01 Febrero 2004 Seguir en 

Buenos Aires.- Hollywood acaba de multinominar para los premios Oscar de la Academia a la última película de la saga anticomunista mejor realizada de toda la historia de la Guerra Fría, cuando ya pasó más de una década desde la implosión económico-social del área socialista.
Acaso por eso haya que explicar el éxito de las tres películas, que mitologizan sobre el triunfo contra el gran enemigo del capitalismo. La trilogía la dirigió el neocelandés Peter Jackson, inspirado en los libros del británico J.R.R. Tolkien, quien concibió su monumental obra en los años del peor enfrentamiento del oeste contra el este, del capitalismo contra el comunismo. Tolkien comenzó a esbozar El Señor de los Anillos en 1937 y terminó el primer volúmen diez años más tarde, cuando la mitad de la Europa central estaba en poder de los partidos comunistas y de sus aliados.
El relato cinematográfico no tiene desniveles dramáticos en ninguno de los tres filmes, el último de los cuales aún se exhibe en Tucumán.
En "El retorno del rey", mejor y con mayor claridad que en las dos primeras, se puede observar con nitidez la influencia de la lucha en el mundo bipolar de los años cuarenta y cincuenta. Los orcos son los comunistas y el mundo de los hombres el Occidente religioso. Los Orcos son las masas monstruosas teledirigidas desde un poder central, mientras que los hombres están dividos, tienen flaquezas y debilidades propias de la raza. En un momento culminante de la película, el jefe táctico de los orcos anuncia en medio del campo de batalla que el reino de los hombres está a punto de terminar. Esos orcos son miles, millones, son apátridas y ateos, y el líder máximo es un ojo que mira y controla todo lo que ocurre desde un lugar recóndito tal como lo pensó Orwell para el Gran Hermano. Los hombres, en cambio, tienen buenos y malos jefes territoriales, que en algún caso un rey se muestra como un necio o tonto al mando de una nave en medio de la tormenta.
No se sabe si Jackson lo pensó cuando designó al actor inglés Ian McKellen para personificar a Gandalf, el mago que une a los hombres contra orcos. Pero es probable que Tolkien se haya inspirado en Wiston Churchill como el gran operador político de Occidente contra el Este que amenzaba terminar con el establishment mundial. De esta forma, el cine hace su aporte a un mundo que hoy, ya no es tan blanco y negro, sino más bien gris. (Reuter)
Acaso por eso haya que explicar el éxito de las tres películas, que mitologizan sobre el triunfo contra el gran enemigo del capitalismo. La trilogía la dirigió el neocelandés Peter Jackson, inspirado en los libros del británico J.R.R. Tolkien, quien concibió su monumental obra en los años del peor enfrentamiento del oeste contra el este, del capitalismo contra el comunismo. Tolkien comenzó a esbozar El Señor de los Anillos en 1937 y terminó el primer volúmen diez años más tarde, cuando la mitad de la Europa central estaba en poder de los partidos comunistas y de sus aliados.
El relato cinematográfico no tiene desniveles dramáticos en ninguno de los tres filmes, el último de los cuales aún se exhibe en Tucumán.
En "El retorno del rey", mejor y con mayor claridad que en las dos primeras, se puede observar con nitidez la influencia de la lucha en el mundo bipolar de los años cuarenta y cincuenta. Los orcos son los comunistas y el mundo de los hombres el Occidente religioso. Los Orcos son las masas monstruosas teledirigidas desde un poder central, mientras que los hombres están dividos, tienen flaquezas y debilidades propias de la raza. En un momento culminante de la película, el jefe táctico de los orcos anuncia en medio del campo de batalla que el reino de los hombres está a punto de terminar. Esos orcos son miles, millones, son apátridas y ateos, y el líder máximo es un ojo que mira y controla todo lo que ocurre desde un lugar recóndito tal como lo pensó Orwell para el Gran Hermano. Los hombres, en cambio, tienen buenos y malos jefes territoriales, que en algún caso un rey se muestra como un necio o tonto al mando de una nave en medio de la tormenta.
No se sabe si Jackson lo pensó cuando designó al actor inglés Ian McKellen para personificar a Gandalf, el mago que une a los hombres contra orcos. Pero es probable que Tolkien se haya inspirado en Wiston Churchill como el gran operador político de Occidente contra el Este que amenzaba terminar con el establishment mundial. De esta forma, el cine hace su aporte a un mundo que hoy, ya no es tan blanco y negro, sino más bien gris. (Reuter)
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