Tal vez sea una de las palabras más escuchadas en los últimos años, pero menos llevadas a la práctica. Por definición, es la plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos. Es también la base de las relaciones humanas, sin él no se podría llegar a consensos y la paz sería muy difícil de lograr. Es decir que el diálogo es fundamental para el buen entendimiento. Para que se este produzca debe haber un acercamiento entre las partes opuestas a través de la comunicación.
A partir de las elecciones del 23 de agosto pasado, los tucumanos hemos venido viviendo situaciones de conflicto que han dividido a la sociedad en posiciones aparentemente irreductibles. Sin embargo, hubo gestos de aproximación dignos de destacar como fue el café que compartieron el actual intendente de Yerba Buena, Daniel Toledo, con su sucesor, Mariano Campero. El martes pasado se reunieron y hablaron sobre las responsabilidades que tendrá que asumir el nuevo jefe comunal, que milita en la oposición. Los dirigentes hablaron también sobre la deuda del municipio con el Gobierno provincial, la recolección de residuos, la inseguridad y las elecciones. Ambos, uno peronista y otro radical, se conocen desde 2009, y su relación no ha sido precisamente pacífica. En algunas ocasiones, esas peleas acabaron incluso en la Justicia.
Este encuentro tuvo su antecedente un par de semanas atrás cuando los 10 concejales electos de Yerba Buena decidieron realizar un taller de coaching ontológico para mejorar las relaciones entre ellos. La propuesta surgió de uno de ellos, ex entrenador de rugby y uno de los fundadores del partido municipal Cambiemos Yerba Buena. A sus pares electos les pareció una buena idea e incluso en la posibilidad de realizar caminatas conjuntas por los barrios.
Es interesante recordar las reflexiones que hizo el papa Francisco ante 200 jóvenes japoneses. El pontífice señaló que el diálogo es muy importante para la propia madurez, porque en el confrontarse con la otra persona, con las otras culturas, también en la confrontación sana con las otras religiones, se crece y se madura. “Es cierto, existe un riesgo: que si en el diálogo uno se cierra y se molesta, se puede pelear y ese es el peligro. Y eso no está bien, porque nosotros dialogamos para encontrarnos, no para pelear... ¿Y cuál es la actitud más profunda que debemos tener para dialogar y no pelear? La mansedumbre. La capacidad de encontrar a las personas, de encontrar a las culturas con paz... primero escuchar, luego hablar. Esto es mansedumbre”. Francisco agregó: “Este diálogo es aquel que hace la paz. No puede haber paz sin diálogo. Todas las guerras, todas las luchas, todos los problemas que no se resuelven, que se encuentran, existen por falta de diálogo. Cuando hay un problema, diálogo: eso hace la paz”.
En estas últimas semanas, los tucumanos hemos mostrado una gran inmadurez democrática, reflejada en la intolerancia, en las agresiones, en declamar el respeto por la Justicia, pero al mismo tiempo vilipendiarla. Es hora de que nos acerquemos, que venzamos la intransigencia, que los adversarios inicien un diálogo, como ha ocurrido en Yerba Buena, tomando como objetivo el bien común. Sin una buena comunicación, no se puede salir del autismo, tampoco levantar la cabeza para ver lo que le pasa al otro y mucho menos, crecer ni construir una democracia sana.
A partir de las elecciones del 23 de agosto pasado, los tucumanos hemos venido viviendo situaciones de conflicto que han dividido a la sociedad en posiciones aparentemente irreductibles. Sin embargo, hubo gestos de aproximación dignos de destacar como fue el café que compartieron el actual intendente de Yerba Buena, Daniel Toledo, con su sucesor, Mariano Campero. El martes pasado se reunieron y hablaron sobre las responsabilidades que tendrá que asumir el nuevo jefe comunal, que milita en la oposición. Los dirigentes hablaron también sobre la deuda del municipio con el Gobierno provincial, la recolección de residuos, la inseguridad y las elecciones. Ambos, uno peronista y otro radical, se conocen desde 2009, y su relación no ha sido precisamente pacífica. En algunas ocasiones, esas peleas acabaron incluso en la Justicia.
Este encuentro tuvo su antecedente un par de semanas atrás cuando los 10 concejales electos de Yerba Buena decidieron realizar un taller de coaching ontológico para mejorar las relaciones entre ellos. La propuesta surgió de uno de ellos, ex entrenador de rugby y uno de los fundadores del partido municipal Cambiemos Yerba Buena. A sus pares electos les pareció una buena idea e incluso en la posibilidad de realizar caminatas conjuntas por los barrios.
Es interesante recordar las reflexiones que hizo el papa Francisco ante 200 jóvenes japoneses. El pontífice señaló que el diálogo es muy importante para la propia madurez, porque en el confrontarse con la otra persona, con las otras culturas, también en la confrontación sana con las otras religiones, se crece y se madura. “Es cierto, existe un riesgo: que si en el diálogo uno se cierra y se molesta, se puede pelear y ese es el peligro. Y eso no está bien, porque nosotros dialogamos para encontrarnos, no para pelear... ¿Y cuál es la actitud más profunda que debemos tener para dialogar y no pelear? La mansedumbre. La capacidad de encontrar a las personas, de encontrar a las culturas con paz... primero escuchar, luego hablar. Esto es mansedumbre”. Francisco agregó: “Este diálogo es aquel que hace la paz. No puede haber paz sin diálogo. Todas las guerras, todas las luchas, todos los problemas que no se resuelven, que se encuentran, existen por falta de diálogo. Cuando hay un problema, diálogo: eso hace la paz”.
En estas últimas semanas, los tucumanos hemos mostrado una gran inmadurez democrática, reflejada en la intolerancia, en las agresiones, en declamar el respeto por la Justicia, pero al mismo tiempo vilipendiarla. Es hora de que nos acerquemos, que venzamos la intransigencia, que los adversarios inicien un diálogo, como ha ocurrido en Yerba Buena, tomando como objetivo el bien común. Sin una buena comunicación, no se puede salir del autismo, tampoco levantar la cabeza para ver lo que le pasa al otro y mucho menos, crecer ni construir una democracia sana.








