Cameron se despidió a puro humor en su última aparición como primer ministro

Presenta su renuncia ante la reina de Inglaterra, Isabel II; será sustituido por la titular de Interior, Theresa May.

13 Jul 2016
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REUTERS

REINO UNIDO.- David Cameron se dirigió hoy al Parlamento británico, pero en lugar de la solemnidad habitual, prefirió despedirse con humor en su última aparición como primer ministro, poco antes de dejar paso a Theresa May para que lidere la monumental tarea de sacar a Reino Unido de la Unión Europea.
"Esta mañana me reuní con colegas ministeriales y otros. Aparte de un encuentro esta tarde con Su Majestad la Reina, el programa para el resto del día es bastante ligero", dijo Cameron entre las risas de una atestada Cámara de los Comunes.
El primer ministro saliente del Reino Unido dio luego una breve conferencia de prensa a las puertas de la residencia de 10, Downing Street, y luego se dirigió al palacio de Buckingham donde entregará su renuncia en mano a la reina de Inglaterra, Isabel II, y recomendará para sucederlo a Theresa May.
Cameron anunció su dimisión después de que sus compatriotas desoyeron sus llamados y votaron en un referendo el 23 de junio en favor de abandonar la UE, debilitando al bloque de 28 países y generando una gran incertidumbre económica por el previsible perjuicio que sufrirán el comercio y la inversión.
Además de concretar la ejecución del "Brexit", May debe intentar unificar un dividido Partido Conservador y una nación en la que muchos -como atestigua la votación- se sienten molestos con la elite política y abandonados por las fuerzas de la globalización.
Pese al serio trasfondo de la jornada, hubo una atmósfera de hilaridad en el Parlamento, mientras Cameron intercambiaba golpes humorísticos con el también complicado líder de la oposición laborista, Jeremy Corbyn.
Antes de partir en medio de una cerrada ovación de sus correligionarios y algunos legisladores laboristas, aprovechó para destacar los logros de su gobierno al generar una de las más altas tasas de crecimiento entre las economías occidentales, rebajar el déficit presupuestario, crear 2,5 millones de empleos y legalizar el matrimonio homosexual.
No obstante, su legado se vio opacado por su fallida apuesta por el referendo, con el que esperaba mantener a Reino Unido en el corazón de una UE reformada.

REINO UNIDO.- David Cameron se dirigió hoy al Parlamento británico, pero en lugar de la solemnidad habitual, prefirió despedirse con humor en su última aparición como primer ministro, poco antes de dejar paso a Theresa May para que lidere la monumental tarea de sacar a Reino Unido de la Unión Europea.

"Esta mañana me reuní con colegas ministeriales y otros. Aparte de un encuentro esta tarde con Su Majestad la Reina, el programa para el resto del día es bastante ligero", dijo Cameron entre las risas de una atestada Cámara de los Comunes.

El primer ministro saliente del Reino Unido dio luego una breve conferencia de prensa a las puertas de la residencia de 10, Downing Street, y luego se dirigió al palacio de Buckingham donde entregará su renuncia en mano a la reina de Inglaterra, Isabel II, y recomendará para sucederlo a Theresa May.

Cameron anunció su dimisión después de que sus compatriotas desoyeron sus llamados y votaron en un referendo el 23 de junio en favor de abandonar la UE, debilitando al bloque de 28 países y generando una gran incertidumbre económica por el previsible perjuicio que sufrirán el comercio y la inversión.

Además de concretar la ejecución del "Brexit", May debe intentar unificar un dividido Partido Conservador y una nación en la que muchos -como atestigua la votación- se sienten molestos con la elite política y abandonados por las fuerzas de la globalización.

Pese al serio trasfondo de la jornada, hubo una atmósfera de hilaridad en el Parlamento, mientras Cameron intercambiaba golpes humorísticos con el también complicado líder de la oposición laborista, Jeremy Corbyn.

Antes de partir en medio de una cerrada ovación de sus correligionarios y algunos legisladores laboristas, aprovechó para destacar los logros de su gobierno al generar una de las más altas tasas de crecimiento entre las economías occidentales, rebajar el déficit presupuestario, crear 2,5 millones de empleos y legalizar el matrimonio homosexual.

No obstante, su legado se vio opacado por su fallida apuesta por el referendo, con el que esperaba mantener a Reino Unido en el corazón de una UE reformada.

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