Desvela pensar que pueden llevarse de nuestra mente recuerdos encadenados a los sentidos. Algo como el aroma de las rosquitas de anís de la abuela Mary, que hoy las replica mamá; o la primera imagen que veo cuando despierto: Felipe sonriendo; o el “te amo” de Diego y las risas de los amigos, que llegan luego de un chiste malo y que inmediatamente contagian; o las manitos pegajosas y tibias de mis sobrinos; o alguna delicia que mi viejo cocinó y que nos tuvo por comensales, de nuevo y juntos, a mis hermanos.
El olfato, la vista, la audición, el tacto y el gusto. De los cinco sentidos ¿cuál es el que no deberíamos perder jamás? Dicen que nuestra memoria es capaz de retener unos 10.000 aromas y que casi el 75% de nuestras emociones están influenciadas por el olfato. A pesar de ello, María responde, en la consulta hecha en las redes sociales, que no le es terrible no poder oler.
De hecho, ella dice que no tiene ese sentido (“anosmia” se llama a la falta de olfato), y que sólo debe andar con más cuidado. Claudia, por su profesión, dice que preferiría no desprenderse de la vista o el oído, al igual que Christian, que es DJ. Lucía agradece a Dios que ya vio muchas cosas, entonces preferiría perder la vista, así percibiría con sus otros sentidos nuevas sensaciones, sentiría más, juzgaría menos, como lo hace su amigo ciego. “Casi no le hace falta ver para ser feliz”, asegura.
Descartes consideraba a los sentidos engañosos; no confiaba en ellos, ya que lo habían decepcionado. Y claro, cómo no desconfiar de la vista cuando muchos hacen “ojos ciegos” y “oídos sordos” a situaciones perturbadoras que están a simple vista. Parecen juegos de palabras, pero vale repensar la importancia de los sentidos para tratar de darle más valor a lo que nos rodea.
El olfato, la vista, la audición, el tacto y el gusto. De los cinco sentidos ¿cuál es el que no deberíamos perder jamás? Dicen que nuestra memoria es capaz de retener unos 10.000 aromas y que casi el 75% de nuestras emociones están influenciadas por el olfato. A pesar de ello, María responde, en la consulta hecha en las redes sociales, que no le es terrible no poder oler.
De hecho, ella dice que no tiene ese sentido (“anosmia” se llama a la falta de olfato), y que sólo debe andar con más cuidado. Claudia, por su profesión, dice que preferiría no desprenderse de la vista o el oído, al igual que Christian, que es DJ. Lucía agradece a Dios que ya vio muchas cosas, entonces preferiría perder la vista, así percibiría con sus otros sentidos nuevas sensaciones, sentiría más, juzgaría menos, como lo hace su amigo ciego. “Casi no le hace falta ver para ser feliz”, asegura.
Descartes consideraba a los sentidos engañosos; no confiaba en ellos, ya que lo habían decepcionado. Y claro, cómo no desconfiar de la vista cuando muchos hacen “ojos ciegos” y “oídos sordos” a situaciones perturbadoras que están a simple vista. Parecen juegos de palabras, pero vale repensar la importancia de los sentidos para tratar de darle más valor a lo que nos rodea.
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