La vida de un campeón

A 49 años de haber pisado el Jockey Club, Ramón será homenajeado con su propio torneo

UN GRANDE. Jorge Ramón no sólo enseño golf, sino que también ayudó a diseñar varios campos de la región. UN GRANDE. Jorge Ramón no sólo enseño golf, sino que también ayudó a diseñar varios campos de la región.
16 Agosto 2014
Las casualidades del destino hicieron que este hombre hoy esté viviendo un homenaje que pocos pueden disfrutar. Jura ser un tipo con suerte, un agradecido de todo lo que vivió en estos 49 años en Tucumán y también la parte que le tocó masticar cuando estuvo en su Mar del Plata natal y luego en Ituzaingo (Buenos Aires), donde comenzó a encontrarse con el deporte que ama y por el que muchas veces reniega.

Jorge Ramón no nació en una cuna de oro, sí en hogar donde el golf lo era todo. Sus cuatro hermanos jugaron, su papá, Manuel, un gitano de alma que nunca se quedó mucho tiempo en un mismo lugar, también. Fue el joven Jorge el que saltó a la fama después de ganar en 1954 el Torneo Evita. Levantó la copa y lo hicieron profesional. Fue anárquica la decisión de su profesor, Don Pedro Churio, uno de los mejores del país y hermano de Marcos, en aquella época junto a José Jurado era de los que se repartían los títulos grandes.

No renegó de su suerte, porque así se abrió camino. Pasó al Club General San Martín y luego terminó en el Ferrocarril Belgrano y suspirando esas 36 horas de viaje hasta presentar tarjeta en el Jardín de la República. Su papá le pidió un favor de acompañar a un amigo (Don Pedro Ronsano). Él aceptó.

Fue la mejor decisión. La pasó bien y mal Jorge. Empezó de abajo. El gran mérito de haber logrado todo lo que logró, jura, es de su esposa, Marta Zolud, su compañera desde hace 49 años también, y quien le dio cuatro hijas, Verónica, Marta Marcela, Julia Elena y María José. “Tuve mucha suerte de tener siempre a mi lado a una mujer como la que tengo”, agradece Jorge a horas de ser homenajeado con un torneo que llevará su nombre por el resto de los siglos.

Fue el profesor por excelencia del Jockey y Club. Pero tanta agenda le pasó factura. “Dar clases y estar parado 10 a 12 horas durante 30 años fue un esfuerzo que hoy siento”, reconoce tocándose las rodillas este profesor de 1.000 historiasr. Con edad suficiente como para estar sentado en casa disfrutando de sus cuatro nietos, Ramón vive por y para el Golf. “El 99 % de mis amigos son del golf, mi vida está acá”, acepta como quien a su vez se enoja consigo mismo por manchar una historia llena de luz. “No me quejo de ninguna decisión que tomé, viviría tal cual mi vida hoy, aunque esté pagando mis culpas... De lo único que sí me arrepiento es de no haber podido disfrutar más de mis hijas, de su niñez, de su adolescencia. Me convertí en un enfermo del laburo... Cuando vine al Jockey Club no había nada. Ahora hay dos canchas y dos club house excepcionales”.

Jorge no participará en su propio torneo. “Hace años que no juego ya. Jugar por jugar y para caminar la cancha, no. A mí me gusta ganar”, revela este campeón querido por todos en un Tucumán donde encontró lo que necesitaba para formar una hermosa familia y vivir a pleno hasta que llegue su hora.

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