Voces de otros en boca de uno

Los personajes de “Mirá quién habla” trabajan con precisión el doblaje y el playback

BAILAN, CANTAN Y ACTÚAN. Los actores de “Mirá quién hablan”. GENTILEZA PABLO PAROLO BAILAN, CANTAN Y ACTÚAN. Los actores de “Mirá quién hablan”. GENTILEZA PABLO PAROLO
15 Agosto 2015

DOS FUNCIONES
• Jueves a las 23 y sábados a las 22 en El Árbol de Galeano (Virgen de la Merced 435).

Hace tres décadas, el recientemente fallecido Jean François Casanova sorprendió al público con Caviar, el grupo que elevó a la fonomímica de una diversión de fiestas a la categoría de espectáculo teatral. Personajes trasvestidos que modulaban exageradamente letras de distintas canciones en parodias de su sentido, se ganaron el afecto y la admiración de los argentinos.

La estética se repite en “Mirá quién habla”, el espectáculo que dirige Pablo Parolo y que hoy se estrenará con la participación de Gabriel Carreras, Jorge Pérez Lucena, Manuel Villarrubia y Kikín Díaz, más Eugenia Rufino en coreografías y Eli Cárdenas en vestuario y diseño espacial, en El Árbol de Galeano. Tramos de las películas “Cabaret” y “Mamita querida”, textos dramáticos del chileno Alejandro Jodorowsky, narraciones del escritor uruguayo Leo Masliah y varios más conforman una propuesta que está centrada en la risa, pero con una vuelta de tuerca que hace pensar.

Parolo le revela a LA GACETA que vio una sola vez Caviar, y aclara que no se inspiró conscientemente en su propuesta a la hora de montar su obra, a la que comienza definiendo como playback o doblaje, sin imitar a nadie. “No es lo mismo hablar que decir. Estos personajes dicen, pero no hablan, y me pregunté quién habla a través de ellos”, señala.

- ¿Y quién define lo que ellos articulan?

- Hay discursos dominantes, versades instaladas y frases que repetimos porque alguien las dijo y sin ser conscientes, pero esta obra no es política ni un trabajo de tesis. Es un espectáculo humorístico y musical donde los actores bailan, cantan y actúan sin usar su voz. No dirijo algo pretencioso, pero por acción u omisión siempre se abordan temas ideológicos, una visión del mundo o algo autobiográfico.

- ¿El título se abre a más de una interpretación?

- Claro, no sólo es el “mirá quién habla” de que siempre es el mismo, sino también el de la pregunta de quién lo hace o la sorpresa al descubrirlo. Puede ser el Gobierno, los medios, el poder; de hecho, en los ensayos hablábamos de Matrix como estructura dominante. No demonizo a un sector en particular. Ahora están los dubsmash, esas aplicaciones que te permiten hablar con las voces de otros, un artificio en el que la sociedad se prende. Lo que hacemos nosotros produce un sentido.

- ¿La obra transcurre sobre un discurso ideologizado?

- Para nada. Rara vez monté una obra para decir algo. Busco la teatralidad en sí misma, la forma y los juegos que me permiten abordar estos audios, que son melodramas. Lo ideológico y lo político aparecen después. Esta es una dramaturgia colectiva, que yo organicé.

- Es una sucesión de escenas, sin un hilo conductor.

- No quisimos hacer ni una obra aristotélica ni una lógica naturalista con respeto cronológico. Son cuadros, pero que construyen un sentido determinado que los llevan hacia el final, sobre todo a partir de uno de los personajes que quiere hablar con su propia voz.

- ¿Al hacerlo llega el castigo?

- Depende. Cuando desafiás a las grandes estructuras de poder, a los discursos dominantes, definitivamente sí. Si no estás de acuerdo, sos un traidor y de la peor laya. Pero nosotros no construimos la obra con un héroe bueno y tres parapoliciales malos, sino que le pedí a cada actor que encuentre qué conducta asumiría, porque en la sociedad hay de todo.

- Tienen un altísimo nivel de precisión en sus movimientos.

- Partí con la ventaja de tener actores que ya dominaban esta técnica y ensayamos por unos tres meses. Lo que profundizamos fue trabajar más allá de la modulación, los movimientos y la técnica del artificio. Hubo una construcción de las emociones de los personajes, que se transmite de las miradas, de los silencios sobre una banda grabada muy estricta, que no te permite medir los tiempos de la reacción del público. Es un gran gasto de energía no poder hablar; es inorgánico no emitir sonido, no largar la voz. Uno siempre emite sonidos. Ellos captaron las intenciones, las emociones que subyacen en los tonos que se usan. Lo importante, también en la puesta, es pensar con tu propia cabeza y que no te digan qué debés decir ni repetir el discurso del otro.

Publicidad
Tamaño texto
Comentarios
Comentarios