De “Los simuladores” a “Relatos salvajes” - LA GACETA Tucumán

De “Los simuladores” a “Relatos salvajes”

El director de la película argentina candidata a los Oscar a la mejor producción extranjera ya fue consagrado por su memorable serie de TV.

19 Ene 2015 Por Fabio Ladetto
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IDENTIFICACIÓN. “Bombita”, la historia protagonizada por Ricardo Darín, es de las que mayor empatía genera en el público que ve “Relatos salvajes”.

1- Hace 12 años, Damián Szifrón irrumpió a la consideración del público masivo en el país como el creador y director de “Los simuladores”, la memorable serie de cuatro personas que tienen una suerte de empresa para solucionar problemas que no tienen respuesta por las vías tradicionales.

La primera temporada fue en el caótico 2002, en medio del inicio de un lento y costoso proceso de reconstrucción del país, que estuvo al borde de su desintegración en varias oportunidades. En los hechos, “Los simuladores” reflejaban el vacío del Estado ante los problemas cotidianos de la gente, la falta de respuesta a los pedidos de solución. Como en el imaginario popular la ausencia de poder no existe, lo que no se lograba desde las instituciones se obtenía en el campo de la libre iniciativa empresaria, con cuatro emprendedores que cobraban el doble de lo que costaba cada operativo y comprometían a los beneficiarios a que los ayudasen a futuro.

Fueron apenas 24 programas en dos años, pero le sirvió a Szifrón para ganar el Martín Fierro de Oro en 2002; vender la idea a Chile, España, México y Rusia, países donde lo hicieron con actores locales; y recibir, en 2011, el Premio Konex de Platino como mejor director de televisión de la década 2001-2010.

2- La llegada del kirchnerismo en 2003 implicó también el final de la serie. Se debería pensar más en una coincidencia que en una visión anticipatoria de lo que iba a realizar Néstor Kirchner en términos de recomposición política, logros que actualmente son cuestionados desde distintos sectores.

Hoy, Szifrón entra al cenáculo de los candidatos al Oscar, reservado a un pequeño puñado de directores argentinos, con “Relatos salvajes”, una película donde se recuperan ciertos conceptos ya desarrollados en la serie que se vio por Telefe.

“El postulado general sería que muchas veces lo justo es ilegal y lo injusto es legal. Y ‘Los simuladores’ están acá para ordenar un poquito eso. Ellos son invasivos, violan absolutamente cada una de las reglas que hay para violar, pero siempre el fin es noble. Son justos, pero políticamente muy incorrectos”, afirmó Szifrón en una entrevista con el diario Clarín en 2002.

3- “Relatos salvajes” retoma referencias a esa misma presunción entre lo justo y lo legal. En el filme, el Estado (en sus diversas expresiones) no cumple con su misión de hacer Justicia y llega tarde (en el capítulo “Las ratas”), es corrupto (“La propuesta”) o abusador (“Bombita”). También entran en crisis otras instituciones como la familia (“Hasta que la muerte los separe”) y la educación y la amistad (“Pasternak”), y plantea la disputa a muerte entre desconocidos por temas nimios (“Ruta”, con reminiscencias a esa joya de 1971 de Steven Spielberg que fue “Reto a muerte”).

De allí que los protagonistas deciden encontrar soluciones por su propia vía, sin esperar una salida formal. Lo que hacen es ilegal, pero cumple la misión de ser reivindicativo y sanador en lo individual. El efecto multiplicador de esas experiencias en el mundo real sería devastador, aunque en la pantalla permite tanto risas como identificaciones.

4- El diseño de la película candidata a la mejor producción de habla no inglesa de 2014 remite a una serie de televisión, una sucesión de capítulos de corta duración, con distinta extensión. La maestría de Szifrón en contar historias en breve formato se refuerza en el filme, al punto que ya se habla de una segunda entrega con nuevas propuestas.

Esa habilidad como guionista se complementa con un acabado dominio de la técnica de filmación, del uso de espacios abiertos y del criterio de edición final, con los que logra ritmo, precisión, agilidad e interés en el espectador, que lo lleva muchas veces a estar en el borde de la silla para no perderse detalle alguno.

No es poco frente a la vieja característica del cine argentino (cada vez menos frecuente, es cierto) de planos cortos, lentitud en la narración y poca acción. Por el contrario, en “Relatos...” todos gritan, se sacuden, se empujan, se amenazan o agreden, pero con un ordenamiento claro de parte del director. No hay confusión alguna, sino una violencia coreográficamente prevista.

5- Hay una característica de “Relatos...”: es más reconocida y aplaudida por los espectadores que por la crítica. Si bien llegó a las instancias finales en los grandes festivales del mundo, no obtuvo grandes reconocimientos en ninguno. Los premios del público llegaron en los festivales de Sarajevo, Lima, Biarritz, Londres y San Pablo. Si bien arrasó en los premios Sur que se entregan en nuestro país y la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina lo eligió para representar a la industria local en los Goya y en los Oscar, perdió incluso en el festival Gerardo Vallejo de Tucumán frente a “Dos disparos”.

Esta característica la pone en un segundo lugar entre los especialistas en relación con algunas de sus rivales para la estatuilla dorada, con las que compitió (y fue derrotada) en otros festivales. En este campo, dos dramas le llevarían ventaja a la comedia argentina: la polaca “Ida” (gran ganadora en los premios al Cine Europeo, en Londres y en Gijón, y postulada al Oscar en fotografía) y la rusa “Leviatán” (Globo de Oro y mejor guión en Cannes). El quinteto de las finalistas lo cierran la estonia “Tangerines” y la mauritana “Timbuktú”.

Pero a favor de “Relatos...” surge el gran gusto norteamericano por las historias de venganza por mano propia, uno de los argumentos reiterados en la filmografía de Hollywood y que está presente constantemente en el producto de Szifrón.

Además, los espacios físicos elegidos para las locaciones no se cierran sobre identidades argentinas, sino que se pueden encontrar, iguales o parecidos, en todo el mundo, como un aeropuerto; el interior de un avión; un comedor en medio de una ruta; una oficina de atención al público; una boda; una casa lujosa o una carretera y un puente. Los argentinos las reconocen como propias, pero hay similares por doquier.

De allí que la declamada identidad argentina de la película, en realidad, puede relativizarse: el público se identifica con las historias en todo el mundo porque en todo el mundo pasan las mismas cosas y hay los mismos enojos (mal) contenidos. Mucho más vinculada a lo reconocible del país estuvieron las otras dos ganadoras de los Oscar por la Argentina, “La historia oficial” y “El secreto de tus ojos”, e incluso candidatas de otros años que no llegaron a la instancia final, como “Wakolda”, “Carancho”, “Aballay” o “Infancia clandestina”, por ejemplo. Quizás la universalización de un relato salvaje le dé el envión final para alzarse con el preciado galardón.

6- Si bien “Relatos...” debe remontar todavía una cuesta muy empinada, más allanado parecen tener los argentinos que pujan por el camino el Oscar a mejor guión original, Armando Bo y Nicolás Giacobone, postulaciones eclipsadas por la del filme de Szifrón.

Los guionistas firmaron el libreto de “Birdman” junto al estadounidense Alexander Dinelaris y al director mexicano Alejandro González Iñárritu, por el cual ya ganaron el Globo de Oro y el Critic’s Choice Awards, que otorga la organización de críticos de Estados Unidos y Canadá. Todo indica que, uno u otros, habrá algún argentino levantando el Oscar el 22 de febrero.
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