Un pueblo que se unió para ganar una batalla

LA  GACETA
Por LA GACETA 24 Septiembre 2015
Se llama prócer a la persona respetada por sus cualidades, que tiene una especial consideración entre los de su clase o profesión. Es aquel cuyas acciones y pensamientos han contribuido al engrandecimiento de una comunidad o de un país. Un prócer vendría ser el espejo en el cual deberían reflejarse las generaciones, es el ejemplo a seguir. Todas las naciones tienen próceres, aunque no siempre sus acciones son imitadas por la ciudadanía. En vida, seguramente estos no dimensionan que una decisión puede convertirse luego histórica por sus repercusiones y consecuencias, se trate de una victoria o un fracaso. Las situaciones límite llevan a las personas a jugarse al todo o nada, como se dice familiarmente. Posiblemente, por esa instancia de vida atravesó hace 203 años Manuel Belgrano cuando decidió plantarse en Tucumán para enfrentar en desventaja al invasor español, que venía avanzando desde el norte.

Si bien una decisión se toma siempre en soledad, es importante el marco que la acompaña. Buenos Aires le ordenó al creador de la Bandera la retirada a Córdoba, pero obedecer la orden implicaba dejar a todo el norte en poder de los realistas. Se trataba de una difícil resolución. Cambió su ruta e hizo creer a los realistas que no se detendría en Tucumán. El Cabildo local le envió una comisión para persuadirlo de que se quedara en nuestra ciudad. Un grupo de vecinos, encabezado por Bernabé Aráoz, se dirigió al campamento de La Encrucijada. Cuando Belgrano les comentó la cantidad del dinero y de hombres que necesitaba, le aseguraron que aportarían el doble. Escribió entonces a Buenos Aires: “La gente de esta jurisdicción ha decidido sacrificarse con nosotros. Es de necesidad aprovechar tan nobles sentimientos, que son obra del cielo, que tal vez empieza a protegernos para humillar la soberbia con que vienen los enemigos”. Belgrano decidió dar batalla y derrotó a los realistas el 24 de septiembre de 1812.

Cabe destacar la actitud de los tucumanos, que ante el peligro de perderlo todo se unieron para apoyar a Belgrano y su ejército, que eran la posibilidad de salvarse y de colaborar económica y militarmente con la causa patriota. De esa manera se pudo frenar el avance de las tropas de Pío Tristán y la Batalla de Tucumán tuvo una importancia vital para consolidar la Revolución de Mayo porque fue el primer triunfo argentino en el norte sobre los españoles.

Los controvertidos comicios del 23 de agosto pasado, con sus posteriores denuncias de irregularidades y fraude, los planteos judiciales que pusieron en tela de juicio su transparencia, han dividido una vez más a los tucumanos. Lejos de pacificar los ánimos y esperar que la Justicia resolviera las descalificaciones y agravios constantes de uno y otro sector han desnudado nuestra inmadurez democrática.

Sería positivo que en este nuevo aniversario de la Batalla de Tucumán, la clase gobernante y la sociedad, siguiendo el ejemplo de nuestros antepasados, se uniera nuevamente para desterrar la miseria, la desocupación, la droga, las constantes transgresiones a las leyes, la impunidad y la contaminación ambiental, y para construir sobre la base de la educación una dirigencia que anteponga los intereses colectivos. a los personales. Manuel Belgrano fue uno de los patriotas que hizo de la decencia, de la vocación de servicio y la humildad un acto de vida. Deberíamos recordarlo a diario. Sería bueno que alguna vez a los tucumanos nos uniera el amor, no el espanto.

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