia por el modus operandi. De tal manera que, como vemos, la mente criminal no descansa aunque pasen los años.







