Es una realidad que no se puede soslayar. A diario se viven episodios violentos en nuestra sociedad, muchos de ellos vinculados con la inseguridad y el incremento del delito. Como respuesta a la indefensión que siente una parte de la ciudadanía ante los ataques de los delincuentes, algunos reaccionan atrapándolos y golpeándolos.
Por ejemplo, el domingo, en el Barrio Municipal Policial, ubicado al sur de la capital, un joven de 19 años entró a robar a una casa, golpeó a la dueña, quien con sus gritos alertó a sus vecinos. El ladrón saltó una tapia y huyó, pero fue atrapado. Alrededor de 50 personas le pegaron puñetazos y patadas, entre insultos, lo desnudaron y lo ataron. Lo mantuvieron tirado en el piso hasta que llegaron agentes del sistema de emergencias 911 y lo llevaron aprehendido a la comisaría 8ª. La dueña de casa tuvo que ser atendida en el hospital Padilla por el golpe que le propinó el ladrón.
En el mediodía del 1 de julio pasado, frente al edificio de la Dirección General de Rentas de la Provincia, en 24 de Septiembre al 900, un grupo de peatones detuvo y castigó a golpes a un ladrón que intentó escapar, tras robarle a un joven. Les llamó la atención a los presentes que el delincuente vestía traje, corbata y llevaba unas carpetas. La víctima gritó y las personas que se hallaban en el lugar detuvieron al agresor y lo retuvieron a golpes hasta que llegaron policías del 911.
En un intento de organizarse mejor para combatir el delito, la Policía creó en su seno un nuevo organismo, la Dirección General de Prevención Ciudadana de la cual dependerán la Dirección de Visualización y Monitoreo, la Dirección de Patrulleros y Motoristas, la Guardia Urbana y la Policía Vial. Se ocupará además de coordinar las cuadrículas de los patrulleros y motoristas, supervisar los centros de monitoreos y las divisiones de seguridad bancaria y de verificación del automotor.
Si bien el área de Seguridad busca mayor efectividad en su labor, hasta ahora se sigue trabajando en la represión del delito -como es el 911- y no en la prevención. Si bien es cierto que hay más policías en la calle, ello no ha frenado la acción de los delincuentes. La autoridad debería preguntarse qué es lo está haciendo mal o lo que no está haciendo. Tal vez sea necesaria la creación de una policía comunitaria que estuviera en contacto permanente con el vecino, lo cual le permitiría saber qué está sucediendo en un barrio.
Los intentos de hacer justicia por mano propia están reflejando un hondo malestar social. Es innegable el estado de inseguridad y de indefensión ciudadana, pero de ninguna manera puede justificarse este regreso a la Ley del Talión. No sin argumentos se ha cuestionado la labor de la Justicia y de la Policía, así como la complicidad del poder político, pero valerse de furia colectiva y de la sed de venganza para matar a un ladrón, significa cometer un asesinato. Hay instituciones donde resolver los conflictos, de manera que más allá del hartazgo que pueda experimentar la ciudadanía por falta de respuestas a sus reclamos de mayor protección, no se puede avasallar la ley porque se corre el riesgo de caer en la anarquía.
Nuestros representantes deben plantearse acciones concretas para evitar que esta realidad se salga de cauce. La educación, la justicia y la autocrítica siguen siendo los puntos de partida para construir y fortalecer el tejido social. La violencia solo atrae violencia.
Por ejemplo, el domingo, en el Barrio Municipal Policial, ubicado al sur de la capital, un joven de 19 años entró a robar a una casa, golpeó a la dueña, quien con sus gritos alertó a sus vecinos. El ladrón saltó una tapia y huyó, pero fue atrapado. Alrededor de 50 personas le pegaron puñetazos y patadas, entre insultos, lo desnudaron y lo ataron. Lo mantuvieron tirado en el piso hasta que llegaron agentes del sistema de emergencias 911 y lo llevaron aprehendido a la comisaría 8ª. La dueña de casa tuvo que ser atendida en el hospital Padilla por el golpe que le propinó el ladrón.
En el mediodía del 1 de julio pasado, frente al edificio de la Dirección General de Rentas de la Provincia, en 24 de Septiembre al 900, un grupo de peatones detuvo y castigó a golpes a un ladrón que intentó escapar, tras robarle a un joven. Les llamó la atención a los presentes que el delincuente vestía traje, corbata y llevaba unas carpetas. La víctima gritó y las personas que se hallaban en el lugar detuvieron al agresor y lo retuvieron a golpes hasta que llegaron policías del 911.
En un intento de organizarse mejor para combatir el delito, la Policía creó en su seno un nuevo organismo, la Dirección General de Prevención Ciudadana de la cual dependerán la Dirección de Visualización y Monitoreo, la Dirección de Patrulleros y Motoristas, la Guardia Urbana y la Policía Vial. Se ocupará además de coordinar las cuadrículas de los patrulleros y motoristas, supervisar los centros de monitoreos y las divisiones de seguridad bancaria y de verificación del automotor.
Si bien el área de Seguridad busca mayor efectividad en su labor, hasta ahora se sigue trabajando en la represión del delito -como es el 911- y no en la prevención. Si bien es cierto que hay más policías en la calle, ello no ha frenado la acción de los delincuentes. La autoridad debería preguntarse qué es lo está haciendo mal o lo que no está haciendo. Tal vez sea necesaria la creación de una policía comunitaria que estuviera en contacto permanente con el vecino, lo cual le permitiría saber qué está sucediendo en un barrio.
Los intentos de hacer justicia por mano propia están reflejando un hondo malestar social. Es innegable el estado de inseguridad y de indefensión ciudadana, pero de ninguna manera puede justificarse este regreso a la Ley del Talión. No sin argumentos se ha cuestionado la labor de la Justicia y de la Policía, así como la complicidad del poder político, pero valerse de furia colectiva y de la sed de venganza para matar a un ladrón, significa cometer un asesinato. Hay instituciones donde resolver los conflictos, de manera que más allá del hartazgo que pueda experimentar la ciudadanía por falta de respuestas a sus reclamos de mayor protección, no se puede avasallar la ley porque se corre el riesgo de caer en la anarquía.
Nuestros representantes deben plantearse acciones concretas para evitar que esta realidad se salga de cauce. La educación, la justicia y la autocrítica siguen siendo los puntos de partida para construir y fortalecer el tejido social. La violencia solo atrae violencia.








