03 Enero 2004 Seguir en 
Tema: Las fuerzas de Señor Oscuro, Sauron, han atacado la capital de Gondor, Minas Tirith, en su última batalla contra la humanidad. El que una vez fue un gran reinado nunca había estado tan desesperado y necesitado de su rey. El trono de Gondor se encuentra vacío y ha llegado el momento en que Aragorn siga su destino.
Crítica: "El señor de los anillos: el retorno del rey" es la más clara demostración de que el gran espectáculo no tiene por qué estar reñido con la calidad ni con el planteamiento de ideas profundas. Así como el autor de la saga, J.R.R Tolkien, se inspiró en el horror que vivió durante la Primera Guerra Mundial para escribir su magna obra, Peter Jackson y los guionistas Fran Walsh y Philippa Boyens se encargaron de traer a este convulsionado principio de siglo una historia que habla del compromiso que los hombres y las mujeres de este tiempo deben tener para hacer frente a cualquier forma de poder que corrompa, esclavice y genere toda clase de injusticias. A la luz de esta maravilla cinematográfica, va a ser muy difícil que la hazaña de la trilogía sea superada. La película que pone fin a esta adaptación cinematográfica única, maravilla (deslumbra es la palabra justa), por su perfecto equilibrio entre el relato de las historias íntimas de sus protagonistas y por las impresionantes escenas de la batalla en los campos de Pelennor. Así, mientras las monumentales batallas ocurren, con esa visión de Jackson que recuerda algunas de las escenas coreografiadas por Akira Kurosawa en cintas como "Kagemusha", el espectador sigue muy de cerca la travesía de los hobbits Frodo y Sam, quienes persisten en llegar a Mordor para destruir el anillo de poder. En ellos recae uno de los mensajes centrales de "El señor de los anillos": en la batalla del bien contra el mal, ambas partes deben hacer sacrificios. Aunque estos sacrificios signifique entregar la vida misma. El filme, que supera ampliamente a las dos primeras partes, está destinado a convertirse en uno de los clásicos del cine. Si esta vez no gana el Oscar, la Academia habrá cometido una gran injusticia.
Crítica: "El señor de los anillos: el retorno del rey" es la más clara demostración de que el gran espectáculo no tiene por qué estar reñido con la calidad ni con el planteamiento de ideas profundas. Así como el autor de la saga, J.R.R Tolkien, se inspiró en el horror que vivió durante la Primera Guerra Mundial para escribir su magna obra, Peter Jackson y los guionistas Fran Walsh y Philippa Boyens se encargaron de traer a este convulsionado principio de siglo una historia que habla del compromiso que los hombres y las mujeres de este tiempo deben tener para hacer frente a cualquier forma de poder que corrompa, esclavice y genere toda clase de injusticias. A la luz de esta maravilla cinematográfica, va a ser muy difícil que la hazaña de la trilogía sea superada. La película que pone fin a esta adaptación cinematográfica única, maravilla (deslumbra es la palabra justa), por su perfecto equilibrio entre el relato de las historias íntimas de sus protagonistas y por las impresionantes escenas de la batalla en los campos de Pelennor. Así, mientras las monumentales batallas ocurren, con esa visión de Jackson que recuerda algunas de las escenas coreografiadas por Akira Kurosawa en cintas como "Kagemusha", el espectador sigue muy de cerca la travesía de los hobbits Frodo y Sam, quienes persisten en llegar a Mordor para destruir el anillo de poder. En ellos recae uno de los mensajes centrales de "El señor de los anillos": en la batalla del bien contra el mal, ambas partes deben hacer sacrificios. Aunque estos sacrificios signifique entregar la vida misma. El filme, que supera ampliamente a las dos primeras partes, está destinado a convertirse en uno de los clásicos del cine. Si esta vez no gana el Oscar, la Academia habrá cometido una gran injusticia.







