Un cuate amigo de Gabo
En enero de 2010, al atardecer en Cartagena de Indias, la casa de Gabriel García Márquez tenía las luces del patio encendidas de punta a punta. Estaba claro que esa noche habría una fiesta.

La casona de paredes color canela separada del mar por la histórica muralla de piedra abría sus puertas a los visitantes. Escritores, poetas, bohemios, gringos, tanos, gallegos llegaban a la calle del Curato, frente al hotel Santa Clara, con la sonrisa ancha dispuestos a saludar al distinguido anfitrión.

Gabito, como le llamaban sus más íntimos, aquella noche brindó varias veces con whisky Old Parr, mientras los músicos cantaban vallenatos inflando con orgullo el fuelle del acordeón.

El “Hay Festival de Cartagena de Indias” concluía sus cuatro noches de fiesta literaria con una parranda en casa esquina. García Márquez y su esposa Mercedes Marcha habían dejado su casa del barrio Pedregal en México para estar en Cartagena.

La música, el brindis, y las comidas prolongaban las conversaciones, los abrazos, y las risas hasta que llegó la mala hora. En Buenos Aires, a 5.300 kilómetros de Cartagena, la muerte se llevaba al gran escritor tucumano Tomás Eloy Martínez.

Mercedes atendió el teléfono de la casa, recibió la noticia y avisó a su esposo. Gabo hizo un silencio largo hasta que dijo conmovido. “Era un cuate (amigo); el mejor de todos nosotros”.

Tucumán rendirá homenaje a ese cuate. A partir de hoy y durante un mes se expondrá una muestra de fotos y textos en el Centro Cultural Rougués. Sus comienzos en LA GACETA, sus obras literarias, sus crónicas periodísticas, el exilio en Caracas, y las entrevistas a Juan Domingo Perón en Puerta de Hierro estarán a la vista del público para conocer un poco más a ese cuate que fue amigo de Gabo y el mejor de todos.

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