Imprudencia, falta de control y de respeto a las normas, ignorancia, indiferencia, suelen conformar el equipo de la transgresión, que cuenta con muchísimos jugadores y simpatizantes tucumanos. Lejos de provocar orgullo, es más bien causante de vergüenza, aunque a menudo ello no pareciera importar demasiado. Con frecuencia estas malas conductas convergen en accidentes o desencadenan tragedias.
Desde su habilitación, ocurrida el 26 de febrero de 1961, durante la gobernación de Celestino Gelsi, se sabe que en el lago San Miguel, del parque 9 de Julio, está prohibido bañarse. Siempre fue un lugar de esparcimiento, donde los chicos solían hacer sus primeras experiencias como pescadores. Se instalaron botes, bicicletas acuáticas y hasta un lanchón, que hacían las delicias de grandes y niños. Fue -y lo sigue siendo- un lugar de encuentro de las familias, especialmente los domingos. Pero desde hace unos años, la decadencia lo acompañó y arrastró con ella a la confitería con su imponente y original techo paraboloide hiperbólico, que fue demolida por la Municipalidad en 2008. La basura, arrojada por los mismos paseantes, se convirtió en una inquilina desagradable del lugar y en el verano, en los días de intenso calor, el espejo de agua comenzó a ser usado de natatorio.
En febrero y diciembre de 2015, dos personas perdieron la vida en sus aguas, la última tenía apenas 20 años. En una recorrida que efectuó el martes un cronista de nuestro diario, constató que había decenas de personas bañándose y no vio ningún tipo de vigilancia. “No se suele ver policías ni guardianes. Llevo tres horas acá y no vi ninguno”, dijo un asiduo visitante del parque, mientras que una pareja acotó: “siempre hay gente en el lago. Los fines de semana se pueden ver hasta 100 personas adentro. Hace rato, incluso, casi se ahoga un chiquito”. Dos vendedores dijeron que la personas vienen más a bañarse que a pescar. El secretario municipal de Servicios Públicos dijo que los guardianes del parque -trabajadores municipales tratan de contener a la gente, pero esta se enoja y agregó que pese a que llaman a la Policía, esta no siempre se hace presente. Sin embargo, en la fuerza aseguraron que entre las 7 y las 23, los patrullajes en la zona del lago son permanentes.
Ayer, la Municipalidad le solicitó al secretario provincial de Seguridad Ciudadana la colaboración para evitar que la gente se bañara en el lago. “Necesitamos que impidan y que, llegado el caso, realicen detenciones, con el único objetivo de que eviten desgracias que después tendremos que lamentar”, dijo el secretario municipal de Relaciones Institucionales.
Si bien es importante la vigilancia, sería oportuno que se mejorara la señalización en cuanto a cantidad y en dimensiones, no solo en el perímetro del espejo de agua, sino en los alrededores, en los lugares por donde la gente suele acceder al lago. Un grupo de trabajadores municipales o de voluntarios podría recorrer el parque concientizando a sus visitantes sobre la necesidad de cuidarlo y de mantenerlo limpio, y en la zona del lago, conversar con la gente y educarla sobre los peligros que encierra bañarse en sus aguas, tanto para la salud como para la vida. También se podría idear un sistema de multas para quienes fuesen sorprendidos in fraganti. La educación, el control y la sanción son siempre los caminos para poder erradicar un mal hábito.
Desde su habilitación, ocurrida el 26 de febrero de 1961, durante la gobernación de Celestino Gelsi, se sabe que en el lago San Miguel, del parque 9 de Julio, está prohibido bañarse. Siempre fue un lugar de esparcimiento, donde los chicos solían hacer sus primeras experiencias como pescadores. Se instalaron botes, bicicletas acuáticas y hasta un lanchón, que hacían las delicias de grandes y niños. Fue -y lo sigue siendo- un lugar de encuentro de las familias, especialmente los domingos. Pero desde hace unos años, la decadencia lo acompañó y arrastró con ella a la confitería con su imponente y original techo paraboloide hiperbólico, que fue demolida por la Municipalidad en 2008. La basura, arrojada por los mismos paseantes, se convirtió en una inquilina desagradable del lugar y en el verano, en los días de intenso calor, el espejo de agua comenzó a ser usado de natatorio.
En febrero y diciembre de 2015, dos personas perdieron la vida en sus aguas, la última tenía apenas 20 años. En una recorrida que efectuó el martes un cronista de nuestro diario, constató que había decenas de personas bañándose y no vio ningún tipo de vigilancia. “No se suele ver policías ni guardianes. Llevo tres horas acá y no vi ninguno”, dijo un asiduo visitante del parque, mientras que una pareja acotó: “siempre hay gente en el lago. Los fines de semana se pueden ver hasta 100 personas adentro. Hace rato, incluso, casi se ahoga un chiquito”. Dos vendedores dijeron que la personas vienen más a bañarse que a pescar. El secretario municipal de Servicios Públicos dijo que los guardianes del parque -trabajadores municipales tratan de contener a la gente, pero esta se enoja y agregó que pese a que llaman a la Policía, esta no siempre se hace presente. Sin embargo, en la fuerza aseguraron que entre las 7 y las 23, los patrullajes en la zona del lago son permanentes.
Ayer, la Municipalidad le solicitó al secretario provincial de Seguridad Ciudadana la colaboración para evitar que la gente se bañara en el lago. “Necesitamos que impidan y que, llegado el caso, realicen detenciones, con el único objetivo de que eviten desgracias que después tendremos que lamentar”, dijo el secretario municipal de Relaciones Institucionales.
Si bien es importante la vigilancia, sería oportuno que se mejorara la señalización en cuanto a cantidad y en dimensiones, no solo en el perímetro del espejo de agua, sino en los alrededores, en los lugares por donde la gente suele acceder al lago. Un grupo de trabajadores municipales o de voluntarios podría recorrer el parque concientizando a sus visitantes sobre la necesidad de cuidarlo y de mantenerlo limpio, y en la zona del lago, conversar con la gente y educarla sobre los peligros que encierra bañarse en sus aguas, tanto para la salud como para la vida. También se podría idear un sistema de multas para quienes fuesen sorprendidos in fraganti. La educación, el control y la sanción son siempre los caminos para poder erradicar un mal hábito.
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