Cuando no se combate, el clientelismo se normaliza

LA  GACETA
Por LA GACETA 25 Agosto 2015
Tucumán necesita que sus autoridades y principales referentes de la sociedad se aboquen al desarrollo de una forma diferente de encarar los comicios. Los sucesos del último domingo y el controvertido conteo sentencian que la cuestión electoral es una materia que debe ocupar un lugar trascendente en la agenda de las futuras autoridades que integren los poderes Ejecutivo y Legislativo.

La ambición por manejar la voluntad del hombre tiene muchos años. No es un invento de esta generación dirigencial de la provincia. Sin embargo, desde 1983 a la fecha en los comicios que se vienen desarrollando se ha perfeccionado un agresivo sistema que afecta la dignidad del ciudadano. Sumas millonarias se invierten en acarreos, bolsones y en otros modos de presionar al elector. Son distintas acciones que no tienen otro fin que coartar la libertad de elección y de decisión. La democracia es una invitación a manifestarse en libertad y no una oportunidad para torcer la voluntad de una persona.

Durante años los políticos y el ciudadano han tomado con cierta liviandad estas acciones. Incluso en las publicidades de campaña hubo candidatos que recomendaban aceptar el bolsón y después actuar con libertad en el cuarto oscuro. Se ha ido naturalizando una práctica disvaliosa hacia el ciudadano.

En otros países, como México por ejemplo, a los programas asistenciales les obligan a entregar una doble ración (un doble pago) un mes antes de los comicios para que el individuo pueda actuar con mayor libertad a la hora de ejercer su libertad de sufragar. En aquel país o en Brasil está prohibido el traslado de personas para que vayan a votar.

En nuestra provincia nada de esto ocurre. Por el contrario, el clientelismo se ha ido incorporando como una herramienta electoral más. No es una novedad que cuando no se combate al clientelismo éste se normaliza.

En varias lugares del país existe un sistema de colectoras como el que se propone a través de los acoples, que el domingo provocó tantos trastornos. En Tucumán a los acoples se los ha pergeñado con una lógica idéntica a la que venía aplicándose con los sublemas. Por eso termina colapsando este programa de colectoras, algo que no ocurre en el resto de las provincias. Se ha dado gran permisividad a la creación y al sostenimiento de partidos políticos que pueden formarse y permanecer casi sin controles. Estas permisividades hacen que ni siquiera la boleta única pudiera ser aplicada en la provincia, ya que haría falta un verdadero bibliorato para ponerla en vigencia.

La búsqueda de una mejora de la forma de elegir comprende tal vez una reforma constitucional, pero antes bien podrían cambiarse leyes que aseguren la libertad de elegir y un proceso de mayor legitimidad a la hora de sufragar.

Cabe destacar, no obstante, que los acoples figuran en la Constitución de 2006 sin que en la ley en la que se ordenó la reforma se exija un cambio. Sólo se planteó la necesidad de “fijar bases electorales”. En cambio, sí se le recomendó al constituyente prohibir expresamente el sistema de lemas y sublemas. No cumplió, pues terminó elaborando algo casi idéntico.

Los momentos que vive la provincia, donde ni siquiera aquellas personas que obtuvieron un triunfo electoral pueden disfrutar libremente de él, exigen que se cambien las reglas de juego para que el voto no sea un negocio electoral.

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