MAYORES. El plantel superior se entrena lunes, miércoles y jueves, a las 21.30. la gaceta / fotos de analía jaramillo y liceo rugby club

Federico Espósito - LG Deportiva
Puede que soñar sea fácil y gratis -al menos hasta que a algún político se le ocurra aplicarle un impuesto-, pero llevar una gran idea al plano de la realidad es otro cantar. Se requiere de trabajo, porque nada surge de la nada. Se requiere de perseverancia, porque casi nada sale al primer intento. Y en ocasiones también se requiere de paciencia, porque algunas cosas simplemente necesitan tiempo para madurar. Se trata de virtudes que escasean en estos tiempos modernos, pero que había de sobra en aquel grupo de egresados del Liceo Militar General Aráoz de La Madrid que, hace tres décadas, dio rienda a una fantasía que por estos días está comenzando a tomar contornos definitivos.
Pasado
En resumen, la historia es la siguiente: en 1986, egresados del Liceo formaron un equipo de rugby en el Círculo de Ex Cadetes (CEC), y al año siguiente lo inscribieron en la Unión de Rugby de Tucumán (URT). Fue el principio de una experiencia que duraría 10 años, en los que el grupo de amigos habría de remarla contra viento y marea. Sin cancha propia debían entrenarse en parques y hacer de local en casa ajena. Con todo, el CEC logró ascender a Primera en los 90 y hasta hizo una gira por Europa, pero con los años llegaron las responsabilidades familiares y laborales para los muchachos. Eso, sumado a la falta de dirigentes, llevó a que el rugby desapareciera del CEC durante casi 15 años, hasta 2011, año que el grupo de amigos -que nunca había dejado de juntarse a jugar a la tocata- lo intentó de nuevo. Sin embargo, las particularidades estatutarias del CEC conflictuaban el normal funcionamiento de un club de rugby, por lo que en octubre del año pasado, el grupo resolvió desprenderse y fundar un club propio, nuevo. Así nació Liceo Rugby Club Tucumán.
Presente
A punto alquilar un terreno por cinco años, el grupo acordó un convenio para utilizar el campus deportivo de la Universidad San Pablo-T por el término de 10 años, gracias a la intervención de Jorge Rocchia Ferro, empresario y ex jugador de Lawn Tennis.
“Nos pusimos un objetivo fundamental, que es tener todo lo que nos faltó antes. Principalmente, dirigentes. Nosotros estamos aprendiendo a serlo. Todavía tenemos muchas falencias. Dentro del plantel superior, hay muchos chicos que ya las pasaron todas y han probado que quieren esta camiseta. Con ellos esperamos formar los dirigentes del mañana”, cuenta Javier Mirande, director deportivo de Liceo RC y quizás el que más horas de su día le dedica al club.
A diferencia del error de novato que cometen algunas instituciones al apostar sus esfuerzos a la formación de una camada deportivamente exitosa, los amigos fundadores han entendido, a fuerza de golpes, que no se debe poner la carreta adelante del caballo. “En estos 30 años, las hemos pasado todas. Y eso te da experiencia para saber qué cosas hacer y qué no, y también te da una suerte de coraza, porque difícilmente nos toquen tormentas más duras de las que ya pasamos”, asegura Cristian Garlati, encargado de las divisiones infantiles.
“No queremos cometer los mismos errores de hace 30 años, sino construir una base sólida antes que nada. La contención debe ir acompañado por el crecimiento de la estructura, tanto edilicia como humana”, sostiene Gustavo Vidal, encargado del coaching, un área crucial para la misión formativa que se propone el club. “La Universidad pone a nuestra disposición las aulas para todas las capacitaciones que hacemos, algunas de las cuales son abiertas para todo el que quiera asistir. Y este año la idea es capacitar no sólo a los jugadores, sino también a cuerpos técnicos de todas las divisiones, managers y directores deportivos, siguiendo el programa de desarrollo de entrenadores de la UAR”, completa Vidal.
“Hay muy buena recepción en la zona, que es bastante castigada, sobre todo en la juventud. El trabajo no sólo va a ser deportivo, sino de contención social”, cierra Mirande.

La cancha 1, un tesoro aún sin usar
Lo primero que se advierte al llegar al campus deportivo de la Universidad San Pablo-T, donde se estableció Liceo RC, es la hermosa estampa de la cancha 1, bautizada en homenaje al legendario Ángel Guastella. Flanqueada en una de sus esquinas por un pequeño bosque, es motivo de orgullo para los dirigentes, en especial para Javier Mirande, quien se ocupa de mantenerla impecable hasta el día de su inauguración.
“No permite que nadie pise la cancha, parece que es un hijo más”, asegura Cristian Garlati, uno de los miembros de ese grupo fundacional de amigos y actual secretario. “Un día no fue al club y con los muchachos dijimos ‘hoy juguemos a la tocata en la cancha 1’. Hasta que apareció la camioneta de Javier y todos empezamos a fingir como que estábamos sacando piedras. Por supuesto que se dio cuenta y nos retó, ¡ja ja!”, cuenta.
Tanto recelo tiene su porqué: “Si bien ya existía la cancha, la hicimos prácticamente de nuevo. Le pusimos tierra, la emparejamos, la sembramos y la regamos. Ya tiene la baranda a la vuelta y está lista para usar, pero recién se lo hará el mes que viene”, reveló Mirande.
A mediados de junio, Liceo planea estrenar su cancha con un amistoso entre los veteranos fundadores y Old Virgins. Entre los invitados al evento está Daniel Hourcade, quien alguna vez fue entrenador del CEC.







