Sus mentes son como esponjas que absorben todo, sin que los adultos nos demos cuenta, afirmaba el investigador catamarqueño Juan Alfonso Carrizo (1895-1957), que transcurrió una parte de su vida recopilando la poesía oral en las provincias del norte, con el apoyo de la Universidad Nacional de Tucumán. Tal vez emulando esa consigna, cientos de niños poblaron ayer por la mañana la plaza Independencia, ocasión en que tuvo lugar el Primer Encuentro le Lectura y Escritura. Chicos que asisten de primero a sexto grado, leyeron y contaron cuentos, hicieron karaoke con canciones que ellos mismos compusieron, otros transmitieron en vivo relatos de terror desde su FM.
Los niños imitan a los adultos y si estos les dan el ejemplo de leer, pueden abrir las puertas de la imaginación. “Nos hacemos lectores porque nos enseñan a leer en la escuela y porque mamá nos enseña a hacer una torta contándonos paso a paso el procedimiento. Papá nos marca un chiste en el diario para compartirlo y la abuela nos cuenta cómo se enamoró del abuelo. Mamá viene con el libro en la mano a la cama e inventa una historia diferente inspirándose en los dibujos”, escribió Rocío Brescia, integrante de la Fundación Leer en LA GACETA Literaria del 18/8, y en esa misma línea agregó: “No somos lectores naturales. Nos hacemos lectores porque nos leen, porque vemos leer a los adultos que nos rodean, porque vemos libros y nos tientan y porque nos enseñan a poder leer. Entonces, nos hacemos lectores no solo por la escuela sino también por los papás y las mamás, por los abuelos y los tíos y hasta por los hermanos mayores”.
La cultura audiovisual ha invadido en los últimos tiempos la vida cotidiana, pero no ha logrado desplazar el placer de tener un libro entre las manos. Por esa razón, es importante recrear no sólo la costumbre de leer entre los niños, sino también en los adultos porque si estos no leen posiblemente sus hijos no lo hagan. No se trata de regalarles libros, sino de leer con ellos y de intercambiar luego puntos de vista sobre lo que se ha leído.
Se debe apelar al juego y a la creatividad para que los chicos vivan lo que leen y se introduzcan en el mundo de la imaginación en forma activa. Desde hace varios años se emite por Radio Universidad, “De cuenticos y allegrettos”, programa varias veces premiado a nivel nacional, que conduce Viviana Fernández de Scarso. Son los mismos chicos -algunos muy pequeños- quienes leen los relatos, dándoles vida a los personajes y se ocupan también de los efectos especiales para ambientar cada narración, con la guía de la conductora. Un buen ejemplo de promoción de la lectura, y una herramienta para educar a través de un medio de comunicación.
Iniciativas como las de ayer en la plaza Independencia son sumamente positivas en la medida que no sean aisladas, que tengan continuidad, que la experiencia se replique en las plazas de los barrios, con los alumnos de la escuela del lugar. Se podría articular en una acción conjunta entre los establecimientos educativos y los centros vecinales u otras organizaciones comunitarias para canalizar estas inquietudes que educan a niños y grandes. No es fácil captar la atención del chico hacia los libros porque la competencia de la televisión, de la playstation, del celular, es más que significativa. Si el docente ama lo que hace sabrá estimular a sus alumnos. Leer nos ayuda a crecer, a desarrollar la imaginación, a soñar.
Los niños imitan a los adultos y si estos les dan el ejemplo de leer, pueden abrir las puertas de la imaginación. “Nos hacemos lectores porque nos enseñan a leer en la escuela y porque mamá nos enseña a hacer una torta contándonos paso a paso el procedimiento. Papá nos marca un chiste en el diario para compartirlo y la abuela nos cuenta cómo se enamoró del abuelo. Mamá viene con el libro en la mano a la cama e inventa una historia diferente inspirándose en los dibujos”, escribió Rocío Brescia, integrante de la Fundación Leer en LA GACETA Literaria del 18/8, y en esa misma línea agregó: “No somos lectores naturales. Nos hacemos lectores porque nos leen, porque vemos leer a los adultos que nos rodean, porque vemos libros y nos tientan y porque nos enseñan a poder leer. Entonces, nos hacemos lectores no solo por la escuela sino también por los papás y las mamás, por los abuelos y los tíos y hasta por los hermanos mayores”.
La cultura audiovisual ha invadido en los últimos tiempos la vida cotidiana, pero no ha logrado desplazar el placer de tener un libro entre las manos. Por esa razón, es importante recrear no sólo la costumbre de leer entre los niños, sino también en los adultos porque si estos no leen posiblemente sus hijos no lo hagan. No se trata de regalarles libros, sino de leer con ellos y de intercambiar luego puntos de vista sobre lo que se ha leído.
Se debe apelar al juego y a la creatividad para que los chicos vivan lo que leen y se introduzcan en el mundo de la imaginación en forma activa. Desde hace varios años se emite por Radio Universidad, “De cuenticos y allegrettos”, programa varias veces premiado a nivel nacional, que conduce Viviana Fernández de Scarso. Son los mismos chicos -algunos muy pequeños- quienes leen los relatos, dándoles vida a los personajes y se ocupan también de los efectos especiales para ambientar cada narración, con la guía de la conductora. Un buen ejemplo de promoción de la lectura, y una herramienta para educar a través de un medio de comunicación.
Iniciativas como las de ayer en la plaza Independencia son sumamente positivas en la medida que no sean aisladas, que tengan continuidad, que la experiencia se replique en las plazas de los barrios, con los alumnos de la escuela del lugar. Se podría articular en una acción conjunta entre los establecimientos educativos y los centros vecinales u otras organizaciones comunitarias para canalizar estas inquietudes que educan a niños y grandes. No es fácil captar la atención del chico hacia los libros porque la competencia de la televisión, de la playstation, del celular, es más que significativa. Si el docente ama lo que hace sabrá estimular a sus alumnos. Leer nos ayuda a crecer, a desarrollar la imaginación, a soñar.








