“Nada mata tanto como la pobreza”

El presidente de Estados Unidos expresó que muchos políticos no hacen lo que deben por temor a perder votos

 reuters
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24 Marzo 2016

Irene Benito - Enviada especial

Se sacó el saco, se aflojó el nudo de la corbata y se arremangó las mangas de la camisa. Parecía que Barack Obama estaba en su casa y no ante un grupo selecto de jóvenes líderes del país reunido en la Usina del Arte (entre ellos, los dirigentes tucumanos Agustín Romano Norri y Mariano Campero). Y así, relajado y decidido a dar una lección de oratoria, el presidente de Estados Unidos habló a la platea como si fuese un sobreviviente de infinitas batallas (o “el renacido” de Leo Di Caprio) o estuviese de vuelta de todo.

Y es que Obama transita la cuenta regresiva: en nueve meses abandonará -sin retorno- la Casa Blanca. Consigo se llevará el saber acumulado durante ocho años claroscuros, donde, según comentó ayer, logró sanear la economía de su país, pero no consiguió la cobertura de salud universal por la que luchó sin tregua. Ante los jóvenes que lo interrogaron sobre temas tan disímiles como el conflicto palestino-israelí y los desafíos de las organizaciones no gubernamentales, el mandatario desplegó una simpatía ilimitada y se permitió recordarles verdades que a veces, de tan obvias, se olvidan. Por ejemplo, que nada mata tanto como la pobreza. Y que la combinación de prevención de enfermedades y de incremento de los ingresos daba por resultado una mejora tangible de la calidad de vida.

En el transcurso del “town hall” (modelo de interacción con temática abierta), Obama afirmó que las nuevas generaciones debían liberarse de los condicionamientos ideológicos. “Tienen que ser prácticos frente a los problemas: vean qué ofrece la izquierda y qué ofrece la derecha, y tomen lo que funciona”, aconsejó. “El mercado no es malo: crea riqueza, bienes, servicios, innovación y libertad al favorecer la iniciativa”, opinó. Acto seguido, dijo que las sociedades más exitosas del planeta estaban fundadas en una economía de mercado, pero admitió que ello no era suficiente: que para estabilizar el sistema, había que regularlo. Entonces, acudió al caso cubano: “si bien valoro y reconozco su sistemas educativo y sanitario, uno pasea por La Habana y se encuentra con un paisaje de 1950. Tienen que ser prácticos y hacer que la economía funcione”.

En el tramo más serio del “town hall”, el jefe de Estado reconoció que su Gobierno tampoco había logrado que Palestina e Israel se avengan a solucionar su conflicto territorial mediante la aceptación del paradigma de los dos estados. “La historia colocó una nube demasiado pesada sobre esta cuestión. Vamos a seguir intentando llegar a un acuerdo, pero entendemos que eso sólo será posible cuando la población acepte que, pase lo que pase, seguirán conviviendo con sus rivales. La gente tiene que querer la solución de los dos estados y actuar en consecuencia”, opinó.

Los jóvenes le preguntaron también qué pensaba de la radicalización de los republicanos personificada en el precandidato opositor Donald Trump. Obama respondió que el auge del conservadurismo era una respuesta a su Gobierno, pero se mostró confiado en que el pueblo estadounidense iba a saber elegir bien (los comicios están programados para noviembre). Además de lamentar que, en general, el planeta de los estadounidenses termine donde comienzan los océanos y el Río Grande (en el borde con México), Obama reflexionó sobre los vicios del oficio que ejerce. Y expresó: “muchos políticos no hacen lo que deben por temor a perder votantes. Es decir, complacen a los ciudadanos para mantenerse en el poder y no buscan el bien común”.

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