El 9 de Julio, de fiesta popular a acto político

LA  GACETA
Por LA GACETA 09 Julio 2015
Es la fecha más importante para los argentinos porque en ella se proclamó la libertad, la independencia de los reyes de España. Se cumplen hoy 199 años de aquella gesta histórica que tuvo lugar en nuestra ciudad. Desde 1991, el 9 de julio, San Miguel de Tucumán es la capital de la Argentina, de acuerdo con el decreto que firmó entonces el presidente Carlos Menem.

Ese año, el primer mandatario recibió en nuestra provincia a sus pares de Uruguay, Luis Lacalle; de Bolivia, Jaime Paz Zamora, y de Paraguay, Andrés Rodríguez. Fernando de la Rúa visitó también la provincia como presidente en el año 2000 y 2001. Eduardo Duhalde pasó el 9 de julio de 2002 en Tucumán, tras haber reemplazado a De la Rúa. En 2005, para evitar los bochornosos enfrentamientos de sectores políticos, adictos al Gobierno local, el Poder Ejecutivo Provincial decidió realizar la celebración en la cancha del club San Martín, en la que participó el presidente Néstor Kirchner. Si bien la insólita medida fue un éxito desde el punto de vista de la seguridad, se privó a los tucumanos de participar libremente de la celebración y la fiesta se convirtió en un acto político. La misma modalidad se siguió hasta el presente, pero en el hipódromo. En el mitin que el Gobierno provincial organizó para homenajear hoy a la Presidenta se espera reunir entre 35.000 y 40.000 simpatizantes.

En casi 200 años, las costumbres y los motivos parecen haber cambiado. Aquel histórico 9 de julio, en la casa de doña Francisca Bazán de Laguna, el secretario Juan José Paso del Congreso de Tucumán les preguntó a los congresistas si querían que las Provincias de la Unión fueran una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli. Los 29 diputados aprobaron por aclamación y luego expresaron su voto afirmativo de a uno. Acto seguido, firmaron el Acta de la Independencia. Apenas concluido ese acto, el vecindario se puso en la tarea de organizar el baile para la celebración. Se cuenta que la gente salió a la calle a festejar y cientos de milicianos de la provincia se presentaron a caballo, armados con sables y fusiles. Los curas franciscanos colgaron guirnaldas con faroles y banderas en las puertas de la iglesia, donde muy temprano se celebró una misa. En el centro de la plaza se organizaron bailes y los payadores improvisaron versos hasta altas horas de la madrugada. Para unirse a la celebración, el entonces gobernador Bernabé Aráoz organizó un baile en su casa al que asistieron los diputados del Congreso, jefes militares y los principales vecinos.

En los últimos años, la fiesta patria ha dejado de ser lo que era para transformarse en actos partidarios. Se traen miles de adeptos en ómnibus para que acompañen la celebración de la dirigencia. Desde las tribunas levantadas, los gobernantes ensalzan su labor y bajan líneas sobre su concepción de la realidad. Lo que debería ser una fiesta con la participación espontánea de toda la ciudadanía, se ha transformado en un festejo político, donde está de antemano planificada la ubicación de cada sector de simpatizantes del gobierno, incluyendo funcionarios y candidatos. Antes, se rendía homenaje a aquellos patriotas que tuvieron el coraje de declararse independientes del opresor español; en los últimos lustros, se homenajea a un presidente, cuya venida a Tucumán se parece cada vez más a una visita de médico.

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