La presencia de perros sin dueño en la vía pública

LA  GACETA
Por LA GACETA 21 Septiembre 2015
Las calles, las plazas, las peatonales, las entradas a los edificios, a los bancos o a las reparticiones les permiten deambular o pernoctar. Están allí porque sus dueños los han abandonado en la vía pública. Mientras los perros son mudos testigos del paisaje, pasan casi inadvertidos, hasta que imprevistamente atacan a un motociclista o muerden a un transeúnte. Hay perros que viven hace años en las plazas, como la Urquiza o la San Martín.

En nuestra edición del martes, dedicamos un espacio a los canes vagabundos de la plaza Urquiza, cuya presencia provoca distintas opiniones de los vecinos. Unos que se dedican a cuidarlos y darles de comer, y otros que consideran que son un peligro y que han padecido alguna vez mordeduras. Para integrantes de grupos mascoteros, si reaccionan atacando o mordiendo, se debe a que la gente les tira pedradas, les pegan patadas, o los molestan de todas las maneras posibles. Una de ellas asegura que los 10 canes vagabundos están identificados, vacunados, desparasitados, esterilizados y atendidos en todas sus necesidades.

No opinan lo mismo los que han sido víctimas de mordeduras. Una señora contó que salió a pasear a su mascota: “Andaba paseando, como siempre, y el perro blanco con manchitas se acercó y me mordió. Todavía tengo el jean roto. Me lastimó feo... vino a atacarlo a Sansón -su caniche-, entonces yo lo levanté y se prendió de mi pantorrilla. Quedé con miedo, pero me dan mucha pena esos animalitos. Creo que necesitan un hogar, alguien que los cuide”, señaló. El encargado de limpiar la plaza contó: “La semana pasada, los perros voltearon a un chico que andaba en moto por la Muñecas. También vi cuando mordió a un nene que paseaba con su mamá y un hombre tuvo que patear a uno de los perros porque quería morderlo. Se armó flor de lío, porque aparecieron personas que defendían al animal. Siempre pasa algo. Son muchos y algunos son malos”. Según los defensores mascoteros, se necesitan políticas públicas que fomenten la adopción de perros de la calle y que las campañas de esterilización sean sistemáticas. El responsable del Centro de Adaptación y Reubicación Animal, que depende de la Municipalidad capitalina, dijo que no poseen datos oficiales acerca de la cantidad de canes vagabundos y agregó que como consecuencia de las campañas municipales de castración gratuita y de adopción estos son cada vez menos. Puso de relieve la cooperación de las ONG mascoteras que colaboran con esta tarea. La presencia de los perros vagabundos en las calles lleva varios lustros y hasta ahora no se ha encontrado una solución duradera. Cabe preguntarse en primer lugar si tanto la ciudadanía como sus representantes, consideran correcto que haya canes vagabundos. Si se aceptara este criterio, deberían derogarse entonces las normas referidas al tema. Si se considerara lo contrario, se debería buscar una solución definitiva para que no hubiera animales abandonados. Si no se sabe qué hacer, una saludable salida es averiguar qué medidas se tomaron al respecto en otras ciudades. Si un motociclista sufre un accidente por intentar zafar de un ataque perruno o un peatón es mordido, ¿quién o quiénes se harán cargo del daño sufrido? ¿La Municipalidad? ¿Los defensores de las mascotas callejeras? Tal vez sería hora de que hubiese una normativa específica sobre el asunto. “Debidamente entrenado, el hombre puede llegar a ser el mejor amigo del perro”, afirmaba el humorista Corey Ford.

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