Si bien no se halla entre los casos más comunes, en la última década, la muerte súbita en el ámbito del deporte ha dejado de ser un hecho excepcional, tanto en nuestro país, como en otras geografías. Por ejemplo, en 2007, murieron siete deportistas por esa causa; un año después, fallecieron cuatro rugbistas argentinos. El martes pasado perdió la vida un basquetbolista tucumano de 29 años, en la cancha de All Boys, ubicada en Bernabé Aráoz y San Lorenzo. El desafortunado hecho provocó conmoción y puso sobre el tapete los controles de salud para realizar deportes.
Hace menos de una década, al joven le habían efectuado dos operaciones por problemas en su corazón; según sus familiares, contaba con el alta médica para la práctica deportiva. El año pasado, en esa misma cancha, había fallecido de un ataque cardíaco un jugador durante un partido de veteranos, mayores de 50 años.
El titular de la Asociación Tucumana de Básquet dijo que se realizan controles psicofísicos, pero no de complejidad. “En el caso de los chicos más jóvenes, generalmente aceptamos los estudios que se hacen para practicar actividades físicas en escuelas y colegios. Pero esto que pasó nos obliga a ocuparnos... en 2011 se logró que a través del Siprosa los basquetbolistas se hicieran una serie de estudios físicos. En ese entonces llevó un mes y medio y hubo muchas dificultades administrativas. Digo que la burocracia terminó frustrando la posibilidad”, manifestó.
En una amplia cobertura que publicamos en nuestra edición de ayer, deportistas y dirigentes opinaron sobre los controles que se realizan y los que deberían efectuarse. Uno dijo que si se cumpliera la Ley de Medicina del Deporte este trágico episodio se podría haber evitado. Un atleta señaló que Tucumán está muy lejos de Córdoba o Buenos Aires, donde para darle el apto de competición le pusieron hasta cámaras en la boca y cables por entero. “Estamos lejos de la realidad de otros lugares; es triste y duro. Hay buen nivel y mejor control que acá”. El médico de un club afirmó que cada vez se hacen menos estudios para tratar de localizar los problemas de los deportistas. En su opinión, los controles deberían ser más frecuentes y bien profundos. El vicepresidente de la Fundación Cardiológica Argentina afirmó que si el desfibrilador se aplica a una persona con síntomas de muerte súbita, en menos de tres minutos, existe un 80% de posibilidades de que se salve.
La prevención en diferentes materias suele ser uno de los puntos débiles en nuestra provincia. Por lo general, es necesario que suceda un episodio trágico para tomar conciencia de que tal vez este podría haberse evitado si se hubiesen tomado las medidas necesarias. Habría que investigar si la ley provincial se cumple con rigor en todos los casos y si no fuera así, pedir explicaciones a quienes deben aplicarla.
Si estos controles psicofísicos con cierta complejidad para la práctica deportiva comenzaran, por ejemplo, en las escuelas o en el secundario, el margen de estas desdichadas sorpresas se acotaría, los ataques cardíacos súbitos no quedarían librados a designios casuales. Se debería quizás diseñar una política específica que surgiera conjuntamente de las áreas de salud deporte y educación. De poco servirá la preocupación actual si este trágico hecho es rápidamente olvidado y todo sigue igual.
Hace menos de una década, al joven le habían efectuado dos operaciones por problemas en su corazón; según sus familiares, contaba con el alta médica para la práctica deportiva. El año pasado, en esa misma cancha, había fallecido de un ataque cardíaco un jugador durante un partido de veteranos, mayores de 50 años.
El titular de la Asociación Tucumana de Básquet dijo que se realizan controles psicofísicos, pero no de complejidad. “En el caso de los chicos más jóvenes, generalmente aceptamos los estudios que se hacen para practicar actividades físicas en escuelas y colegios. Pero esto que pasó nos obliga a ocuparnos... en 2011 se logró que a través del Siprosa los basquetbolistas se hicieran una serie de estudios físicos. En ese entonces llevó un mes y medio y hubo muchas dificultades administrativas. Digo que la burocracia terminó frustrando la posibilidad”, manifestó.
En una amplia cobertura que publicamos en nuestra edición de ayer, deportistas y dirigentes opinaron sobre los controles que se realizan y los que deberían efectuarse. Uno dijo que si se cumpliera la Ley de Medicina del Deporte este trágico episodio se podría haber evitado. Un atleta señaló que Tucumán está muy lejos de Córdoba o Buenos Aires, donde para darle el apto de competición le pusieron hasta cámaras en la boca y cables por entero. “Estamos lejos de la realidad de otros lugares; es triste y duro. Hay buen nivel y mejor control que acá”. El médico de un club afirmó que cada vez se hacen menos estudios para tratar de localizar los problemas de los deportistas. En su opinión, los controles deberían ser más frecuentes y bien profundos. El vicepresidente de la Fundación Cardiológica Argentina afirmó que si el desfibrilador se aplica a una persona con síntomas de muerte súbita, en menos de tres minutos, existe un 80% de posibilidades de que se salve.
La prevención en diferentes materias suele ser uno de los puntos débiles en nuestra provincia. Por lo general, es necesario que suceda un episodio trágico para tomar conciencia de que tal vez este podría haberse evitado si se hubiesen tomado las medidas necesarias. Habría que investigar si la ley provincial se cumple con rigor en todos los casos y si no fuera así, pedir explicaciones a quienes deben aplicarla.
Si estos controles psicofísicos con cierta complejidad para la práctica deportiva comenzaran, por ejemplo, en las escuelas o en el secundario, el margen de estas desdichadas sorpresas se acotaría, los ataques cardíacos súbitos no quedarían librados a designios casuales. Se debería quizás diseñar una política específica que surgiera conjuntamente de las áreas de salud deporte y educación. De poco servirá la preocupación actual si este trágico hecho es rápidamente olvidado y todo sigue igual.








