Los artistas clandestinos, en la trastienda del Holocausto

MUSEO DE LA HISTORIA ALEMANA, EN BERLÍN. Hasta el 3 de abril se puede visitar “Arte del Holocausto”.  foto new york times MUSEO DE LA HISTORIA ALEMANA, EN BERLÍN. Hasta el 3 de abril se puede visitar “Arte del Holocausto”. foto new york times
12 Febrero 2016

Por Mary M. Lane - The New York Times

BERLÍN.- Cuando Nelly Toll tenía ocho años de edad, durante la Segunda Guerra Mundial, reescribió el cuento de “La Cenicienta” con un giro feminista. En vez del Príncipe Encantador, una princesa poderosa invitaba a Cenicienta a vivir en su castillo y disfrutar la actuación de un pianista en una sala bañada por el sol.

Toll ilustró su historia en siete acuarelas, basando a Cenicienta en mujeres luchadoras de la literatura rusa y a la pianista en su madre, Rozia. Pero elaboró el cuento para trascender la realidad. Ella y Rozia, ambas judías, se habían encerrado en una diminuta habitación de la casa de una familia cristiana en la Polonia ocupada por los nazis.

“No hay evidencia de la guerra en las imágenes, aun cuando en cualquier momento nuestra puerta podría haber sido abierta para dejar entrar a los nazis”, dijo Toll, ahora de 80 años y residente en Nueva Jersey, quien recordó haber estado oculta en 1943 y 1944.

Dos de sus acuarelas son parte de “Art From the Holocaust” (Arte del Holocausto), una exhibición en el Museo de la Historia Alemana en Berlín que comprende 100 obras que fueron creadas de manera clandestina por 50 artistas de la era del Holocausto. Del grupo, la mitad fueron asesinados por las tropas de Adolfo Hitler, pero sus creaciones sobrevivieron.

El grupo en memoria del Holocausto Yad Vashem organizó la exposición, que fue inaugurada el 25 de enero y estará abierta hasta el 3 de abril. Al elegir entre la colección de Yad Vashem de unas 6,000 obras de arte de la era del Holocausto donadas por sobrevivientes y sus familias, y al rastrear las historias detrás de estas obras, la curadora Eliad Moreh-Rosenberg pretendía atraer la atención a los temas diversos de este género pasado por alto.

“Una vez que se enteran de que este arte existe, las personas de inmediato piensan en imágenes estereotípicas del Holocausto: alambrada de púas, estrellas amarillas, chimeneas”, dijo Moreh-Rosenberg.

Esos símbolos aparecen en unas cuantas obras pero presentan giros irónicos. Una obra de Leo Haas, nacido en lo que ahora es la República Checa, muestra la llegada de prisioneros al gueto de Theresienstadt en 1942. Haas trabajaba en el departamento técnico ahí, creando propaganda nazi de día y su arte secreto de noche. Usando tinta y papel robados, retrató a los presos en una ordenada fila sinuosa, saliendo de un horizonte montañoso para serpentear entre árboles sembrados simétricamente. Haas incluyó una diminuta “V” en la esquina, el símbolo del movimiento clandestino de Theresienstadt.

Bedrich Fritta, con Haas, también incluyó la “V” en sus obras. Un retrato de Fritta en la exhibición de Berlín muestra a un trabajador empuñando un pico, cuyo saco tiene una Estrella de David. Pero el trabajador encarcelado de Fritta es guapo y musculoso, desafiando el estereotipo de Hitler de los judíos como personas débiles.

Para Moreh-Rosenberg, no son simplemente los temas de los artistas los que son rebeldes sino también su determinación de contrabandear materiales para crear arte. “Cuando uno está peleando por su vida y sus necesidades humanas básicas”, dice, crear arte “no es solo un escape, es una elección activa de desafío”.

Fritta pagó la apuesta con su vida. Los nazis descubrieron su arte secreto y lo deportaron en 1944 a Auschwitz, donde lo mataron. También deportaron a Haas, pero él sobrevivió para exhumar 400 obras de arte suyas y ayudar a localizar 200 de Fritta enterradas en Theresienstadt. (Haas murió en Berlín en 1983.)

Toll dijo que su madre le rogó a la familia que las ocultaba que les consiguieran acuarelas y le dijo a ella que el cautiverio era parte de un plan para ayudarle a estimular sus imaginaciones. También distrajo a Toll para que no se atormentara por su hermano y su padre desaparecidos. “Mi madre fue mi maestra, mi amiga, mi doctora cuando estuve enferma”, dijo Toll. “Ella desempeñó todos estos papeles”.

Toll dijo que esperaba que los visitantes a la exhibición reconocieran el poder destructivo de la intolerancia religiosa mientras apreciaban el “fracaso (de Hitler) para aniquilar el espíritu”, incluida la chispa creativa mostrada en la obra de un niño de su misma edad, Petr Ginz de Praga. En una de las acuarelas exhibidas de Petr, retrata la habitación que compartió con otros niños en Theresienstadt en 1943 como una colección alegre de literas de un campamento de verano. Petr editaba el periódico “escolar” secreto. En septiembre de 1944, los nazis lo transportaron a Auschwitz y lo asesinaron.

Unos meses después, el ejército ruso liberó a la ciudad de Lviv donde Toll se ocultaba. Ella corrió a la calle donde los soldados rusos le dieron dulces. Llegó la noticia de que los nazis habían matado a su hermano y su padre. Ella y su madre se mudaron a Estados Unidos, donde obtuvo la ciudadanía, se casó y consiguió un doctorado en inglés. Aún le encanta pintar.

“Fue hace mucho tiempo”, dijo Toll sobre la habitación secreta. “Se siente como una versión diferente de mí misma”.

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