Urge planificar las obras y cómo llevarlas a cabo

LA  GACETA
Por LA GACETA 16 Marzo 2015
La emergencia económico social que está viviendo la provincia a raíz de las tormentas, los aluviones, las inundaciones y las obras viales colapsadas plantea interrogantes para el futuro, tanto en la coyuntura como en lo que respecta a los trabajos que deben hacerse para tener alguna seguridad de que en los próximos años las inclemencias del tiempo no signifiquen catástrofes que ponen a miles de personas en emergencia vital. En nuestra edición de ayer se consultó a expertos que, analizando muchas de las ideas que en los días recientes han sido expuestas para explicar lo sucedido sistematizaron las razones de lo sucedido y arribaron a algunas conclusiones acerca de lo que correspondería hacer.

En este sentido se determinaron seis problemas básicos que permiten entender lo sucedido: la falta de obras de mantenimiento en desagües, canales y cauces de ríos; la deforestación y la extracción de áridos; el desorden territorial, por el que las ciudades y pueblos crecen sin planificación; la sucesión de lluvias intensas; la falta de control sobre los sitios en que se puede desmontar, a pesar de que la Ley de Bosques lo especifica; y la falta de un sistema de alerta para estas situaciones. Consecuentemente, esto impone el análisis de lo que ha ocurrido, para deslindar responsabilidades y para establecer claramente qué es lo que se hizo mal, las razones por las que esto sucedió y la planificación para saber qué hacer a fin de que las obras para el futuro sirvan para prevenir este tipo de situaciones y evitar nuevas catástrofes. En este sentido, corresponde observar y estudiar las obras que se realizaron en los últimos años, tanto en puentes como en caminos y rutas y entender qué falló: la planificación, la previsión para el futuro, la gestión de la obra y su control, o bien se trató de la sujeción a presiones de la coyuntura. No puede adjudicarse a causas naturales -como “lluvias imposibles de prever”- el colapso de un puente de dos años, como el de campo de Los Alisos. Algo ha ocurrido en Tucumán, donde se rompieron 10 puentes, mientras que en otras partes del país que también sufrieron catástrofes por las tormentas la infraestructura soportó el embate. En Córdoba, por caso, sólo sucumbió un puente.

En este análisis debe incluirse el hecho de que algo hizo que fracasen las reparticiones que, como las Vialidades nacional y provincial (entre otras), concentran técnicos y expertos en la materia y experiencia suficiente. Se debe saber si se ha tratado de presiones políticas, de falta de presupuesto, de burocracia o directamente de ineptitud. Lo que está claro es que deben hacerse cambios sustanciales para que no ocurra esto en las obras futuras, puesto que la coyuntura y el crecimiento poblacional y urbano, y la expansión de la frontera agropecuaria, aumentarán con el tiempo. El desafío será constante. Los expertos coinciden que la política de un gobierno en este sentido debe sustentarse sobre un programa básico consensuado y llevado a cabo por estructuras con recursos y con más personal calificado y menos político, que tenga un funcionamiento vinculado con una planificación para los próximos 50 años y no sólo para la coyuntura.

El análisis crítico de lo sucedido debe comenzar ahora, y las medidas para enfrentar lo que se viene deben tener un amplio consenso en las instituciones y en la sociedad, independientemente de la coyuntura política. Difícil es lograrlo y por ello se impone una gran reflexión y enfriar los ánimos de la coyuntura. Pensar en el Tucumán futuro es tarea de todos.

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