Pilar Sordo: “el cuerpo manda energía para hacerse oír porque estamos centrados en el afuera”

En su último libro, “Oídos sordos”, la escritora chilena postula que, mediante el dolor, algunos órganos transmiten información.

04 May 2016
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“QUE TE ESTUDIEN POR PARTES NO AYUDA”. La psicóloga plantea la necesidad de que haya médicos que estudien a las personas como un todo. TELAM.

La psicóloga chilena Pilar Sordo, que atravesó hace un tiempo una enfermedad que le hizo reformular algunas cuestiones mentales y biológicas, testimonia esta experiencia en su nuevo libro, Oídos sordos, donde resalta la importancia de prestarle atención a las señales que manda el cuerpo, aunque reconoce que no es un camino fácil el que lleva a alcanzar una vida saludable.

“El cuerpo se transformó en un gran comunicador, siempre lo fue, pero en los últimos tiempos manda una energía más fuerte para que lo escuchemos ya que estamos tan centrados y orientados en el afuera que, de alguna manera, necesitamos que esas señales sean cada vez más persistentes”, sostiene Sordo en una entrevista con Télam.

“Todo esto se junta con que hay menos preguntas que nos estamos haciendo”, manifiesta la psicóloga, quien acaba de presentar su obra en la Feria del Libro.

Informante dolor

En su sexto “hijo editorial” -como ella misma se complace en decir- Sordo realizó un estudio sobre los mensajes que emite el cuerpo antes de enfermarse a partir de su propia experiencia: “Durante un tiempo hice ‘oídos sordos’ a los mensajes que mi cuerpo me venía mandando: derrames en los ojos, alergias y hasta un sangrado por más de tres meses”, evoca.

“Fui a todos los médicos posibles y cada uno me trataba las enfermedades por separado hasta que di con una doctora sabia que me supo ver en conjunto. Fue la misma que casi me interna cuando, inocentemente, le conté mi largo rosario de problemas”, comenta entre risas.

“Mi diagnóstico fue lo que antiguamente llamaban surmenage. Ahí me di cuenta que tenía dos caminos: uno consistía en meterme en el túnel de la medicina tradicional y terminar tomando antidepresivos sin estar deprimida, porque algo así me iban a dar con tal de que yo siguiera funcionando; y la otra opción era hacerme cargo de lo que estaba atravesando. Para eso tuve que estudiar, buscar información y aprender”, relata.

Uno de los aprendizajes reveladores fue que “todo el mundo estaba igual. Todos tenían algún síntoma y nadie se estaba preguntando nada sobre lo que le pasaba en su cuerpo”.

La también creadora de la Fundación Cáncer Vida sostiene que “los dolores y las molestias en algunos órganos son transmisores de información. Son una invitación a crecer”, indica.

Sordo explica que “esta invitación se tiene que atravesar en etapas. La primera es netamente emocional: uno come más o come menos, se siente cansado, está mas irritable o agresivo; y con toda esa sintomatología lo que concluye es que está cansado o estresado y en eso somos súper solidarios porque estamos igual”.

“Si nadie hace nada, en la segunda etapa el cuerpo dice: ‘si en realidad no me pescaron con todas estas variables emocionales, voy a mandar señales corporales’; y cuando uno más se demore en escuchar, más serio será el asunto”, explica.

Al borde del colapso

“Debemos tomar conciencia de que hay que cambiar la relación que tenemos con el cuerpo. Durante mi estudio encontré un dato que me movilizó mucho: el azúcar es siete veces más adictiva que la cocaín,a al igual que lo son las harinas”, advierte.

“El tema es cambiar la relación que tenemos con el cuerpo. En mi caso siempre tuve una relación muy exigida, muy intensa y le pedí a mi cuerpo que me acompañara en todas las pelotudeces que se me ocurrieron en la vida y fui muy poco amorosa y hoy siento que mi relación es totalmente distinta, decido qué ingiero y que no, en favor a lo que le va a ser bien o mal”.

“Ahora mi cuerpo es mi mejor amigo y lo preparo bien para cuando llegue a los 60 años: uno envejece como vive”, afirma la autora de Bienvenido dolor.

Con esta experiencia a cuestas, Sordo hace una crítica sobre la medicina tradicional. “Que te estudien por partes no ayuda en nada: tiene que haber profesionales que estudien el conjunto de la persona. A mí me ayudó mucho la medicina alternativa. Fui muy poco rentable para el sistema de salud”, admite.

“Si no hubiese dado con esta profesional que me miró en conjunto, no sé cómo hubiese colapsado porque no llegué a entender que lo que tenía era un cuadro mucho mas complejo de lo que me imaginaba”, asevera.

El “gran triunfo”

Previo a este problema Sordo cuenta otra experiencia que abrió camino a este nuevo lanzamiento editorial: la psoriasis.

“Ese fue mi gran triunfo”, dispara la especialista, a quien esa enfermedad se le presentó en la adolescencia con el cambio hormonal. Hasta la lectura de Usted puede sanar su vida, de Louise Hay, no comprendió que tenía pocos mecanismos de defensa “frente a la rabia de los otros” y por eso se revestía de una coraza de piel dura y escamosa.

“Practiqué lo que decía esa autora con mucha fuerza de voluntad y fe hasta que dio resultado. Hoy puedo decir con orgullo que hace casi 20 años que no tengo una sola placa en mi cuerpo - confiesa-. Ese fue uno de mis triunfos sin saber que iba a ser la antesala de este otro libro. La psoriasis me ayudó a comprender que las cosas en la vida son sincrónicas y se van sumando”.

En su libro editado por Planeta, Sordo también habla de la importancia del silencio y de cómo las nuevas tecnologías afectan a la salud, entre ellas el hábito de acostarse mirando la pantalla de la celular o de levantarse y prender el el noticiero “para recibir malas noticias”.

“En Oriente lo entienden perfectamente, pero a nosotros todavía nos cuesta entender que mente, cuerpo y espíritu son una sola unidad y en la medida en que cuido a uno, repercute en el otro. Es un sistema que se retroalimenta y esa es una de las enseñanzas mas lindas que tiene este libro”, finaliza la autora de No quiero crecer.

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