“La gente quiere ver a Bergoglio”

29 Abr 2015

Marcos Rodríguez - Lic. en Ciencias Sagradas - Docente

El Papa Bueno, El Papa de la Tormenta, El Papa de la Sonrisa, El Papa Viajero, El Papa Teólogo y ahora… ¿El Papa de la “simpleza”? ¿El de la “honestidad”? ¿El de “las llamadas telefónicas”?

Hace algún tiempo, leyendo un artículo que refiere a la película “Francisco”, que se comenzó a rodar en Buenos Aires, leí las declaraciones de su actor principal, Darío Grandinetti, quien afirmaba que no quiere imitar a Jorge Bergoglio sino transmitir la interpretación actoral que él hace de su espiritualidad.

A título personal lo consideré una declaración desatinada por parte del actor. El fenómeno Francisco impacta en la gente de manera directa. La gente no quiere ver una interpretación libre del actor, ¡la gente quiere ver a Bergoglio! Imaginarse e identificar lo más cerca posible la realidad y la personalidad del Papa de la sencillez.

En la última década, se han rodado películas de la vida de los papas de los últimos 70 años: “Juan XXIII, el Papa Bueno”, es un film que se filmó en dos formatos con el mismo título. Dos películas diferentes, dos actores diferentes, dos guiones diferentes, pero siempre el hincapié estuvo en la personalidad, modos y formas de aquel pontífice.

Asimismo, dos producciones se realizaron hablando de Pablo VI. Una de producción yanqui, con el conocidísimo James Cromwell como intérprete del papa y otra de manufactura italiana, llamada “Un Papa en la tormenta ( Un Papa nella Tepesta)”, guionada con la colaboración de uno de los colaboradores del citado pontífice.

Juan Pablo I, el Papa que la sociedad ha olvidado y muchos ni siquiera conocen, también tiene un filme dedicado: “La sonrisa de Dios” (el papa Albino Luciani era llamado el Papa de la sonrisa) y es un filme fantásticamente logrado, con un guión reforzado por el testimonio directo de uno de sus asistentes.

Finalmente, Juan Pablo II obtuvo, al momento de su muerte, numerosos filmes que pretendieron dar cuenta de su vida y de su pontificado. Algunos de producción colombiana, otros de producción croata, uno de tinte hollywoodense, interpretado por Jon Voight (el padre de Angelina Jolie) y un filme muy particular de título “Karol”, el cual fue financiado por Polonia e Italia y cuenta con la particularidad de guiar la cronología de los hechos gracias al diario personal y cotidiano del actual arzobispo de Polonia, cardenal Stanisław Dziwisz, secretario y asistente personal del Juan Pablo II incluso desde 15 años antes de ser nombrado pontífice.

En todos los casos y en particular en las películas de Juan Pablo I y Juan Pablo II, la interpretación e “imitación” de la personalidad y formas y modos de los Papa es excepcional y permite al televidente conocer la cronología de los hechos e identificar con mayor cercanía la personalidad de los papas.

Ninguno de los actores de las películas citadas entendió que debía “interpretar libremente la espiritualidad del personaje, no imitándolo”. A mi humilde criterio teatral (a menos que sea un interpretación libre y que, entiendo, no es el caso) no comprendo cómo es posible pretender interpretar a un personaje sin “meterse en la piel del mismo, sin hacerse casi uno con el real que se pretende”.

Pero como el fenómeno Francisco va más allá de la hechura de un solo filme, esperemos que los otros que se refieran a él cuenten con actores o guionistas que entiendan que (si no es libre) la idea es encarnar el personaje lo más fielmente posible y no interpretarlo según la óptica del actor.

Comentarios