Si se coincide en defender la total libertad en el arte, obrar en consecuencia será no formularles un ultimátum a los artistas ni asignarles “misiones” especiales en la sociedad; o creer, por caso, en su capacidad transformadora o revolucionaria, como tantas veces ha sucedido en la historia, muy rica en estos malos entendidos.
Hay quienes parecen haberse quedado en tiempos primitivos y atribuyen al arte determinados poderes, incluso, integrando el mismo ritual; por eso, no es extraño que aún hoy repitan que el arte cura o sana (claro está, este tipo de aseveraciones también podrá responder a una estrategia de marketing en el que el capitalismo somete completamente a sus consumidores al dominio del capital).
De allí que habrá que defender, igualmente, todo lo que contenga ese “combo” en nombre de, precisamente, la libertad. Finalmente, cada época ha comprendido a su manera lo que es el arte y sus definiciones han proliferado aquí y allá, según las teorías desde las que se parte, según las miradas desde las que se vea.
En este orden, una de las palabras que con mayor sentido crítico se utilizan es entretenimiento.
Pareciera que el entretenimiento es el principal enemigo del arte mismo por ser considerado como una categoría menor, supuestamente. Uno de sus más duros críticos fue Teodor Adorno, quien, además, denunció la industria cultural (junto a Horkheimer) en la década del 40 del siglo pasado.
Pero ¿por qué no debiera entretener el arte? Si se recurre al diccionario se podrá advertir que el significado es “distraer”, y entonces, no es difícil entender por qué se la juzga casi como una mala palabra. Pero, como todo término, en las distintas acepciones que se conocen de él hay una cadena de sentidos entre los cuales la palabra no se relaciona negativamente.
Entretener es, igualmente, pasar el tiempo. Incluso, un sociólogo como Howard Becker sostiene que “el entretenimiento es también una fuente seria de conocimiento”.
En ese “combo” que integra el arte, el entretenimiento, pues, desea tener su propio espacio; así como lo lúdico y el placer, palabras que se las integra negativamente cuando se asocian con el arte. Si defendemos la libertad en el arte, no tendría que molestarnos que entretenga.
Hay quienes parecen haberse quedado en tiempos primitivos y atribuyen al arte determinados poderes, incluso, integrando el mismo ritual; por eso, no es extraño que aún hoy repitan que el arte cura o sana (claro está, este tipo de aseveraciones también podrá responder a una estrategia de marketing en el que el capitalismo somete completamente a sus consumidores al dominio del capital).
De allí que habrá que defender, igualmente, todo lo que contenga ese “combo” en nombre de, precisamente, la libertad. Finalmente, cada época ha comprendido a su manera lo que es el arte y sus definiciones han proliferado aquí y allá, según las teorías desde las que se parte, según las miradas desde las que se vea.
En este orden, una de las palabras que con mayor sentido crítico se utilizan es entretenimiento.
Pareciera que el entretenimiento es el principal enemigo del arte mismo por ser considerado como una categoría menor, supuestamente. Uno de sus más duros críticos fue Teodor Adorno, quien, además, denunció la industria cultural (junto a Horkheimer) en la década del 40 del siglo pasado.
Pero ¿por qué no debiera entretener el arte? Si se recurre al diccionario se podrá advertir que el significado es “distraer”, y entonces, no es difícil entender por qué se la juzga casi como una mala palabra. Pero, como todo término, en las distintas acepciones que se conocen de él hay una cadena de sentidos entre los cuales la palabra no se relaciona negativamente.
Entretener es, igualmente, pasar el tiempo. Incluso, un sociólogo como Howard Becker sostiene que “el entretenimiento es también una fuente seria de conocimiento”.
En ese “combo” que integra el arte, el entretenimiento, pues, desea tener su propio espacio; así como lo lúdico y el placer, palabras que se las integra negativamente cuando se asocian con el arte. Si defendemos la libertad en el arte, no tendría que molestarnos que entretenga.
Lo más popular








